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Europa, ante el abismo de la ruptura







Europa, ante el abismo de la ruptura

La Unión promete reformarse para evitar el efecto contagio del ‘Brexit’







Europa se despertó ayer con un terremoto político de primera magnitud. La decisión de los británicos en referéndum de abandonar la Unión es el golpe más duro al proyecto de integración europea en sus 60 años de historia. Se veía venir desde hacía años, se temía como una posibilidad muy real desde hacía días... Y se sabe: sus consecuencias irán más allá del seísmo que ayer sacudió a los mercados financieros europeos y de la crisis constitucional abierta en el Reino Unido por el resultado. El proyecto europeo ha dejado de ser irreversible. Su segunda economía, un socio clave desde el punto de vista de la política de defensa y la política exterior común, ha sucumbido a la tentación del repliegue nacional después de una campaña sucia y xenófoba.

¿Es esto es el principio del fin de la Unión Europea?, preguntó una periodista británica ayer al mediodía en Bruselas. “No”, aseguró categórico Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea. “Estamos decididos a mantener la unidad de los Veintisiete”, declaró Donald Tusk (Consejo Europeo). El portazo británico aboca sin embargo a instituciones y gobiernos a un profundo y urgente debate sobre su futuro. La francesa Marine Le Pen, el holandés Geert Wilders y sus pares en otros países donde el discurso xenófobo triunfa celebraron como propia la victoria del Brexit y abogaron por convocar más referendos para preguntar a los ciudadanos si quieren seguir en la UE.

El temor al contagio es grande y los líderes europeos, ante el abismo de la ruptura, se conjuraron ayer para sacar lecciones y reformar el proyecto, cerrar cuanto antes la fuga de agua abierta por el flanco británico para que no se vaya nadie más detrás. Urge, señalaron, hacerlo de nuevo atractivo a los ojos de los ciudadanos europeos, insatisfechos en la periferia con la gestión de la crisis del euro y, al norte, con la inoperancia de la colaboración europea para resolver la crisis de refugiados o para contener la amenaza del terrorismo en una Europa sin fronteras.




“No podemos seguir adelante como si nada”, afirmó el presidente francés, François Hollande, que llamó a la UE a concentrarse “en lo esencial”. La victoria del Brexit “es una bofetada al proyecto europeo”, juzgó Charles Michel, primer ministro belga. “La casa europea debe renovarse”, reclamó el primer ministro italiano, Matteo Renzi. “No necesitamos más Europa sino una Europa diferente”, afirmó Sigmar Gabriel, vicecanciller alemán. “No le demos más vueltas: estamos ante un punto de inflexión para Europa”, zanjó la canciller Angela Merkel, poco amiga de la retórica.

Inflexión pero ¿hacia dónde? No hay apetito para grandes proyectos, sí voluntad de arreglar los que ya están en marcha. “Debemos analizar la situación con calma y sensatez y tomar juntos las decisiones adecuadas”, dijo Merkel, que el lunes ha convocado en Berlín a Hollande, Renzi y Tusk para evaluar la situación antes de la cumbre europea del martes y miércoles de la próxima semana en Bruselas. Hoy se han citado en la capital alemana con el mismo fin los ministros de los seis países fundadores del club.



¿Qué hacer entre tanto con los británicos? Si quieren el divorcio, adelante y cuanto antes: esa fue la reacción con que las instituciones comunitarias acogieron el resultado del referéndum. “Esperamos que el Gobierno británico dé efecto a la decisión del pueblo británico cuanto antes, por doloroso que sea el proceso. Cualquier aplazamiento prolongaría innecesariamente la incertidumbre”, reclamaron en una declaración conjunta Juncker, Tusk, Martin Schulz (Eurocámara) y Mark Rutte (primer ministro de Holanda, presidencia rotatoria de la Unión Europea).

Esta puede ser la primera pelea del histórico divorcio británico de la UE. David Cameron, el dimisionario primer ministro británico, anunció que será su sucesor quien, a partir de octubre, notificará formalmente el deseo del Reino Unido de abandonar el club, un trámite a partir del cual empezará a contar el plazo de dos años para pactar la separación.

“No habrá renegociación”, se advirtió desde Bruselas a quienes en Londres pudieran aún pensar que ante un resultado negativo la UE iría detrás de ellos para ofrecerles un acuerdo mejor para seguir en el club. “Lo último que querríamos es acabar en manos otra vez de un proceso político interno británico”, afirma un alto cargo europeo en referencia a la posibilidad de que Londres cambie de idea o pretenda renegociar. El problema, ahora mismo, “lo tienen ellos”, recalca.



























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