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Extranjeros y delito en la Argentina

Todos los pueblos de la Tierra ven el mal en los demás, en los pueblos extranjeros y en sus dioses; y en esto, me temo, no hay remedio” . Aléxandros III, El confín del mundo, de Valerio Massimo Manfredi.




Episodios policiales protagonizados por extranjeros dispararon una polémica en torno de la criminalidad foránea. En el informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) sobre “El impacto de las migraciones en Argentina” (2012), las investigadoras Marta Monclús Mansó y María Bernarda García, al abordar mitos y realidades, aportan datos interesantes.

En nuestro país viven aproximadamente 1.805.957 extranjeros; representan el 4,5 por ciento de la población, tasa relativamente estable en los últimos 10 años. En 2008, de 30.147 condenados, 2.054 eran de otros países (6,8 por ciento), en tanto que había 3.034 extranjeros en prisión (5,7% sobre el total).

Las autoras del estudio adjudican el mayor porcentaje de criminalidad extranjera en relación con el de la población inmigrante a que los foráneos sufren mayor persecución penal por discriminación.

Me inclino por otra tesis: que la mayor tasa delictiva obedece a que las estadísticas penales computan también a los que vienen a delinquir pero no viven en el país, y a que ciertas comunidades procedentes del exterior presentan mayores proporciones de pobreza, necesidades, hacinamiento y falta de vínculos fuertes de contención. Es decir, caldos de cultivo para ciertos delitos.

En la provincia de Córdoba, el porcentaje es menor: a mediados de agosto, se contaban 72 extranjeros entre los 6.717 presos. La Justicia federal de Córdoba juzga casos que por su naturaleza suelen tener componente internacional, como narcotráfico o trata de personas.

Fenómeno que preocupa

Es en la criminalidad organizada donde más se observa el preocupante fenómeno de los que ingresan al país con el fin de delinquir. De los enjuiciados en los últimos años, el porcentaje de extranjeros ronda el cinco por ciento sobre el total.

La procedencia es diversa: Uruguay, Paraguay, Perú, Bolivia, Chile, Letonia, Lituania, Serbia, Bulgaria, España, Italia, Holanda, Alemania, Estados Unidos, Nigeria y Sudáfrica, situación reflejada en el artículo “La Babel de las drogas”, de Miguel Durán, en La Voz del Interior , del 10 de julio de 2011.

Se imaginará el lector que la estadía en Bouwer de personas de otras culturas que no hablan ni una palabra de español está plagada de dificultades y vivencias tan particulares que hasta una serie televisiva ha concentrado la atención con historias reales de este tipo en cárceles de todo el mundo: Preso en el extranjero .




Consecuencias

En cuanto a las consecuencias migratorias para los extranjeros que cometen delitos, hay que distinguir si ingresaron al territorio nacional con fines ilícitos (por ejemplo: contrabando de drogas) o si se trata de residentes que viven, trabajan o tienen familia en el país.

En el primer caso, es sencillo: la legislación establece que con la mitad de la condena, se lo debe expulsar y así queda cumplida la pena, con prohibición de reingreso.

En el segundo, es más complicado. Para la ley, se cancela la residencia en casos de condenas por delitos a pena mayor de cinco años de prisión o de reiteración, pero una serie de plazos, recursos y criterios judiciales abre un abanico de alternativas, y así el procedimiento muchas veces se demora y no termina en expulsión.

Claramente, no estamos hablando de la ley de residencia que hace más de 100 años permitía sin juicio deportar inmigrantes por razones sindicales y políticas.

Al beneficio de la mitad de la pena se lo ha intentado justificar en que, al carecer de domicilio, familia y vínculos en el país, los extranjeros no pueden acceder a la flexibilización progresiva del régimen penitenciario (por ejemplo: salidas transitorias), que la ley de ejecución penal permite a partir de ese momento, juntamente con otras exigencias y condiciones. También en que el encierro carcelario les significa un mayor sufrimiento.

Quienes nos encontramos en contra de esa prerrogativa creemos que significa un privilegio que no contribuye a la prevención o disuasión general respecto de los que planean venir a delinquir. Además, puede favorecer expresiones intolerantes o xenófobas por parte de argentinos que sienten irritación por la injusta diferencia.

En otro aspecto, la balanza indica que en materia penal son más las “importaciones” que las “exportaciones”: informes de la Cancillería dan cuenta de que más de 1.600 argentinos están presos en el exterior. Después de todo, la criminalidad y los flujos migratorios no escapan al fenómeno de la globalización.

Más adentro que afuera

Los datos permiten afirmar: que existe un alarmante ingreso de extranjeros con fines delictivos; que la inmensa mayoría de los inmigrantes no son delincuentes; que la mayor parte de las personas en problemas con la ley penal son argentinas; que la tasa de foráneos que cometieron delitos no es muy distinta a la de extranjeros que viven en Argentina.

A las causas de la inseguridad se las debe buscar más adentro que afuera. No viene mal tenerlo presente. La demonización del extranjero y la búsqueda de un extraño culpable de los males que nos aquejan son recursos tentadores, atractivos y simples para liberarnos de responsabilidades, atraer voluntades o generar sentimientos. Pero han tenido como resultado desde injusticias aisladas hasta los peores crímenes contra la humanidad.

El sentimiento descripto por Alejandro Magno en la cita que encabeza esta nota parece haber sido más fuerte que el mandato bíblico de no maltratar ni hacer violencia al extranjero (22,3, Jeremías).

Posiblemente en el futuro cuestiones de este tipo sean vistas como parte de la época descripta por Borges en Juan López y John Ward : “Les tocó en suerte una época extraña. El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos... El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender”.
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