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Eyaculación y orgasmo no es lo mismo



La sexualidad, elemento fundamental para la continuidad de la vida sobre la Tierra, tiene infinidad de facetas que van más allá del acto de concepción de un nuevo ser. Si bien cada sexo manifiesta placer o problemas de distintas maneras, una buena parte desconoce facetas de esta parte de la vida que son esenciales.

La eyaculación en sí misma es placentera, se trata de una respuesta fisiológica focalizada, la expulsión de líquido seminal a través de la uretra que, según testimonios, "se siente bien, pero algo le falta".

La eyaculación y orgasmo no son lo mismo, a veces el varón presenta poluciones pero no alcanza esa explosión de sensaciones manifestadas por contracciones involuntarias y musculares que caracteriza al orgasmo.
En el hombre el orgasmo se produce en la próstata (glándula que genera el líquido seminal) y en la que se presentan una serie de contracciones, esos pequeños "calambres" se extienden de la columna al abdomen y a través del canal por donde se expulsa el esperma, lo que magnifica el placer.
El clímax no siempre está acompañado de líquido seminal y viceversa, la polución no necesariamente conlleva un orgasmo. La eyaculación se produce porque hay necesidad de eliminar líquido seminal retenido y, aunque lo ideal es que ambos se presenten al mismo tiempo, no siempre es así.
El profesor Alfred Kinsey, fundador de The Kinsey Institute, descubrió que durante la adolescencia y preadolescencia del varón, es frecuente que exista orgasmo sin eyaculación, lo anterior fue descripto en el famoso libro Sexual Behaviour in the Human Male, en el que también menciona que esta condición puede darse de manera habitual en adultos mayores. La razón: el cuerpo puede mantener una erección pero no hay condiciones para generar líquido seminal.
Algunos hombres, por su parte, han aprendido a inhibir el proceso eyaculatorio de forma voluntaria a fin de maximizar el placer, lo anterior se conoce como "orgasmo seco". Hay reportes que indican que los varones que experimentan orgasmos secos pueden ser multiorgásmicos, reduciendo el período refractario.
En otros existe lo que se conoce como eyaculación retrógrada, es decir, hay emisión y expulsión de semen pero hacia la vejiga, por lo que el hombre no ve el semen porque se mezcla con la orina. En estos casos puede o no haber sensación de placer.
También existen casos de hombres que no pueden llegar al orgasmo con o sin eyaculación y a esto se le conoce como anorgasmia. Dependiendo de la gravedad del trastorno puede clasificarse en tres tipos:
Primaria: nunca han conseguido un orgasmo (ni siquiera con la masturbación).
Secundaria: alguna vez han llegado al clímax pero en la actualidad son incapaces de tenerlo.
Situacional: sólo consiguen llegar al orgasmo en condiciones determinadas, por ejemplo, a través del sexo oral, con cierta posición o pareja.
Las causas de la anorgasmia pueden ser físicas (respuesta a un medicamento, lesiones, cansancio físico, cirugía urológica y enfermedades del sistema nervioso central o periférico), pero el 90% es por razones psicológicas (estrés, ansiedad, depresión o miedo, por ejemplo).
Cuando el hombre obtiene un orgasmo con eyaculación, ¡excelente! Logró que los tres procesos se desarrollen de forma paralela. Sin embargo, cuando se presenta dificultad para alcanzar al éxtasis, es indispensable acudir con el especialista.
"De las tres variables -explica la sexóloga Alessia Dibari- la única que podría considerarse trastorno es la eyaculación sin orgasmo. Muchos hombres tienen eyaculación sin orgasmo en repetidas ocasiones y no hay delito que perseguir. El problema surge cuando esto ocurre de forma constante y afecta la calidad sexual. El porcentaje de hombres con dificultad para alcanzar el orgasmo es alto, pero muchos no se dan cuenta, por eso no hay datos exactos. Dado que la eyaculación y el orgasmo son procesos separados, aprendiendo a controlar la eyaculación es posible centrarse en las sensaciones placenteras que produce el orgasmo".
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