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final de Juego de Tronos, todos deben morir

Edimburgo parece el lugar perfecto para hablar con George R.R. Martin, que apareció hace unos días por el Festival del Libro. Aquí vive J.K. Rowling, la autora de Harry Potter.

Su saga, libros y películas, es similar al proyecto de siete libros de Martin, titulado Canción de hielo y fuego, que dio origen a la exitosa serie Juego de Tronos, de HBO. Por ahora, lleva publicados cinco.



Rowling me dijo una vez que aún tenía momentos de conmoción ante el fenómeno cultural derivado de contar una historia. ¿Martin siente algo similar?

“No usaría la palabra ‘conmoción’. Pero sí, por momentos parece irreal. Olvido que mi vida se ha transformado. Hay una parte de mí que presume que sigo siendo el mismo y que puedo vivir como antes. Luego, todo me recuerda que no puedo hacerlo porque Juego de Tronos se ha convertido en un fenómeno y yo en una celebridad.” El aspecto negativo, dice, es “la pérdida de la privacidad”. El y Parris, su tercera esposa, vinieron a Edimburgo hace unos años y pudieron “escuchar a los músicos callejeros, ir al teatro”. En toda la semana “tal vez tres personas me reconocieron y me alegró firmarles un autógrafo. Ahora me reconocen tres o cuatro personas por cuadra. Ya no puedo salir.

No puedo andar por la calle.

Es muy bueno tener tantos lectores y admiradores. Pero son demasiados y es de nunca acabar.

¡Y las selfies!

Si pudiera dar una palmada y quemar todas las cámaras de celulares del mundo, juro que lo haría.” Martin dice que la “mayor parte” de sus lectores son personas agradables: quiere excluir a quienes especulan sobre su longevidad o exigen de forma agresiva que termine los libros sexto y séptimo de Canción de hielo y fuego. Los sitios web dedicados al autor se parecen cada vez más a una sala de maternidad literaria en la que una multitud grita: “¡Puja, puja!” “Mis editores –dice Martin– quieren el próximo libro, al igual que HBO. Nadie lo quiere más que yo, pero tengo que ser consciente de que si las novelas se siguen leyendo dentro de 50 años, nadie va a decir: ‘¡Lo genial del sexto libro es que lo entregó a tiempo!’” En persona, el escritor es un choque de blanco –pelo y barba níveos– y negro: el color de la remera y el jardinero. Es un hombre corpulento y amable, una suerte de Papá Noel de risa aguda.

El título y la atmósfera general de Canción de hielo y fuego son producto de la influencia del escritor estadounidense Robert Frost y su poema “Fuego y hielo”, publicado en 1920, tras la Primera Guerra Mundial, que habla de una última contienda planetaria: “ Unos dicen que el mundo sucumbirá en el fuego / Otros que en el hielo /Por lo que yo he probado del deseo /estoy a favor de los que apuestan por el fuego /Pero si dos veces tuviera que perecer / creo saber suficiente sobre el odio /para decir que para la destrucción el hielo / también es grande / y sería suficiente.” “Sí –dice Martin–. Amor y odio, sexo, venganza: son una parte importante de la historia y una parte importante de mis libros.” Hablamos un día en que las noticias estaban dominadas por los conflictos en Siria, Irak y Gaza, lo cual pareció apropiado porque una de las lecturas de Canción de hielo y fuego es que la guerra y las disputas fronterizas son casi inevitables. “ Uno de los grandes temas de los libros es la guerra. Casi toda la ficción fantástica desde Tolkien ha abordado la guerra. En los imitadores de Tolkien siempre hay una lucha entre el bien y el mal, y los malos se visten de negro o son feos. Yo quería invertir algunas cosas, por lo que vestí a mis buenos –los Vigilantes Nocturnos– de negro, y en ambos bandos hay buenos y malos. Pero mis libros no son una alegoría. Si quisiera escribir sobre Vietnam o Siria, lo haría.” –Una de las razones del éxito es que gente diferente encuentra su propia experiencia. La Gran Barrera Divisoria que aparece en la saga podría ser la Muralla de Adriano, la Gran Muralla China o la valla de seguridad de Cisjordania.


–Puedo resolverlo con facilidad. Era la Muralla de Adriano. Nunca he estado en China.

Al vivir en un Estado estadounidense que limita con México, Martin está bien ubicado para observar el temor a la invasión de “hordas” extranjeras que parece haberse convertido en una característica de la mayor parte de las sociedades.

“Sí”, suspira. “Así parece en los últimos tiempos, lo cual es lamentable, sobre todo en los Estados Unidos, que son la mayor cultura heterogénea, gracias a los inmigrantes. Podemos ser muy hipócritas en lo relativo al temor actual a la inmigración.” En los libros de Martin subyacen dos rechazos al dogma institucional; en primer lugar, el abandono en su juventud de la fe católica de su familia –” ya de chico hacía preguntas que incomodaban a las monjas y los sacerdotes ”– y, luego, su negativa a pelear en Vietnam. Logró que lo catalogaran como objetor de conciencia. “Para acceder a esa categoría había que ser un completo pacifista o tener motivos religiosos. Ahora bien, yo no soy religioso ni un completo pacifista. Si me preguntaban: ‘¿Pelearía si Hitler violara a su abuela?’ yo contestaba: ‘Sí, es probable.’ Pero me aprobaron de todos modos. A veces pienso que la Segunda Guerra Mundial cambió el punto de vista sobre la guerra de toda la civilización occidental porque fue la guerra más cercana a la fantasía que tuvimos, con un señor oscuro cuyos hombres son malos, se visten de negro y llevan calaveras en el uniforme. ” –¿Desechó miles de páginas o escribe una extensión fija?


–Hay párrafos y capítulos descartados. Sigo a los personajes y a veces éstos me llevan a puntos muertos. Al finalizar la serie, probablemente haya escrito decenas de miles y hasta centenares de miles de palabras de material no utilizado.

–¿Alguna vez los va a publicar?


–No, a veces se trata sólo de primeras versiones de escenas que aparecen.

–A sus fans no les molestaría.


–Supongo que no. Hay por lo menos un capítulo que eliminé del quinto libro y que he sentido la tentación de publicar como cuento.

El poema de Frost que lo inspiró es sobre el fin del mundo, y eso parece indicar que el universo ficticio de Martin debe perecer al final del séptimo libro.

Se ríe. “No voy a hablar de eso. Puede seguir preocupándose durante dos libros más. Pero es cierto, todos los hombres deben morir.” Aunque era improbable que revelara algo sobre la fecha de publicación del sexto libro, Los vientos de invierno, me pregunté qué les contesta a quienes se lo preguntan todo el tiempo.

“A todos les digo lo mismo”, señala Martin con cierta dulzura. “Estará terminado cuando esté terminado.” Traducción de Joaquín Ibarburu
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