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Frikis y raros, ¿hasta cuándo?



El cosplay no deja de ganar adeptos en Japon


Choco tiene 17 años y, por un momento, se ha metido en la piel de Jibril, su personaje favorito en "No Game No Life". Participa en el cosplay que se celebra en Yangon. El fenómeno no deja de crecer entre los jóvenes de Myanmar, apasionados del manga.


Ser “el raro” no es fácil. Nos educan para ser tolerantes y aceptar las peculiaridades de cada persona, apostando así por un modelo de sociedad plural en el que todos tenemos cabida. Pero en cuanto aparece “el raro” cuchicheamos acerca de aquello que le hace ser distinto. Por suerte, lo de ser raro depende del contexto en el que estés.

Ayer se celebró en Yangon, Birmania, el “Otaku y Cosplay Festival”. Para el país asiático se trata de una reunión más de adeptos a este tipo de historias y personajes que en nuestro país sería una feria de frikis. España cuenta con una gran base de fans de todo lo relacionado con el manga y sus universos, pero aún así aquí son considerados como “raros”.



No soy una experta en lo que al mundo Otaku se refiere pero sí sobre el fenómeno fan. Llevo años explicando a los que no lo entienden lo que “ser fan de algo/alguien” es. Y confieso que me cansa, y mucho. No he visto a ningún hincha del FC Barcelona o del Real Madrid justificar la pasión que siente por sus equipos, ni argumentar una vez tras otra cómo puede gastarse miles de euros en entradas para ir a ver la final de alguna de las competiciones. Eso sí, en cuanto las fans de One Direction se plantan en el hotel donde se alojan sus ídolos, ya tenemos una cámara de televisión hablando de “la LOCURA del fenómeno fan”.

Sí, ya sé, el fútbol es el deporte rey… y el rey en lo que a fanatismos se refiere. Y me parece estupendo. Lo único que reclamo es que ese fanatismo se equipare al de otras esferas: o todos fans o todos locos. La tolerancia es el arma para que, en cualquier ámbito, deje de haber “raros”.

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