Futuros nuevos paises de Europa



El 9 de noviembre es la fecha escogida por la Generalitat para la consulta sobre la independencia de Cataluña.

A nadie se le escapa que las convocatorias escocesa y catalana constituyen un importante desafío político y económico para la Europa actual. Pero Escocia y Cataluña no son los únicos actores políticos europeos con voluntad para enarbolar la bandera de la independencia en las primeras décadas del siglo XXI, como puede observarse en el mapa que acompaña este análisis.

¿Aumentará el número de Estados europeos en el corto plazo?

En España está abierto un debate sobre el futuro del marco del Estado. Se habla y se escribe mucho, pero no todo lo que se dice está bien argumentado; posiblemente desde las dos orillas que discuten. Un mero ejemplo: la corriente españolista suele descalificar a los nacionalistas periféricos por cuanto en un mundo globalizado podría carecer de sentido político y económico fragmentar los estados, en vez de agruparlos o fortalecer los que ya hay. Nada más lejos de la realidad.

Quienes defienden esta hipótesis deberán ir buscando alguna mejor, que seguramente la encontrarán, porque más bien es justo al revés, como demuestra alguien tan poco sospechoso de ser nacionalista como el economista madrileño Guillermo de la Dehesa. Datos sobre la mesa: en un periodo de claro avance de la globalización, como el comprendido entre 1946 y la actualidad, el mundo ha pasado de 74 estados al final de la segunda guerra mundial a cerca de 200; es decir, su número se ha multiplicado por dos veces y media.

The Economist ya demostró que en el mundo existen 85 países con menos habitantes que Cataluña, de los que cinco tienen menos de 2,5 millones de habitantes y 35 menos de medio millón. Pues bien, estos pequeños países no sólo logran sobrevivir, sino que tienden a ser más prósperos que los grandes; máxime cuando de los 10 países con más de 100 millones de habitantes, sólo dos --Estados Unidos y Japón-- son realmente ricos.

Dicho más claramente: en contra de lo que se propaga desde Madrid, la globalización tiende a favorecer los procesos de separatismo. Veamos el tema aún con más amplitud. En Globalización, desigualdad y pobreza, libro editado por Alianza Editorial, Guillermo de la Dehesa se plantea la globalización como un proceso de cambio, positivo en su conjunto, que tiene, en todo caso, efectos económicos, sociales, políticos y culturales positivos y negativos.

En lo que parece una lectura socialdemócrata del capitalismo derivado en globalización -"competencia tanta como sea posible, intervención tanta como sea necesaria", decía Willy Brandt-, el autor concluye que los ganadores de la globalización son más numerosos que los perdedores y que la globalización reduce los desniveles de desigualdad y pobreza. Pero aún así plantea la necesidad de una red de seguridad y de ayuda para los principales perdedores.

El siglo XX sería, con enorme diferencia, el más próspero de los dos primeros milenios de nuestra historia, y hoy, en un mundo en el que viven nada menos que 6.100 millones de personas, aunque hay muchos problemas, sigue elevándose la esperanza de vida y mejora la renta de pobres y ricos, aunque la de éstos crece más.