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Gabriel Rabinovich: "La ciencia local puede volar"

Casi 400 personas, entre las que se contaban las más destacadas celebridades de la ciencia local, aplaudieron anteanoche a rabiar a los ganadores de este año del Premio Bunge y Born 2014, Gabriel Rabinovich y Juliana Cassataro, ambos investigadores del Conicet.

Fue una ceremonia cálida, en la que no faltaron risas ni lágrimas de emoción. Rabinovich recibió el premio mayor que, por su prestigio y su monto, es considerado la más importante distinción que se concede en el país a la actividad científica. Cassataro recibió el destinado a jóvenes científicos (de hasta 40 años).

"Hoy es uno de los días más felices de mi vida -dijo Rabinovich al agradecer el reconocimiento-. Éste es un premio de todos. Estoy convencido de que nuestra ciencia puede volar aún más alto."

Emocionado, el científico nacido y graduado en la Universidad Nacional de Córdoba recordó y agradeció a su familia, amigos, maestros y profesores; a su mentor, Carlos Landa; a sus colegas y becarios, y a las fundaciones y mecenas que apoyan su trabajo en el país.

Sus palabras también hicieron sonreír. "Lo primero que me dijo Eduardo [Arzt, presidente del jurado] cuando me llamó para comunicarme que había ganado fue que tuviera cuidado con lo que decía porque estaba con el speaker abierto -contó-. «Te quiero anunciar que sos el ganador de este año del Premio Bunge y Born», me dijo. La verdad es que me tomó por sorpresa, porque yo ya había ganado el Premio Joven en 2005. Entonces le pregunté si se podía ganar dos veces. Y él me contestó: «Gaby, lamento decirte que ya no sos más joven». No lo podía creer."

Rabinovich es un referente internacional en el estudio de la galectina-1, una proteína que cuando hizo su doctorado era desconocida. Junto con su equipo de investigación y tras más de veinte años de estudios, el científico descubrió que la galectina-1 es una verdadera "piedra Rosetta" del cáncer y la inmunidad: explica mecanismos que les permiten a los tumores escapar del sistema inmune y crear nuevos vasos sanguíneos, pero también modula la respuesta inmune. Sus últimos trabajos permitieron develar por qué ciertos tumores son refractarios a las terapias actuales y proponer un tratamiento que ya despertó el interés de importantes compañías farmacéuticas.

-Siempre contás que empezaste a estudiar la galectina-1 ante la frustración de ver que no avanzabas en tu proyecto de doctorado. ¿En esos días imaginabas que llegarías a los más altos honores de la ciencia?

-Yo nunca pensé en ser científico. No tenía juegos de química ni nada por el estilo, pero sí soñé entre miles de cajas de remedios en la farmacia de mis padres, en Córdoba, poder hacer algo útil para mejorar la salud humana. Mi otro gran sueño era ser maestro. Casi sin darme cuenta, la ciencia logró conjugar esos dos caminos: la salud y la docencia, la medicina y la transmisión de conocimientos.

-Sos el único investigador en las cinco décadas del premio que ganó las dos distinciones, el premio estímulo y el premio mayor. ¿Qué es lo que más te enorgullece: el logro científico otu tarea de formación?

Estoy muy contento porque nuestros avances fueron logrados totalmente en la Argentina. Cuando empezamos tenía mucha inseguridad. No sabía si lo que teníamos entre manos era algo realmente relevante. Cuando encontramos la proteína, muchos eran escépticos, pero después de 22 años pudimos demostrar que tiene implicancias universales en muchas enfermedades, que hay empresas farmacéuticas que están interesadas no sólo en desarrollar productos, sino en crear subempresas vinculadas con galectina-1 para autoinmunidad, para enfermedades neurodegenerativas... Pero probablemente la alegría mayor sea que gracias a estos descubrimientos se hayan formado muchos chicos en laboratorios del interior y del exterior. Siempre soñé con tener una gran familia y hoy soy hijo científico, padre científico, tío científico y, ahora, abuelo científico.

-¿Este premio es un broche de oro o un punto de partida?

Éste es un premio de todo el grupo, porque a lo largo de tantos años en que tuvimos que demostrar que estas proteínas eran importantes, aunque habían sido menospreciadas, conocí a chicos impresionantes.

-¿A los 45 te sentís más o menos creativo que en tus comienzos?

-Me siento mejor ahora que a los treinta. En esa época era muy inseguro... Ahora estoy tranquilo de que vamos por buen camino. El mejor momento científico fue cuando empezaron a reproducir nuestros resultados en el exterior. La ciencia que se hace en el laboratorio es tan complicada que tarda mucho en dar resultados. Lo mejor es cuando otra persona, en otro lugar del mundo y en condiciones diferentes, puede reproducirlos.

-¿Todavía te atrae trabajar en el laboratorio o después de tantos años preferís la gestión?

-Concibo la vida como el esfuerzo de ser feliz. Disfruto de escribir ideas, de los experimentos de mis chicos, de obtener nuevos resultados... Y también me gusta mucho dar clase, pero no hacer gestión. Desde que estudiaba me encanta trabajar de noche. Y en lugares que no son muy convencionales: me acuerdo de que el [estudio de] Cancer Cell de 2004 lo escribí en un barcito de Caballito, debajo de un supermercado de Acoyte y Felipe Vallese. Como no tenía mucho lugar en el Clínicas, escribía ahí. Me considero un científico free lance.

-¿Te tientan desde el extranjero?

-Sí, ahora me llegaron ofertas de nuevo, tanto de los Estados Unidos como de países limítrofes. No me puedo quejar. Somos alrededor de 25 y tenemos una conciencia de grupo muy fuerte. Estamos trabajando en la posibilidad de tener un instituto propio, es muy tentador. A mí me gustaría tener un lugar en el que pudiera converger la investigación en glicobiología [el estudio de los azúcares que tapizan las células] con las ciencias médicas. Es decir, trabajar en un intercambio donde se nutra la ciencia básica de la necesidad de los médicos clínicos y donde se enriquezcan los tratamientos con lo que ofrece la ciencia básica.

-¿Hacia dónde te llevarán tus próximas investigaciones?

-Ahora estamos cerrando la historia de galectina 1 y encontrando las funciones de otras galectinas. Ya hay chicos que empezaron tesis para dilucidar la función de galectina-7, que está en la piel, y de galectina-12, que está en el tejido adiposo y podría tener un rol en la obesidad.

La vida es tan finita que no me va a alcanzar para aprender más, entonces aprovecho esta proteína para poder estudiar sistemas, tratando de ver cómo las galectinas podrían modular esos procesos.

-¿Qué les dirías a los jóvenes?

-Que siempre apunten alto, porque ya la vida te va empujando hacia abajo. Estoy convencido de que no hay límites a lo que podemos descubrir.
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