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Ganar sin ballotage, el objetivo central del gobierno

Ganar sin ballotage, el objetivo central del gobierno






Con algunas encuestas que se publicaron y el análisis de muchos de los especialistas, esta semana se instaló en la opinión pública una variante electoral para el 2015 que prácticamente no figuraba hasta ahora: el Frente para la Victoria, con Daniel Scioli como candidato y una situación económica medianamente controlada, puede ganar las elecciones presidenciales en primera vuelta si se dan determinadas condiciones. Hasta ahora, se consideraba como inevitable el ballotage, una institución sin antecedentes en el país.

Los números históricos le dan la razón a esta hipótesis. En el 2003, el peronismo fue a las urnas dividido en tres candidaturas: las de Carlos Menem (25%), Néstor Kirchner (22%) y Adolfo Rodríguez Saá (16%). Es decir, sumados, el 63% de los votos. En el 2007, otra vez hubo tres candidatos que convocaron al voto peronista. Cristina Fernández de Kirchner obtuvo el 46%, Alberto Rodríguez Saá el 7,6% y Roberto Lavagna el 16%, lo que alcanza al 69%, con la salvedad de que muchos de los votantes de Lavagna no eran peronistas.

Finalmente, en el 2011, se mantuvo el esquema. Otra vez 3 candidatos, CFK con el 54%, Alberto Rodríguez Saá con el 8% y Eduardo Duhalde con el 6%. El número final es de 68%, conservando la tendencia.

La diferencia ahora es que se proyectan sólo dos grandes candidaturas peronistas, CFK y Sergio Massa, y que, si el gobierno sufriera una enorme baja con respecto al 2011, supongamos un 15% de los votos, aun así estaría al borde del 40% y del triunfo en primera vuelta, ya que, siguiendo los números históricos, a Massa le costaría llegar al 30% que le abriría las puertas de la segunda vuelta.

Así las cosas, el optimismo vuelve de a poco a los despachos oficiales, sobre la base de que el PJ institucional permanece unido y obediente a Olivos, lo que garantiza una máquina electoral altamente efectiva si se le suma la alta emisión, que garantizaría una caja electoral abrumadora para cualquier candidato opositor.

Las mejores perspectivas de Scioli, por el efecto reacción, reactivaron las conversaciones alrededor de la fórmula Macri-Sanz. El jefe de gobierno porteño tomó la iniciativa y difundió el desdoblamiento de las elecciones porteñas. Es decir que le apunta a un triunfo aplastante, ya que el PRO no tendría competencia importante sin el arrastre de las figuras presidenciales en la elección local y con la gestión de Macri sumando un 70% de aprobación. La tesis de Jaime Durán Barba, sumar una gran victoria en Capital a mitad de año, otra inmediata en Córdoba en alianza con Oscar Aguad y una tercera en Santa Fe en septiembre con Miguel del Sel, le daría impulso a la candidatura presidencial de Macri pero no alcanzaría para disimular la gran falencia del PRO. En las dos terceras partes del país, carece de estructuras políticas que garanticen la movilización de los votantes y la fiscalización de los comicios.


La alianza con la UCR es entonces sencillamente vital. Pero el centenario partido tiene un perfil laberíntico que lo hace indescifrable. A diferencia del PRO o del PJ, que funcionan a control remoto desde sus cúpulas, los radicales mantienen el poder distribuido en sus cuerpos orgánicos. Para acordar una alianza con el PRO, Sanz necesita la aprobación de la Convención Nacional de la UCR, presidida por Lilia Puig de Stubrin. En la Convención, hoy por hoy, Ricardo Alfonsín cuenta con mayoría, haciendo valer el peso de la provincia de Buenos Aires. Alfonsín se opone a una alianza tanto con Macri como con Massa, una postura muy afín a la tradición radical.

Esta situación -y otras- hace que la situación interna en el radicalismo se vaya tensando día a día. Esto sin mencionar que UNEN está de hecho fracturado, sólo que a Pino Solanas, Julio Cobos y Hermes Binner no les conviene por ahora oficializar la crisis con Sanz y Elisa Carrió.

La otra incógnita que se abre es qué efecto tendrá el triunfalismo K sobre la interna del Frente Renovador, sobre todo teniendo en cuenta que la mayor parte de sus dirigentes son ex kirchneristas. Ayer, en La Nación, Roberto Lavagna aclaró sin vueltas que él no será candidato renovador a jefe de gobierno en Capital. En Tigre muchos miran hacia Córdoba, porque José Manuel de la Sota sería el aliado que hoy Massa necesita para mostrar que suma una provincia grande y una figura de primera línea. El gobernador cordobés, al igual que Martín Insaurralde, tiene un pie puesto en el FpV y otro en el Frente Renovador y ninguno parece dispuesto a definirse hasta último momento, cuando esté más claro si es cierto que el kirchnerismo puede quedarse en el poder mutando en el scioli-cristinismo.





La batalla por el Poder Judicial también se da en el 2015

Anteayer, La Policía Federal realizó un procedimiento en la sede de la Procuración General de la Nación, ubicada en Belgrano al 900. El operativo se llevó a cabo en el marco de la investigación por supuesto espionaje a fiscales y fue ordenado por el juez federal Rodolfo Canicoba Corral. En Comodoro Py, algunos creyeron ver en este episodio una manifestación del profundo disgusto que les causa a los 12 jueces federales porteños el proyecto de reforma del Código de Procedimientos en lo Penal que en dos semanas sería convertido en ley por el Congreso. La pérdida de facultades de los jueces en favor de los fiscales será grande, aunque estos últimos no están del todo entusiasmados. La reforma los somete a una excesiva intervención de la Procuración General que les resta independencia. Según trasciende en medios judiciales, la corporación de los jueces recién le empezaría a hacer saber su molestia al gobierno por la reforma procesal después de la feria judicial de enero. Para entonces, el clima electoral haría más vulnerable al gobierno ante acciones judiciales que desnuden la corrupción judicial.

En consonancia con este clima que envuelve al Poder Judicial, Ricardo Lorenzetti también está jugando su propio partido de ajedrez, coordinando con algunos jueces federales. El decreto 222 /2003 establece en su artículo 4° que “una vez, producida una vacante en la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en un plazo máximo de treinta (30) días, se publicará en el Boletín Oficial y en por lo menos dos (2) diarios de circulación nacional, durante tres (3) días, el nombre y los antecedentes curriculares de la o las personas que se encuentren en consideración para la cobertura de la vacancia. En simultáneo con tal publicación se difundirá en la página oficial de la red informática del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos.” La renuncia de Eugenio Zaffaroni a su cargo de Ministro de la Corte Suprema de Justicia se hará efectiva a partir de próximo 31 de diciembre. Es decir que la presidente estaría obligada a proponer un candidato a más tardar a fin de enero. La cúpula radical ya aclaró, ante versiones que hablaban de un pacto para designar a la jurista radical Momica Pinto o a León Arslanián, que no le dará los votos para que el gobierno alcance en el Senado los dos tercios de los presentes necesarios para obtener el acuerdo. Con este cuadro, la presidente se ve ante la posibilidad de sufrir una seria derrota política proponiendo un candidato que será vetado por el Senado o bien no proponiendo a ninguno y demostrando así su impotencia. Ante esta situación, Lorenzetti estaría tejiendo a dos puntas para impulsar una designación que consolide su poder y que le permita hacer coincidir al gobierno y los radicales. La elegida sería una jurista que no pertenece a la carrera judicial, Silvia Adriana Dreyzin de Klor, una cordobesa experta en derecho internacional privado y más conocida en el exterior que en la Argentina.

Sin antecedentes políticos y madre de un rabino, la candidatura de Dreyzin de Klor podría desarmar las resistencias radicales y salvar la imagen presidencial, evitándole a CFK el papelón de no poder cubrir la vacante de la Corte. Pero el ganador de esta designación sería Lorenzetti, que no sólo impediría la llegada de un peso pesado que le dispute la presidencia, sino que contaría con una nueva aliada en la Corte.








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