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Garcia Marquez a sus 80 años

“García Márquez es un espejo de nuestra cultura”



Es la primera celebración de una temporada plagada de números redondos en la vida de Gabo: en 2007 también se cumplen 25 años de la obtención del Premio Nobel y 40 de la publicación de Cien años de soledad, novela traducida a 35 idiomas, con más de 30 millones de ejemplares vendidos. Hoy habrá homenajes para todos los gustos, pero el agasajado, parece, brillará por su ausencia.

El año del “gaboleo” comienza hoy a puro cañonazos en Aracataca, un pueblo caluroso del litoral caribeño en medio de extensas plantaciones de bananos, donde nació hace 80 años Gabriel García Márquez. El lugar no es un mero apunte geográfico: le sirvió de inspiración para crear e inmortalizar sus ficciones. Pero como buen tímido y renuente a los homenajes públicos, no fue posible establecer dónde pasará su cumpleaños Gabo. “Ya me lo dijo: ‘Me voy a esconder’. El se va a escapar, no va a haber manera de felicitarlo”, dijo el periodista colombiano Plinio Apuleyo Mendoza, su amigo personal. Y por culpa del calendario –se cumplen también 40 años de la publicación de su obra maestra, Cien años de soledad, y 25 de la concesión del Premio Nobel de literatura–, parece que el escritor colombiano vivirá buena parte del año escondido. O al menos eso intentará, si lo dejan. “Lo peor que le puede suceder a un hombre que no tiene vocación para el éxito literario, o en un continente que no está acostumbrado a tener escritores de éxito, es publicar una novela que se venda como salchichas”, aseguró en una ocasión. “Ese es mi caso. Me he negado a convertirme en un espectáculo, detesto la televisión, los congresos literarios, las conferencias y la vida intelectual.”

Hijo del telegrafista Gabriel Eligio García y de Luisa Santiaga Márquez Iguarán, y el mayor de once hermanos, Gabo pasó los primeros años de su infancia con sus abuelos maternos, el coronel Nicolás Márquez –su ídolo de toda la vida– y Tranquilina Iguarán, quienes acostumbraban contarle relatos, fábulas e historias. A la muerte de su abuelo, fue enviado a estudiar a Barranquilla y en 1940 viajó a Zipaquirá, donde fue becado para estudiar el bachillerato. Los recuerdos de su familia y de su infancia –el abuelo como prototipo del patriarca familiar, la vivacidad del lenguaje campesino y la natural convivencia con lo mágico– aparecen años más tarde –transfigurados por la ficción–, en otras obras como La Hojarasca. Aunque estudió Derecho, dejó la carrera para dedicarse al periodismo y a la literatura. En 1948 se trasladó a Cartagena, donde trabajó en el diario El Universal. Posteriormente pasó a El Heraldo, de Barranquilla, y culminó en El Espectador de Bogotá. Mientras trabajaba en este diario, escribió Relato de un náufrago, en el que narró la aventura de un marinero colombiano que sobrevivió varios días en el mar luego de que el barco en el que viajaba naufragara. Las revelaciones del marinero le provocaron problemas con el gobierno del entonces presidente Gustavo Rojas Pinilla, por lo que Gabo fue enviado por El Espectador a París como corresponsal. Y escribió novelas con las que conquistó el reconocimiento mundial, como El coronel no tiene quien le escriba, El otoño del patriarca y Crónica de una muerte anunciada, entre otras.


La fiesta del realismo mágico

Como si se tratara de una de las obras en las que el Nobel colombiano fusiona “el tiempo y el espacio, la realidad y la ficción”, las semanas entrantes serán una larga fiesta, opinó Dasso Saldívar, autor de Viaje a la semilla, exhaustiva biografía de García Márquez. Los festejos comenzarán en un Congreso de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y seguirán con un homenaje póstumo a Ryszard Kapuscinski, el periodista polaco al que García Márquez consideraba su verdadero maestro en la profesión, el 23 y 24 de marzo en la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, que el escritor colombiano fundó y financió en 1994 para perfeccionar a los nuevos cronistas de habla hispana. Pero el punto culminante llegará dos días después, durante el IV Congreso Internacional de la Lengua Española, que en esta ocasión se celebrará en Cartagena. En la inauguración, Gabo recibirá el primer ejemplar de la edición especial de Cien años de soledad a cargo de la Real Academia Española (RAE), de 756 páginas, que tendrá una tirada de un millón de ejemplares y que contará con textos de Alvaro Mutis, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Gonzalo Celorio, Sergio Ramírez, Claudio Guillén, Juan Gustavo Cobo Borda, el director de la RAE, Víctor García de la Concha, y el presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Luis Barcia.

Esta novela de García Márquez, la principal de su producción, conserva la virtud de atrapar tanto al lector común y corriente como a los críticos más agudos, un fenómeno que la Editorial Sudamericana, de Buenos Aires, constató hace 40 años cuando los 8000 ejemplares de la primera edición se agotaron en cuestión de días (ver aparte). Desde aquel 5 de junio de 1967 la obra maestra del colombiano fue traducida a 35 idiomas, desde el ruso hasta el esperanto, pasando por el húngaro y el chino, y se calcula que sus ventas han superado los 30 millones de ejemplares. Hace poco fue elegida por un grupo de 125 intelectuales como una de las 20 mejores novelas de la historia y, junto con El Quijote, son las únicas en español de la lista. Para la escritora, crítica e investigadora argentina Graciela Maturo, Cien años de soledad constituyó “un verdadero manifiesto del Realismo Mágico Latinoamericano”. Maturo señala que el escritor había descubierto “un modo milyunanochesco de contar, reuniendo y zurciendo como un nuevo ‘aeda’ las historias grandes y menudas de su familia, su pueblo, su Patria Grande americana”. Para la autora de Claves simbólicas de García Márquez, el decir aparentemente inocente, próximo a la conversación oral, está cargado de intencionalidad filosófica, cultural y política. “Construye un espejo de nuestra cultura, con su génesis y su apocalipsis, sus carencias, excesos, fiestas, valores, antivalores. Alcanza efectos líricos, dramáticos, humorísticos, a través de un estilo exuberante que lo hace famoso.”


Queremos tanto a Gabo

Sin García Márquez “cientos de miles de lectores no habrían tocado ningún libro latinoamericano y ni siquiera sabrían que en nuestro continente existía una cultura”, señaló el mexicano Sergio Pitol, ganador del Premio Cervantes en 2005. “Este escritor es el mejor, él es una estrella máxima, yo lo respeto, lo quiero. Y no solamente me parece el novelista que es, porque mucha gente lo llama novelista, teatrista, dramaturgo, pero él es un poeta”, dijo otro ganador del Cervantes, el chileno Gonzalo Rojas. La brasileña Nélida Piñon, ganadora del Premio Príncipe de Asturias de las Letras y primera mujer que presidió la Academia de Letras de su país, opinó que la obra del colombiano obliga “a sus colegas a pensar en cosas inteligentes para tratar de estar a su altura”. El nicaragüense Sergio Ramírez aseguró que García Márquez representó “la cumbre más alta de la narrativa latinoamericana en el siglo XX”, mientras que para el peruano Alfredo Bryce Echenique, lo más importante de la obra del novelista colombiano “es la creación de un mundo en el que se refleja de manera única nuestra idiosincrasia y realidad”, con un estilo “único, inconfundible, independiente y coherente”. La escritora española Rosa Regàs, directora de la Biblioteca Nacional de España, destacó que García Márquez ha abierto posibilidades a todos los demás escritores, “no sólo por el ámbito nuevo creado, sino por el coraje que nos ha dado a todos para intentar encontrar un camino distinto para la literatura”.

El colombiano Mutis, amigo personal de Gabo, subrayó que estuvo al corriente de la gestación y el nacimiento de Cien años de soledad, obra que describió como “un clásico”. Por su parte, el colombiano Juan Gustavo Cobo Borda opinó que García Márquez es el autor del “prodigioso milagro” de “ver nacer y consolidarse ante los ojos de los lectores a todo un continente narrativo: Macondo”. Otro escritor colombiano, Germán Espinosa, dijo que el “enorme éxito” de su compatriota se debe a que introdujo en sus obras “el inconsciente colectivo latinoamericano a través de personajes populares”. Sin embargo, Espinosa calificó de “exagerados” los homenajes que el Congreso de la Lengua ofrecerá a García Márquez y confesó que nunca ha “congeniado personalmente” con el autor de Cien años de soledad. Otro compatriota de Gabo, Santiago Gamboa, opinó que García Márquez “convirtió con la fuerza de su talento un rincón del mundo en territorio universal, que hoy pertenece a todos los lectores del planeta”.

Festivales de cine, coloquios, seminarios, lecturas maratónicas de su obra y homenajes por doquier están a la orden del día en tributo al colombiano más universal de todos los tiempos.
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