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Giro sorprendente: ser anti-kichnerista ya "no garpa"

Economía Por Fernando Gutierrez


Jueves 23 de Octubre de 2014 07:02:00


Giro sorprendente: ser anti-kichnerista ya "no garpa" y la pelea es ver quién asegura el legado de Cristina


23-10-2014 La Presidenta "corre a la oposición" por izquierda y con éxito. A punto tal que muchos cambiaron llamativamente sus discursos y enfatizan que no derogarán leyes, no quitarán beneficios ni harán grandes cambios al actual modelo K. El barrilete cósmico Arsat, emparentado con Maradona








El ámbito político hizo en los últimos días un descubrimiento asombroso: a pesar de todos los problemas de la economía, de los errores y contradicciones de Cristina Kirchner, de las acusaciones de corrupción y del desgaste natural tras muchos años en el poder, todavía el "anti-kirchnerismo" sigue siendo un mal negocio.
Tanto, que bastó con que la oposición insinuara que daría marcha atrás con algunas de las reformas recientes impulsadas por la Presidenta, para que el Gobierno recuperase fuerza política y autoestima, justo cuando atravesaba uno de sus peores momentos.

Tras la evidencia de las dificultades para resolver la falta de dólares y luego de las denuncias de la mandataria sobre una conspiración internacional para desestabilizar su mandato -tratada con ironías desde las redes sociales hasta por el gobierno estadounidense- parecía difícil que la situación pudiera ser remontable políticamente.

Todo el arco opositor percibía que el kirchnerismo se encontraba en un estado de debilidad. Y ya no sólo no se dudaba sobre su derrota electoral sino que hasta se ponía en duda que pudiera llegar a completar el año de mandato. 

Pero Cristina cuenta con un gran aliado para sus momentos de debilidad: la propia oposición, que le "tira centros para que ella los cabecee".

Como afirma el analista Jorge Asís, "el peor de los productos del cristinismo es el anticristinismo ciego. Es tan peligroso y equivocado como el cristinismo negacionista. El que no asimila la mínima crítica y contraataca con descalificaciones globales".

Así, la promesa de revisar y derogar leyes dictadas durante este período le devolvieron al Gobierno su argumento preferido: la imposibilidad de revertir ciertas reformas que contaron con amplios consensos.

En definitiva, el legado del kirchnerismo, que hasta hace pocos días era visto como un lastre, ahora es considerado como un capital político.

1. Caso Scioli
Un primer síntoma en este sentido es el cambio de actitud del gobernador Daniel Scioli, que descubrió que es más redituable, como estrategia electoral, enfatizar su perfil "continuista" en vez de resaltar su perfil "moderado".

"Asume que el contexto de ‘estamos mal pero podríamos estar mucho peor' es el argumento ideal y al que apela para alentar un voto a la vez conservador y populista", afirma Marcos Novaro, director del Centro de Investigaciones Políticas.
En otras palabras, apunta a "recrear una mayoría peronista inclinada más a la continuidad que al cambio, que él está en condiciones inmejorables para representar".

Agrega que, en esta etapa, lo que le resulta funcional es fomentar una polarización entre "el populismo distributivo y el pensamiento neoliberal, lo que le permitiría antagonizar con Macri y además devaluar al resto de los protagonistas, en particular a Massa".

Pero, sobre todo, si hay algo que hoy en día prueba que ser anti-kirchnerista "no garpa" políticamente es la propia reacción de los opositores.
2. Caso Macri
Es elocuente el caso de Mauricio Macri, quien hasta hace poco declaraba su predisposición a revertir la estatización del sistema jubilatorio y ahora afirma no tener intenciones de volver a un régimen de capitalización privada, como el vigente en la época de las AFJP.

También se expresó a favor de la continuidad de YPF como empresa de propiedad estatal, lo cual implica un flanco para ser atacado por el oficialismo: en el debate parlamentario -que cambió el estatus de la petrolera- la bancada del PRO había rechazado la expropiación a Repsol.

Además, Macri tuvo que salir a aclarar expresamente que, en caso de llegar a la presidencia, no recortará los pagos que reciben los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo.
"El que tenga un plan social lo va a seguir teniendo, no tengan miedo", aseguró.

Y, para colmo, hasta su promesa de eliminar retenciones a las exportaciones agrícolas -una medida que a priori debería generar la inmediata simpatía del sector rural- fue recibida con más desconfianza que beneplácito.

"Macri miente con las retenciones. Dijo que las va a sacar, pero recién en siete años. No nos dejemos engañar, lo que dice es mentira, es todo chamuyo", afirmó Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria, quien hasta calificó al líder del PRO como un "Menem sin patillas".

3. Caso Massa
También el otro opositor bien posicionado, Sergio Massa, se vio obligado a formular aclaraciones en el mismo tenor de las de Macri.

Una situación que seguramente le recordó las recomendaciones de sus asesores, en el sentido de que su fortaleza no pasa por sobreactuar su perfil opositor.

A fin de cuentas, como suelen recordar los encuestadores, en las elecciones legislativas de 2013 que lo catapultaron a su estatus de candidato presidencial, muchos de quienes lo votaron creían que él seguía aliado con el kirchnerismo.

Massa también quedó expuesto a críticas. Como la del senador Aníbal Fernández, quien afirmó: "Solo un advenedizo con marcadas limitaciones culturales, profesionales y políticas puede sostener que la Asignación Universal por Hijo es ‘un decreto que se actualiza según el funcionario de turno'".

Y, tras poner en duda los conocimientos de Massa en materia de Derecho, señaló: "La tarea ciclópea llevada a cabo por los gobiernos de Néstor y de Cristina no puede quedar en manos de impresentables".

Corriendo por izquierda
La vigencia del lema "corregir lo malo pero sin destruir lo que está bien hecho", que ahora abrazan la mayoría de los opositores, parece corroborada por las encuestas.

De las mismas se desprende que la opinión pública rechaza un cambio radical en la política económica, si bien da muestras de preocupación por la inflación y pérdida del salario.

Es sobre esta constatación que el oficialismo basa su nueva estrategia de afirmar que hay cambios "irreversibles".

Pero si hay algo destacable en este momento político es la demostración, una vez más, de la habilidad de Cristina Kirchner para transformar sus debilidades en virtudes y refrescar su "relato".

"La Presidenta corrió otra vez por izquierda a la oposición y con éxito. Porque ahora salen a decir que mantendrán todo, que nadie va a reducir el Estado. Pero ninguno dice qué va a pasar con la emergencia económica o con la ley de abastecimiento", observa el analista Guillermo Kohan.

Lo cierto es que, merced a esta nueva polémica, el kirchnerismo ha logrado correr el foco de la discusión que quería plantear la oposición.
En efecto, en vez de debatir sobre las causas de la inflación o sobre las leyes más controversiales -como la antiterrorista o como la posibilidad de pesificar contratos prevista en el nuevo Código Civil-, el Gobierno ha logrado llevar la discusión a la antinomia "estatismo versus privatismo".

Es un terreno ideal para el kirchnerismo, que siempre ha contado con fuerte respaldo en este tipo de medidas -la re-estatización de YPF recibió en su momento un 85% de aprobación-.

Es en este contexto que la Presidenta tuvo una de sus grandes demostraciones de habilidad en comunicación política: el lanzamiento del satélite Arsat le sirvió para reverdecer su cascoteado discurso industrialista.

Justo cuando el sector automotor aparece en crisis y cuando el polo tecnológico de Tierra del Fuego se transforma en un lastre devorador de dólares -que ya es mirado con recelo hasta por Axel Kicillof-, Cristina encontró en la conquista espacial la oportunidad perfecta para replantear uno de sus argumentos políticos preferidos.

Al afirmar que se trataba de un artefacto "ciento por ciento argentino" y que permitía ganar "soberanía satelital", apuntó, sobre todo, a tocar la autoestima de la sociedad.

Su mensaje fue que este logro no habría sido posible si no fuera porque hubo un Gobierno que re-estatizó un servicio que estaba en manos de privados sin vocación para invertir. Y que se requería liderazgo político y protagonismo del Estado.

En otras palabras, afirmó que con la oposición en el poder no hubiera habido festejo por el satélite.

Un barrilete cósmico... y kirchnerista
Este hecho marca a las claras no sólo la habilidad discursiva de la Presidenta, sino también cierta falta de reflejos de la oposición.

A fin de cuentas, el "relato" sigue ofreciendo muchos flancos débiles que los opositores no explotan.

Por ejemplo, que la "soberanía satelital" es celebrada en un país en el que aun no puede garantizarsele a los millones de ciudadanos que viajan en tren que puedan llegar sanos y salvos y recibir un servicio decoroso, pese a las últimas mejoras implementadas.

O que existe una marcada contradicción entre pretender desarrollar tecnología nacional y, al mismo tiempo, mantener el cepo cambiario, porque el acceso a los últimos desarrollos requiere de inversión externa e importaciones.

Por otra parte, los kirchneristas han tenido la oportunidad de mostrarse escandalizados por las promesas opositoras de derogar leyes de este Gobierno. El argumento es que quienes hacen estas propuestas ostentan un manifiesto desprecio por el Congreso.

Es probable que asista la razón a los oficialistas respecto de la forma poco elegante en la que los opositores plantean sus críticas.
Pero no por ello puede soslayarse que hace escasamente un mes el kirchnerismo planteó reformar la constitución mediante una ley del Congreso, de forma tal de permitirle a Cristina una segunda reelección.

En ese caso, el diputado Carlos Kunkel había pronunciado esta expresiva frase: "Si no se puede derogar ninguna ley o cambiarla, disolvamos el Parlamento y listo".

La lista de contradicciones K es larga, pero nada parece hacer mella en un "relato" que demuestra una asombrosa capacidad de adaptación y supervivencia.

"La Presidenta está reteniendo mucha más capacidad de iniciativa de lo que se pensaba, teniendo en cuenta la derrota en las elecciones del año pasado y sobre todo el hecho de que no hay reelección", afirma el analista Sergio Berensztein.

El politólogo indica que "está aprovechando los recursos del Ejecutivo, que son muy importantes y significativos, para mantener el control de la agenda y la iniciativa política".

Ejemplo de ello, indica Berensztein, es que semanalmente la mandataria "logra sanciones de leyes muy controversiales en el Congreso prácticamente sin discusión".

"Todos los dirigentes políticos con proyección están trabajando muchísimo para tener competitividad el año próximo, pero el debate del día a día sigue siendo dominado por Cristina", señala.

Lo cierto es que encontró la forma de replantear el argumento preferido por todos los presidentes: si gana la oposición, viene el desastre.

Aunque sea de la mano ya no de un alto consumo, sino de -al decir de Víctor Hugo Morales- un nuevo "barrilete cósmico", que emparenta al Arsat con Diego Maradona.
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