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Gobernar con lo peor



04/10/14 - 07:00hs
En los días que corren, repletos de turbulencias políticas y económicas, se escucha esta frase con mucha frecuencia: “un gobierno, cuando recién asume, gobierna como puede; cuando se consolida, gobierna con lo que tiene, y cuando transita su recta final, gobierna con lo que queda”. ¿Y qué es lo queda en el kirchnerismo, cuando quedan un año para las elecciones presidenciales? Lo peor de lo peor.


Los cargos más importantes del país han quedado en manos de aplaudidores y militantes rentados, sin capacidad técnica y de nulos contactos en los centros de poder internacional. Es tal el desmanejo del gobierno K que una agrupación llamada “Tontos pero no Tanto”, que fundó Axel Kicillof cuando era estudiante de la Universidad de Buenos Aires, es la principal usina de pensamiento de los funcionarios que hoy tiene a su cargo la conducción económica de nuestro país.

Si la agrupación de Kicillof ni siquiera es capaz de administrar un centro de estudiantes (en las últimas elecciones de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, la agrupación La Mella, apadrinada por Kicillof, quedó en segundo lugar), difícilmente esa misma gente esté en condiciones de administrar una nación.

En ese sentido, la renuncia del presidente del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, que había logrado cierta dosis de racionalidad en la administración del organismo rector del sistema financiero de la Argentina, no es un dato menor. Significa que ya no existe ningún dique de contención ante la irracionalidad de una presidenta que ni siquiera reconoce que hay problemas en la economía y que, en las últimas semanas, se ha dedicado a enfrascarse en el relato, creyéndose sus propias mentiras.

Fábrega fue reemplazado por Alejandro Vanoli, que responde sin chistar a Kicillof, ministro que es considerado autor intelectual de varias de las alocadas teorías conspirativas que viene pronunciando como una letanía la presidenta. En tanto, en el cargo que dejó vacante Vanoli, en la Comisión Nacional de Valores, asumió otro imberbe, llamado Cristian Girard, que es un pichón del titular del Palacio de Hacienda.

Ante semejante nivel improvisación y falta de profesionalismo, resulta hasta una consecuencia lógica que el país esté en default y tengamos una inflación superior al 40%. A ello se le suma que la producción de automóviles cerró septiembre con una caída del 20% y la actividad industrial acumula 13 meses de caídas consecutivas. Como si todo esto fuera poco, la recesión no cede y se han perdido más de 400 mil empleos en lo que va del año.

De forma paralela al crecimiento de los “Tontos pero no tanto”, Cristina bendice cada vez más fuerza a La Cámpora, alimentando la posibilidad de una candidatura de su hijo Máximo Kirchner, que con 37 años jamás tuvo un empleo estable y ni siquiera pudo pasar el curso de ingreso de la Facultad de Periodismo de La Plata.

El próximo 17 de octubre Máximo podría volver a hablar en público, y podría lanzarse formalmente a la carrera electoral de 2015. Algunos hablan de que buscaría encabezar la lista de diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires, y colmar la nómina de camporistas. Otros, en tanto, no descartan que se presente como candidato presidencial. Ambas jugadas son riesgosas ya que pueden significar la ruptura definitiva con referentes del Partido Justicialista, que están preparándose para poder subsistir en los comicios del año que viene, donde se espera que todo lo que huela a K sea severamente castigado en las urnas.

Suele decirse que el justicialismo sólo acompaña a los que gobiernan hasta la puerta del cementerio, pero jamás entra. Difícilmente, en caso de que se concrete el proyecto de Máximo candidato, haya una excepción.

Juan Gossen

[email protected]


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