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Graf Spee,Barco hundido en el Rio de la Plata

El Admiral Graf Spee fue un crucero pesado de clase Deutschland (a la que pertenecían también los buques Admiral Scheer y el Lützow/Deutschland) que integró la Marina de Guerra alemana (Kriegsmarine) durante el régimen hitleriano, siendo destruido en los inicios de la Segunda Guerra Mundial.

Fue construido bajo los términos del Tratado de Versalles, de forma que su tonelaje no superase las 10.000 t. Originalmente clasificado como un buque artillado (Panzerschiff), fue más tarde reclasificado como crucero pesado y conocido por los británicos como "acorazado de bolsillo". En su momento fue considerado una obra maestra de la ingeniería naval.

El Admiral Graf Spee fue botado en Alemania en 1934 y bautizado en honor del almirante alemán de la Primera Guerra Mundial Maximilian Graf von Spee, el cual murió, junto con dos de sus hijos, en la primera batalla de las Islas Malvinas, el 8 de diciembre de 1914. Fue el segundo buque nombrado en su honor (el primero fue el crucero de batalla SMS Graf Spee, que no llegó a ser terminado).


De acuerdo con los términos del Tratado de Versalles, los buques de guerra que debían reemplazar a los barcos existentes en el inventario de la Marina Alemana estaban limitados a desplazar 10.000 toneladas y a armar cañones de 280 mm (11 pulgadas). Antes de que recibiera su nombre definitivo, fue identificado como Panzerschiff C y Ersatz Braunschweig, puesto que estaba destinado a reemplazar al viejo buque de guerra Braunschweig en el inventario de la flota. El coste de la construcción fue de 82 millones de Reichsmarks. Se ahorró una gran cantidad de tonelaje usando soldadura eléctrica de profundidad en lugar de remaches.

Tecnológicamente, el barco estaba por delante de su tiempo, especialmente en términos de velocidad. En un momento dado, los Aliados estuvieron convencidos de que realmente existían dos barcos, lo cual explicaría la aparición casi simultánea del Graf Spee en localizaciones distantes, inexplicable según los medios tradicionales de viaje marítimo de aquel tiempo.

Utilizó camuflaje en diferentes oportunidades, pareciendo un buque civil. Esto confundía también sobre su presencia en diferentes mares.

Se inició la guerra y se desconocía el paradero del acorazado desaparecido. No se supo de él hasta el 30 de setiembre de 1939, cuando dos botes de salvamento alcanzaron las costas brasileñas en las proximidades de Pernambuco. Sus ocupantes refirieron que su navío, el “Clement”, mercante de 5.051 toneladas, había sido inspeccionado y hundido por “un gran navío de combate alemán”.

La noticia confirmó los temores de Londres. Un corsario alemán hacía peligrosa la navegación en el Atlántico sur. Más tarde un segundo mercante inglés fue hundido, esta vez en la ruta del Atlántico norte. Causó zozobra e inquietud la presencia de la nave corsaria en tan corto tiempo en dos puntos extremos del océano. La incertidumbre creció más cuando se supo que tres buques de carga, el Ashley (4.229 toneladas), el Newton Beach (4.661 toneladas) y el Huntsman (8.300 toneladas) habían desaparecido sin dejar rastro frente a la costa africana, entre El Cabo (Sudáfrica) y Freetown (Liberia). Era evidente que no era un solo corsario el que actuaba.

Fue necesario destacar una escuadra de vigilancia en desmedro de la flota inglesa. En total se movilizaron para esta tarea no menos de 23 navíos: cuatro acorazados, catorce cruceros y cinco portaaviones.

En noviembre de 1939 el Admiral Graf Spee apareció en el Océano Índico, hundiendo un pequeño petrolero frente a la costa de África oriental y retornó al Atlántico sur por el Cabo de Buena Esperanza, a considerable distancia de tierra. En la ruta de El Cabo a Freetown, hundió tres buques en muy poco tiempo. Pero la buena estrella del corsario alemán se torció cuando el Doric Star siguió transmitiendo, pese a las amenazas, y comunicó las coordenadas del encuentro. El día 4 de diciembre se encontró con su buque de abastecimiento, el Altmark. Desde el 3 de septiembre, el Graf Spee había causado pérdidas al transporte británico por el monto de 50.000 toneladas. Comoquiera que estuviera navegando desde el 21 de agosto y las máquinas no habían cesado de funcionar, el comandante Hans Langsdorff pensó en el retorno a Alemania para poner a punto sus máquinas.

Entre septiembre y diciembre de 1939, el Admiral Graf Spee había hundido nueve buques mercantes en el Atlántico sur y el océano Índico. El capitán del Admiral Graf Spee se adhirió estrictamente a las reglas militares relativas al ataque a mercantes, poniendo a salvo a la totalidad de la tripulación de los barcos atacados. No se perdió ninguna vida en ninguno de los hundimientos. La mayor parte de las tripulaciones de los barcos fueron transferidas a su buque de apoyo, el petrolero Altmark. Más tarde, 299 miembros de las tripulaciones de los buques mercantes atacados fueron liberados por la fuerza en las aguas territoriales de Noruega, entonces neutral, por el destructor británico HMS Cossack (en lo que se conoce como el incidente Altmark).


La cacería Como resultado de la transmisión del mensaje del Doric Star, cayeron sobre el punto donde fue atacado dos de las nueve escuadras británicas: el Grupo H, formado por los cruceros pesados Sussex y Shropshire, y, sobre todo, el Grupo K con el crucero de batalla Renown y el portaaviones Ark Royal. Por fortuna para él, el Admiral Graf Spee había abandonado la zona del ataque.

Sin embargo, el comandante Langsdorff se equivocaba cuando supuso que todos los buques confluirían en la zona del ataque. El comodoro Harwood, jefe del Grupo G, no pensó en absoluto apartar sus naves de la zona asignada; lo conformaban los cuatro cruceros Cumberland, Exeter, Ajax y Achilles, fondeados ante el río de la Plata. Antes de poner en práctica su pensado retorno a Alemania, decidió atacar el comercio británico que hacía la ruta de América del Sur.

La víspera del 13 de diciembre, el Admiral Graf Spee se aproximó a 150 millas de la costa brasileña, poniendo a continuación proa al sudoeste para alejarse de ella a velocidad de crucero. Se proponía cortar la ruta de los buques comerciales que alcanzaban Buenos Aires y Montevideo desde el nordeste y el este. Hacía media hora que había amanecido cuando el vigía del acorazado alemán alertó: "¡Remates de mástiles a proa!".


Batalla del Río de La Plata Artículo principal: Batalla del Río de la Plata
El comandante de guardia, sorprendido de ver mástiles y no humo, ordenó despertar al capitán. Creyó avistar un crucero y dos destructores. El comandante Langsdorff ordenó cubrir puestos de combate; creía tener a la vista la avanzada de protección de un convoy. Como el Graf Spee era superior a esas naves y el objetivo estaba acorde con las directivas dadas, decidió combatir, para luego hundir el convoy. Pronto Langsdorff descubrió su error: el pretendido crucero era un buque de 10.000 toneladas, inferior al acorazado alemán únicamente en el calibre de su artillería: seis piezas de 203 mm contra otras tantas de 280 mm. Los otros dos navíos, que habían sido tomados por destructores, eran cruceros ligeros que disponían entre ambos de dieciséis cañones de 152 mm. Se trataba de la fuerza naval del comodoro Harwood y los tres buques eran los cruceros Exeter, Ajax y Achilles. Harwood decidió dividir sus fuerzas para atacar al acorazado alemán desde diversos puntos y dispersar los fuegos del mismo.

Langsdorff decidió aplastar a sus adversarios uno a uno y concentró sus fuegos sobre el más poderoso y peligroso de ellos: el crucero pesado Exeter. A las 06:16 fueron disparados los primeros fuegos desde los montajes triples de 280 mm del Admiral Graf Spee, y tres minutos después fueron contestados por el Exeter. La distancia se había acortado sensiblemente y no rebasaba los 15.000 metros. Las dos naves intercambiaban un rápido y nutrido fuego. El Exeter fue tocado, lo cual fue advertido por el Admiral Graf Spee gracias a las llamas y la densa humareda que salía de él. Algunos proyectiles del Exeter también habían tocado al acorazado alemán. El primero destruyó completamente la cocina, así como la red de agua potable de la nave. Otros dieron en el compartimiento de torpedos, averiaron el puesto de dirección de tiro antiaéreo y demolieron algunos camarotes. Hubo muertos y heridos. Pero los daños en el Admiral Graf Spee eran mínimos comparados con el infierno desencadenado en el Exeter. En menos de una hora recibió más de cien proyectiles. Cinco de sus seis piezas fueron silenciadas.

El comodoro Harwood, que había efectuado una vasta maniobra con el Ajax y el Achilles, se acercó a toda velocidad para participar en el combate y socorrer a su buque en peligro. La primera salva que realizó impactó en el Admiral Graf Spee, destruyendo una pieza de 150 mm y matando a todos sus servidores. A pesar de la superioridad de fuego del acorazado alemán, los dos cruceros ligeros ingleses acribillaron al acorazado. Langsdorff decidió concentrar su fuego sobre los cruceros ligeros Ajax y Achilles, que no se encontraban a más de 8.000 metros. Otro disparo del acorazado dio de lleno en las dos torres de popa; las cuatro piezas de 152 mm fueron silenciadas. Finalmente, los cruceros británicos se apartaron. Luego de salir del alcance de los poderosos cañones de 280 mm del acorazado, el comodoro Harwood decidió seguir al acorazado, tratando de no perderlo de vista.


La trampa de Montevideo Los resultados del combate para el Graf Spee fueron 56 muertos y 20 impactos; los daños eran relativamente menores, pero habían mermado su provisión de municiones. Fue entonces cuando el acorazado alemán se dirigió hacia el Río de la Plata y entró al Puerto de Montevideo (Uruguay). El gobierno uruguayo ofreció una estadía de 72 horas, que debía emplear para la reparación de la nave con sus propios medios o la internación al término de la misma.

El Almirantazgo británico se convenció de que la fuerza de Harwood no podría impedir que el acorazado se abriera paso hacia el océano y decidió reemplazar al Exeter por el pesado Cumberland. Sin embargo, como se hallaba en las Islas Malvinas, aunque navegase a toda velocidad no podría ganar la embocadura del río de la Plata antes del día 17 de diciembre, es decir, tres días más tarde. La fuerza compuesta por el Renown y el Ark Royal, muy superior al Admiral Graf Spee, se encontraba a la altura de Pernambuco, 2.500 millas al norte, y antes de llegar a la desembocadura del Río de la Plata tenía que reabastecerse de combustible, por lo que su intervención antes de una semana, estaba descartada.


Las maniobras diplomáticas La delegación diplomática británica en Montevideo hizo circular falsos rumores, amenazas e intimidaciones, que llevaron a Langsdorff a tomar torpes decisiones. En el puerto de Montevideo, por otro lado, las reparaciones del Admiral Graf Spee fueron saboteadas, retrasando ex profeso las mismas, con el fin de retener en puerto a la nave de guerra alemana el mayor tiempo posible, hasta la llegada de las naves británicas que ya estaban en camino, o incluso logrando su internamiento al cumplirse el plazo dado por el gobierno uruguayo.

Durante el tiempo que permaneció en puerto, los miembros de la tripulación muertos fueron enterrados en el cementerio de Montevideo. En el funeral, el capitán Hans Langsdorff usó el saludo naval, en tanto que el resto de asistentes hicieron el saludo nazi.

El Alto Mando Naval alemán, a cargo del gran almirante Erich Raeder, evaluaba la situación de Montevideo a la luz de los informes del capitán Hans Langsdorff y los informes de inteligencia. Langsdorff envió un telegrama, en donde concluía:

Me propongo avanzar hasta el límite de las aguas jurisdiccionales. Si es posible abrirme paso hacia Buenos Aires, librar combate con el resto de mis municiones. Para el caso de que tal tentativa condujera a la destrucción cierta del Graf Spee sin proporcionarle la oportunidad de causar daños al enemigo, pregunto si ha de hundirse el navío en el estuario del Plata, aunque los fondos en él son insuficientes, o bien debe permitirse su internamiento, Comandante Graf Spee.

La respuesta de Raeder dejaba prácticamente en completa libertad de acción al comandante del Admiral Graf Spee, salvo en lo referente a la internación en Montevideo. La última frase decía:

Procure que la destrucción sea total si se ve usted obligado a hundir su barco. Raeder”


Orden del almirante Erich Raeder al capitán de navío Hans Langsdorff, comandante del "Graf Spee"
El 17 de diciembre, el Admiral Graf Spee zarpó poco después de las 18:00, apenas dos horas antes de que expirase el plazo acordado por el gobierno del Uruguay. El buque avanzó lentamente por el estrecho canal en dirección a alta mar. Ahí le aguardaban las naves británicas. Los espectadores del muelle de Montevideo esperaban asistir -de lejos, desde luego- al raro espectáculo de un combate naval. Tras la estela del acorazado marchaba el transporte alemán Tacoma, refugiado en el puerto uruguayo desde el comienzo de las hostilidades. Ambas naves pararon máquinas a unas cinco millas de la costa.

Aparecieron dos remolcadores que provenían de Buenos Aires y una serie de embarcaciones menores que iban y venían del acorazado al transporte, transportando a la tripulación. Luego, a las 19:55, una enorme columna de llamas brotó repentinamente del Admiral Graf Spee. Al cabo de unos instantes se escuchó una fuerte explosión. El Graf Spee había explotado: los alemanes habían hundido su buque.

De acuerdo a las instrucciones de Raeder en su última comunicación a Langsdorff, el buque había sido destruido completamente. Previamente el capitán de navío Hans Langsdorff había preparado cuidadosamente el paso de su tripulación a Buenos Aires, donde iba a ser internada. El 19 de diciembre volvió a dirigirse a sus hombres y terminó diciendo:

La opinión pública discutirá seguramente durante mucho tiempo a fin de averiguar si estábamos equivocados o teníamos razón de destruir nuestro buque, si no hubiera sido más heroico ofrecer de nuevo combate al enemigo y que éste acabara con la muerte de los marinos. Lo habríamos hecho sin murmurar una sola palabra y con alegría. Por mi parte facilitaré la prueba de que eso no ha ocurrido por falta de valor personal


Discurso del capitán de navío Hans Langsdorff a su tripulación antes del hundimiento del "Graf Spee"
Los hombres del Admiral Graf Spee no comprendieron sus palabras hasta el día siguiente, 20 de diciembre, en que se encontró al capitán de navío Hans Langsdorff muerto en su habitación del City Hotel en Buenos Aires. Se había envuelto en la bandera alemana y suicidado de un tiro de revólver en la cabeza. Con anterioridad había escrito una carta, dirigida al embajador de Alemania en Buenos Aires, que dice:

Excelencia: Después de haber luchado largo tiempo, he tomado la grave decisión de hundir el acorazado Admiral Graf Spee, a fin de que no caiga en manos del enemigo. Estoy convencido de que, en estas circunstancias, no me quedaba otra resolución que tomar después de haber conducido mi buque a la trampa de Montevideo. En efecto, toda tentativa para abrir un camino hacia alta mar estaba condenada al fracaso a causa de las pocas municiones que me quedaban. Una vez agotadas esas municiones, sólo en aguas profundas podía hundir el buque a fin de impedir que el enemigo se apoderara de él. Antes de exponer mi navío a caer parcial o totalmente en manos del enemigo, después de haberse batido bravamente, he decidido no combatir, sino destruir su material y hundirlo... Desde un principio he aceptado afrontar las consecuencias que implicaba mi resolución. Para un comandante que tiene sentido del honor, se sobreentiende que su suerte personal no puede separarse de la de su navío... Ya no podré participar activamente en la lucha que libra actualmente mi país. Sólo puedo probar con mi muerte que los marinos del Tercer Reich están dispuestos a sacrificar su vida por el honor de su bandera. A mí sólo corresponde la responsabilidad del hundimiento del acorazado Admiral Graf Spee. Soy feliz al pagar con mi vida cualquier reproche que pudiera formularse contra el honor de nuestra Marina. Me enfrento con mi destino conservando mi fe intacta en la causa y el porvenir de mi Patria y de mi Führer. Dirijo esta carta a Vuestra Excelencia en la calma de la tarde, después de haber reflexionado tranquilamente, para que usted pueda informar a mis superiores y, si es necesario, desmentir los rumores públicos. Capitán de navío Langsdorff Comandante del acorazado Admiral Graf Spee


Carta escrita por el capitán de navío Hans Langsdorff, antes de su suicidio, dirigida al Embajador alemán en Buenos Aires, Argentina



En 1997, uno de los cañones secundarios del Admiral Graf Spee de 150 mm fue rescatado, reparado y está expuesto en la actualidad en un predio del Museo Naval de Uruguay en Montevideo.

En febrero de 2004, un equipo de rescate uruguayo, asesorado por el doctor en arqueología de la Universidad de Oxford Mensun Bound, empezó a trabajar en el pecio del Admiral Graf Spee. La operación es financiada parcialmente por el gobierno uruguayo (junto con una serie de empresas, alguna de ellas alemana), puesto que el pecio, hundido en el fango a apenas 8 metros de profundidad, constituye un peligro para la navegación. El 25 de febrero de ese año se extrajo la primera pieza de tamaño significativo, el dispositivo de puntería del buque: un telémetro de 27 toneladas. El pecio está en una sola pieza hundido profundamente en el barro, se ha estudiado rescatarlo mediante el sistema de piscina.

El equipo de rescate maneja desde hace tiempo la idea de reflotar el barco, una empresa cuyo coste se estima en unos 24 millones de euros.

Muchos veteranos alemanes no aprueban este intento de reflotamiento, ya que consideran que el pecio es una tumba marina y un monumento histórico submarino que debe ser respetado. Uno de ellos, Hans Eupel, antiguo mecánico especialista en torpedos, con 87 años en 2005, añadió que el intento "... era una locura, demasiado caro y sin sentido. También es peligroso, ya que una de las tres cargas explosivas que colocamos no explotó". Se dice que los rumores de explosivos activos esparcidos por los sobreviientes son una forma de frenar la extracción del pecio.

El 10 de febrero de 2006, el gran águila de bronce (400 kilos de peso, dos metros de alto por 2,6 de largo) con una corona de roble enmarcando una esvástica en sus garras que servía de mascarón de proa del Admiral Graf Spee fue recobrada. Se expuso, hasta que se decidiera su destino en el hotel Palladium de Montevideo. Según la ley uruguaya, la mitad de los beneficios obtenidos de su rescate pertenecen al Estado uruguayo y el resto al equipo de rescate. No obstante, el Estado uruguayo puede impedir su salida del país si la considera parte del patrimonio nacional

Fuente: Wikipediahttp://es.wikipedia.org/wiki/Acorazado_de_bolsillo_Admiral_Graf_Spee
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