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Hablar de golpe es anacronico

Julia Mengolini

No soy adepta a las teorías conspirativas y si lo fuera, no creería muy estratégico echarle más leña a la crisis. Que haya golpistas dando vueltas no lo convierte en un golpe de Estado, si bien el conflicto no es ninguna pavada. Se trata de un reclamo gremial legítimo- los gendarmes son laburantes de los sectores populares que un día cobraron mucho menos- generado por errores propios del gobierno, pero no es un reclamo cualquiera. Cuando los que protestan detentan el monopolio de la fuerza física delegado por el Estado, cuando son ellos los que tienen las armas, se trata de una sublevación. Pero hablar de intento de golpe de estado me parece subirle el tono a un conflicto que lejos de necesitar nafta, necesita una resolución rápida y pacífica. En este sentido es importante destacar que la reacción del gobierno y de todo el arco político, nos recuerda que estamos en democracia y que la democracia es sólida. El gobierno, legitimado en las urnas y con una enorme capacidad de reacción, actuó rápidamente y la oposición, salvo lamentables excepciones como parte de la UCR, estuvo a la altura de las circunstancias anteponiendo los intereses democráticos.

El hecho nos enseña que no todo conflicto es ocasionado por Clarín, pero sí que Clarín siempre estará al acecho para montarse y darle manija a cualquier cosa que pueda esmerilar al gobierno. Que los sectores más reaccionarios no pueden resignarse a los tiempos democráticos y siempre estarán generando intentonas golpistas. Pero hablar de golpe de estado por estas horas es, creo yo, anacrónico en Argentina. No está sucediendo lo que ocurrió en Ecuador, donde corrió peligro la vida del Presidente Correa, ni en Bolivia donde la violencia surgida de la tensión entre la Policía y las Fuerzas Armadas llegó a niveles mucho más peligrosos, ni en Paraguay donde Lugo casi no tenía representación en el Congreso. No hay ninguna posibilidad de voltear o reemplazar a un gobierno legítimo en Argentina. Los insubordinados no han mencionado siquiera a la Presidenta. Pero la situación es seria y es urgente que el gobierno no pierda autoridad sino que por el contrario, vuelva a demostrar su capacidad de resolución de los conflictos con más democracia. Tal vez hasta sea hora de sindicalizar a la gendarmería para institucionalizar -como en cualquier otro gremio, con una representación clara y mecanismos establecidos por ley- la resolución de los conflictos que puedan surgir en las Fuerzas de Seguridad de aquí en más.

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