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Hallan un mensaje de hace casi 100 años dentro de una escul

INCREIBLE HALLAZGO : EN LA IGLESIA DE SAN FRANCISCO, DE ALSINA Y DEFENSA

Hallan un mensaje de hace casi 100 años dentro de una escultura

Mientras restauraban la cabeza de "El Dante", en lo alto de la fachada principal, descubrieron que era hueca. Y que adentro había una carta del autor de la obra, escrita el 3 de agosto de 1908.

Lo que parecía un procedimiento de rutina terminó con un hallazgo increíble. La semana pasada, dos restauradores que trabajaban en el grupo escultórico central de la Basílica de San Francisco, en Alsina y Defensa, encontraron un mensaje del autor de la obra oculto dentro de la cabeza de la figura de Dante Alighieri.

Con fecha 3 de agosto de 1908 y en un sobre blanco, una carta manuscrita por el austríaco Antonio Voegele reseña los datos, costos, materiales y nombres de los arquitectos que participaron en el armado de la escultura. Además, un saludo "a quien encuentre estos escritos", cuatro monedas de cobre de centavos argentinos, de 1880 a 1890 y un frasco de vidrio laqueado que contenía la carta.

A su vez, el frasco estaba dentro de una caja de té, de chapa, atada con cables de tela, que también contenía hojas de los diarios La Prensa, del 2 de agosto de 1908 y otras de un periódico de Innsbruck, ciudad natal del escultor, del 7 de julio de 1908.

Hasta el momento no se conocía más que el nombre de Voegele. Ahora se supo que, además de emplazar las figuras de San Francisco, Cristóbal Colón, El Giotto y Dante, el escultor llegó a Buenos Aires en 1882, cuando tenía 22 años. Y quiso trascender en el tiempo.

Cubierto por un media sombra y a 15 metros de el grupo escultórico se puede ver desde la calle Defensa. Aunque sólo de cerca se nota su deterioro. Durante la recorrida que realizó ayer Clarín se pudo comprobar las rajaduras que filtraron humedad y oxidaron las varillas de hierro utilizadas en esa época para construir grandes obras.

Fue justo una de estas tantas varillas la que posibilitó el hallazgo. Hernán Arduca, un restaurador de 29 años, fue el afortunado. "Hice un corte para retirar uno de los hierros y reemplazarlo por una nueva varilla. Pero la mecha de la agujereadora se deslizó muy rápido. Ahí me di cuenta de que la cabeza estaba hueca y con un cincel seguí agrandando el orificio, hasta que toqué algo. Pensé que era un libro antiguo, pero ¡era un tesoro!".

De mameluco azul cruzado por arneses amarillos, a Arduca se le iluminan los ojos con el relato. "Es una señal de que voy por el camino correcto", dice el egresado de Bellas Artes. Con su compañero Manuel Diez decidieron continuar esta antiquísima costumbre de ocultar un mensaje (Ver Una tradición...). Cuando en dos semanas terminen la restauración de la cabeza que contenía la carta, también dejarán un legado, aunque aggiornado. Sus datos personales, el costo de la obra ($ 40 mil), el origen de los fondos (un subsidio de la Legislatura porteña) y "algún objeto personal" se guardarán en un envase plástico de alto impacto.

Un "tupper" de última generación que encerrará esta historia apasionante en un formato que aún está en debate. "Pensamos en fotos, un celular o una palm. Algo que hable de esta época, aunque todavía no lo definimos", cuentan los restauradores. Y para calmar tanta emoción y ansiedad crearon una escultura con las varillas oxidadas, que reproduce a menor escala la obra de Voegele. "Son unos maestros", elogia el arquitecto Gustavo García, autor del Master Plan que esta semana presentará en la Dirección Nacional de Arquitectura para conseguir $ 70 mil. "Hay que revitalizar y poner en valor las fachadas externas y el claustro del convento, el más antiguo del país", señala (ver La orden...) .

"Fue una sorpresa insólita. Los objetos encontrados tendrán una vitrina de privilegio en el museo que abriremos el 11 de mayo —el Ministerio de Cultura porteño otorgó $ 64 mil para la obra—", anticipó a Clarín el fraile Julio Jorge Stipech. Para Francisco Ezcurra, socio del estudio que se encarga de la restauración, este hallazgo "habla de una Buenos Aires donde se construían edificios monumentales de a cientos. En este marco, Voegele pasó inadvertido. Era culto, tenía sello propio con membrete. No era ningún amateur", dice el arquitecto especializado en restauraciones patrimoniales.

La carta del escultor alemán termina con un pedido: "Deseo que Dios y San Francisco protejan esta obra y le den una larga existencia". Fue escuchado.

Fuente: http://www.clarin.com/diario/2007/03/14/laciudad/h-04215.htm
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