Hambre y Miseria Infantil en España: Escandalo Internaciona



A todo se acostumbra uno. Igual para lo malo que para lo bueno. Es una capacidad que llevamos grabada en los genes. Causa de nuestra grandeza pero también de nuestra miseria humana. En esta España nuestra de julio de 2014, ¿a quién le sorprende ver a otro ciudadano hurgando con desesperación en el contenedor de la basura en busca de algo que llevar a casa para que coman los hijos? ¿Y a quién le duele? ¿Cómo puede ser que acabemos viendo esa escena de miseria inhumana como algo sencillamente inevitable?

La miseria y el hambre están de vuelta en España. Por si nos hicieran falta más cifras y estudios para demostrar esta obviedad, los más recientes informes de Unicef y de Cáritas dibujan un paisaje social catastrófico, pero no resultado de una catástrofe puntual sino consecuencia de un proceso de decadencia y desintegración social de efectos catastróficos para la vida de la mayoría de los ciudadanos.



En un informe de la Comisión Europea encargado a un grupo de expertos independientes se concluye que la situación en España es especialmente preocupante, con una de las tasas más altas de pobreza infantil (30%) y el más bajo impacto de las ayudas sociales sobre ellas. España es el segundo país de la Unión Europea en el que más infructuosa está resultando la lucha contra la pobreza: solo lo hemos hecho mejor que Grecia. Además, un millón de familias con niños tienen a todos los adultos desempleados, el triple que en el año 2007. En muchas de estas familias se sobrevive por la solidaridad de los abuelos que aportan sus pensiones. La atención social y la inversión pública de las administraciones no han respondido de la misma manera. De hecho, en España el esfuerzo en ayudar a las familias con hijos es el más bajo de Europa, con solo un 0,5% del PIB, muy por debajo del 1,4% de la media europea. Una de las herramientas más efectivas en la lucha contra la pobreza, las ayudas económicas directas a las familias con niños, no se emplea en España.

En el extremo de la pirámide, las personas mayores son otro de los sectores de población maltratados por la crisis. Según el informe de Cáritas, ya en 2012 el índice de pobreza entre los mayores alcanzaba el 10,6 %, y sigue subiendo. La aparente seguridad de las pensiones, con tantos hijos y nietos en paro, se convierte en un amargo premio.



Aparte de las elevadísimas tasas de desempleo, el estudio de Cáritas pone de relieve, además, que el 12% de los trabajadores españoles no gana suficiente como para huir de la pobreza, con lo que no les queda más remedio que huir de un país que no les brinda una oportunidad para vivir con dignidad. Más del 1% de la población española está emigrando año tras año. Y los jóvenes que no se deciden a marcharse están condenados a engrosar las filas de la generación perdida, esos jóvenes que no podrán recibir una pensión adecuada por no haber trabajado el tiempo suficiente, y que se están convirtiendo en una bomba de relojería para el futuro del país.

Y mientras la pobreza aumenta, lo hace también la desigualdad. El número de millonarios en España aumentó en un 13% entre mediados de 2012 y 2013 hasta superar las 400.000 personas, lo que nos convierte en una de las sociedades más desiguales de Europa. Si el sueldo del presidente de un gran banco era 8 veces mayor que el sueldo medio en 1975, hoy es 45 veces superior. No sé si servirá de consuelo o nos ensombrecerá el futuro, pero la desigualdad y la miseria se extienden por Europa. Buscando a Europa nos encontramos con el hambre.