Harta de estar sola, se casa consigo misma



Grace Gelder, una británica originaria de Londres, cortó por lo sano, y haciendo honor a una canción de Björk que dice: “Mi nombre es Isobel, casada conmigo misma“, contrajo matrimonio con un ‘espejo’ (La extraña pareja). Al que finalizado el enlace, dio un beso de tornillo de esos para guardar en la memoria.

Para la ceremonia (sin validez legal), la joven no reparó en gastos. Compró un precioso vestido y un anillo de diamantes. Invitó a toda su familia y reservó un coqueto jardín en la zona rural de Devon para realizar la curiosa ceremonia nupcial. “Tenía una necesidad enorme de pronunciar el sí quiero. Y qué mejor que decírmelo a mí misma“, comentó Gelder en un periódico local.

También confesó que durante el último mes estuvo muy nerviosa e incluso pensó en anularlo todo. “Son los miedos de cualquier novia primeriza“, declaró. ¿Qué miedo? Si nadie te va a decir que no. Quizás, al ridículo. Pues con no invitar a nadie, solucionado.

El caso es que como en todo cuento de hadas que se precie, el final fue el esperado: los novios (jovencita y espejo) fueron felices y comieron perdices.