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Hasta aqui llegaste – Cartas abiertas a una abogada exitosa



De los 2 libros prohibidos en la Argentina, de la escritora , perteneciente al mismo “grupos de amigos de CFK en la Plata”, Graciela Brunetti, nos hace llegar algunos párrafos desde la muerte de Nestór a la hija perdida de la presidenta… secretos de estados y de alcoba y mas negocios :



Una serie de cartas dirigidas a la Presidente de Argentina redactada bajo precisas instrucciones del mismísimo Dios por su biógrafa no autorizada, devela la trama secreta del verdadero poder que rige el Mundo a través de gobiernos títeres y la miseria humana de quienes están destinados a ser herederos del Testamento de Satán. La misteriosa elección del Papa Francisco I provocará la caída del imperio de la corrupción.

Disponibles en:

http://www.amazon.com/s/ref=nb_sb_ss_c_0_17?url=search-alias%3Dstripbooks&field-keywords=graciela+brunetti&sprefix=Graciela+Brunetti%2Caps%2C334

AutoresEditores.com

http://www.autoreseditores.com/libro/3229/graciela-brunetti/hasta-aqui-llegaste.html

CAPITULO I
Paraíso, 6 de marzo de 2013 Excelentísima Presidente De la República Argentina Sra. Cristina Elisabet Wilhelm Fernández Vda. de Kirchner S/D
Tengo el amargo trabajo de dirigirme a ti en estos momentos en que los argentinos comienzan a desentrañar el enigma al que sometes sus destinos con la única finalidad de vanagloriarte de cómo los gobiernas.

Debo tomar esta desagradable tarea en mis manos porque mi representante en la Tierra ha hecho uso de su libre arbitrio para renunciar al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que YO le confiara por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedó vacante. Ayer, 5 de marzo de 2013, se ha llevado a cabo el cierre de la Capilla Sixtina para preparar el cónclave. Los ciento quince cardenales anunciados deben elegir allí al nuevo Papa en el secreto más absoluto.

Dos urnas crematorias se han instalado, una para quemar los votos, y otra alimentada para que salga humo negro, a falta de elección, o humo blanco, cuando el 266o Papa sea electo.

Como te he visto muy adepta a la literatura epistolar, enviando y recibiendo cartas abiertas a diestra y siniestra, opté por esta forma de comunicarme contigo, a través de tu famosa biógrafa no autorizada, que hará la fiel transcripción de mi mensaje, de la manera que sólo YO puedo hacerlo: omnisciente, omnipresente y omnipotente, al igual que un escritor que todo lo ve y todo lo sabe del personaje que él mismo ha creado, en un monólogo Divino que no podrás interrumpir con tus mentiras.



Lo haré, además, en un lenguaje intermedio entre la chabacanería que usas para soliviantar a tus adeptos y a las distraídas masas de las que te rodeas, y el galimatías de tus discursos para intentar confundir a los que realmente te prestan atención. Usaré una moderada cantidad de estadísticas, cifras y cálculos, que te parecen tan convincentes, aunque YO no necesite de esas exactitudes para probar que digo la Verdad. Y por supuesto no osaré usar otro idioma, ya que no eres políglota.

Muchas cosas he sabido de ti desde que tu esposo vino, el 27 de octubre de 2007, a pedirme que lo acepte en el Cielo, cuando vio que tú no dudaste en dispararle a quemarropa en la primera oportunidad que tuviste un arma en tus manos, sabiendo que podías aprovechar la coartada perfecta de tu desesperada y justificable auto defensa. Según el relato de tu esposo, del que son testigo los miembros de tu reducida servidumbre, presente en esos dramáticos momentos, en el mediodía del 25 de octubre de 2010, durante una discusión entre tu esposo y tú en el palacete de El Calafate, “Él” comenzó a propinarte una feroz golpiza, que devino del hecho de que Rudy Ulloa lo anotició sobre tus reiteradas infidelidades con el entonces Ministro de Economía, Amado Boudou, de quien hacía tiempo tu esposo ya sospechaba, con fundadas razones.

Que al producirse una inusitada escalada de sus puñetazos en tu vientre y frente a tus pedidos de auxilio al encargado de la reserva de Gendarmes que custodiaban el perímetro, nadie prestó demasiada atención al incidente, por cuánto las reyertas conyugales eran una reedición casi cotidiana. Fue entonces que, previo a correr a su habitación, de la que extrajo una pistola calibre 9mm, tu hijo Máximo, empuñando el arma y con la ayuda de uno de los ex secretarios privados de la pareja, Fabián Gutiérrez, a los empellones derribaron la puerta cerrada con llave por dentro del dormitorio, e irrumpieron en la suite matrimonial.

Su ingreso fue para detener la gresca conyugal, que atestigua, eran moneda corriente, tanto en Santa Cruz como también en Olivos, con una reiteración en un peligroso ascenso y casi siempre por idénticas causas de adulterio, a las que ahora tú le reprochabas las suyas, que al parecer eran de una magnitud equivalente, pero alternando mujeres y efebos. Unos instantes después de la irrupción de Máximo, los testigos escucharon una estruendosa detonación, proveniente de una inconfundible arma de fuego. Ante semejante suceso los quince activos de Gendarmería destacados en las inmediaciones se hicieron presentes en la escena del crimen, encontrando a tu esposo bañado en un charco de su propia sangre, con su rostro irreconocible y abundante pérdida de su masa encefálica. Ante tal estupor, los uniformados quedamos atónitos, desconcertados, hasta que se hizo presente, más o menos quince minutos después, Carlos Zanini, Alicia Kirchner, Alessandra Minnicelli, esposa de Julio De Vido, y un grupo de colaboradores; que dieron la orden inmediata de asistir a la viuda y también a su hijo, que estaba con sus signos vitales en estado de inconexión.




Tú le pediste a Néstor que ayudara a aquél viejo amigo y valiente montonero, nada menos que el “Soldado Emilio” Carlos Bettini, al que, en su afán de ser el activista que nunca pudo ser, finalmente ayudó creyendo que entraba por la puerta grande de la Revolución.

Declara que aún con semejante petición, todavía no le confesabas que el “Soldado Emilio” era el padre de la hija down que habías abandonado, y cuando volviste a Río Gallegos ya comenzaste a dejar a tu bebé Máximo al cuidado de su abuela paterna, la chilena María Ostoic, con la excusa de que tenías que estudiar para recibirte de abogada. ¿Pero cómo hacer para recibirte siendo que debías rendir las veintidós materias que adeudabas?

A pesar de querer comenzar cuanto antes tu vida de burguesa, con la excusa de no querer meterte en política en tu papel de temerosa de las represalias que pudiera haber después de la huida de La Plata, no sólo por el asesinato perpetrado por el padre de tu hija, sino por haber delatado a varios compañeros, de repente cediste a la insistencia de tu esposo cuando decidió comenzar a desentumecer su músculo político junto con algunos viejos amigos de la Patagonia.
No se podría decir que te doblegó, porque tú necesitabas un pretexto para no estudiar y demostrar que te diferenciabas de la dulce María Ángela Girometti, por no tener que cargar con una numerosa prole como ella, que a los dos hijos que ya tenía con su esposo Héctor Guatti, Mauro y Mario, el 12 de marzo de 1982 le había sumado el retoño de sus amoríos con tu esposo: Maximiliano.

Por una cuestión de apariencias y conveniencias, el ingeniero reconoció al vástago como propio, hizo la vista gorda cuando los amoríos de su esposa con tu esposo continuaron, y aceptó que el propio Máximo se criara entre los suyos cuando tu suegra renunció a tratar de educar a su incontrolable nieto.

Habías decidido que, aunque no te recibieras, serías la abogada exitosa que apuntalaría a su marido en sus ambiciones políticas, que sólo tú, como acuariana y platense, podías disfrazar de lucha revolucionaria, como haces hasta hoy junto a “clownes” que mi enviado visionario Solari Parravicino anticipó, para alertar sobre los payasos que gobernarían hasta que los argentinos digan: ¡Basta!

CAPITULO VII

Paraíso, 11 de marzo de 2013

El pueblo deberá dejar de esperar un milagro y descubrir que el poder está en sus manos. Dirigentes políticos y sindicalistas, librepensadores y trabajadores, empresarios y financistas, marinos, soldados y pilotos y, sobre todo, “el hombre gris”, deberán llevar el país a una rebelión contra tu dominio y la imposición absurda de un comunismo que no se corresponde ni con los tiempos ni con la idiosincrasia del país. Tienen que deshacer el nudo Gordio analizando la manera advenediza de tu llegada al poder, que “El” tomó de manera rudimentaria.

Todavía pesaba el régimen militar y a “Él” se le ocurrió inaugurar una agrupación, que más tarde se llamaría El Ateneo, y con la que saludó el desembarco del 2 de Abril de 1982 en Malvinas. Una vez que aceptaste la decisión, fuiste más aguerrida que él para avanzar hacia el gobierno. Era el único camino para instalarte en la atención de un hombre que sólo se sentía atraído por el poder. De nuevo el poder, esa pasión que se transformó en obsesiva y por la que abandonaste definitivamente a Máximo, que comenzó a vivir con su abuela María, con los resultados que todos conocemos.

Y así seguiste, haciéndote la linda y empezando a desarrollar tu papel de mujer impecable, correcta y justiciera que, abandonando hijos, carrera y las lides del hogar, a tu conveniencia, se convertía en la militante más combativa del peronismo santacruceño. Es que en aquel encuentro serio con la política quedaron fijados ciertos roles. Tu origen, esa alcurnia simulada de intelectual platense, se convirtió en un activo, pues para la escena siberiana de Río Gallegos, esa joven y bella, supuesta abogada, que el paisano había conquistado en La Plata, era una rareza urbana, un dato casi exótico.
El poder tiene, en muchas provincias, rasgos arbitrarios y despóticos. No hace falta leer a Montesquieu o a su discípulo, Sarmiento, para verificar que esa peculiaridad se acentúa en el desierto.

Recuerda que cuando tu sexo se definió en el vientre de tu madre, ya eras una judía errante para la que nadie auguraba un destino. Era porque ya estabas designada para obtener la Argentina para el Grupo Bilderberg, y por eso, aunque no quisiste acompañar a tu esposo cuando decidió
comenzar a hacer política junto con algunos viejos amigos de la Patagonia, una vez que te doblegó, te convertiste en la más aguerrida de los dos para avanzar hacia el gobierno.

Tu cautiverio empezó cuando el estudio jurídico de tu esposo, asociado al ilustre abogado Domingo Ortiz de Zárate, que le servía como pantalla, comenzó a prosperar gracias a la lucrativa actividad que desarrollaba desde su posición privilegiada de asesor legal de una financiera, de comprar los créditos que para mucha gente fue imposible pagar desde la aplicación de la circular 1050 emitida por el Banco Central en enero de 1980, durante la gestión de José Alfredo Martínez de Hoz. Mientras Ángela se convertía en empresaria del turismo gracias al hotel Los Álamos que había construido su esposo, el ingeniero Guatti, con el dinero del tuyo, en una amena sociedad que empezó en los papeles y terminó en la cama, tú, por no haberte recibido de abogada, tenías que taconear por los pasillos de los tribunales santacruceños, yendo y viniendo con los expedientes que sólo tu esposo podía firmar para “hacer la platita” que necesitabas para hacer política revanchista, y que les permitió adquirir varias viviendas y engrosar el número de propiedades heredados de su abuelo, el usurero, y de su padre, el funcionario de Correos.

Su padre era respetado y logró borrar el peso negativo para el apellido Kirchner que suponía la memoria de Karl, pero ya se sabe que los talentos suelen saltarse una generación, y por eso tu esposo, que quería ganar más dinero del que le ingresaba por una función que nunca cumplió en el Ministerio de Asuntos Sociales santacruceño, se dedicó a perjudicar a mucha gente. Y cuando terminó la época de la circular 1050, su nueva táctica fue otorgar créditos hipotecarios a agricultores y ganaderos que él mismo financiaba, luego enviar a sus sicarios a quemar cosechas o envenenar al ganado, según el caso, con la finalidad de impedir el cumplimiento de las obligaciones hipotecarias, por lo que terminaba quedándose con las propiedades de los deudores en garantía.

Sus confesiones son esenciales para conocer tu suerte, porque por no haberte recibido, tú apenas colaborabas a mejorar el truculento sistema de usura del mafioso Karl, tirando por tierra lo que tu suegro había logrado para enaltecer el linaje familiar, en tantos años de trabajo honesto. Unidos por todo ese espanto, más la espantosa vida que llevaban en Rio Gallegos entre los “atentados” al estudio, no por los militares que los perseguían por subversivos, como argumentabas para Ortiz de Zárate, sino los propios perjudicados por la Circular 050 y las víctimas de los créditos hipotecarios.

Lo único que sirvió de amalgama matrimonial fue esa pasión obsesiva por el dinero y el poder que desarrollaron mientras esperaban que la Dictadura, exacerbada por la subversión, creara el vacío de poder que les permitiera instalarse en el Gobierno. Claro que la pasaron mal cuando les plantaron la bomba, pero todo lo demás fue, sino la dulce calma del amor entre recién casados, la laboriosa adhesión entre cómplices novatos, con la inevitable sucesión ininterrumpida de errores urgentes, exageraciones, temeridades y arbitrariedades.

Es que fuiste elegida para ser la esclava de poderosas fuerzas que dirigen tu vida, manipulan tus deseos y controlan tus pensamientos. Ni siquiera la decisión de postularte está en tus manos. Si tu reelección fracasa, será porque la crisis financiera y su impacto dramático en el empleo y los presupuestos; porque la crisis climática que amenaza la supervivencia humana; porque la ansiedad, la incertidumbre y la falta de confianza; en fin, porque los tiempos excepcionalmente difíciles que la Comunidad Mundial atraviesa, y de los que tú te ríes, habrán hecho pedazos la casa de vidrio en la que crees que puedes vivir sin Mí

¿No sabes acaso que tu obsesión por la concentración de poder y de riqueza relativamente no regulada; que la erosión de los límites entre las esferas pública y privada que provocas; que los elementos feudales que añades a la república, sin resistencia, protesta, ni reclamo por parte de las elites políticas o las ciencias sociales; y que tu obsesión por corroer la sociedad democrática son las tácitas instrucciones que recibes de Davignon?

Ya te lo decía la canción que cantabas de niña, para no escuchar los chirridos de la cama de Ofelia cuando lo recibía a Eduardo: “En el puente Davignon todos bailan, todos bailan; en el puente Davignon, todos bailan y tú, también.” Parece exagerado, pero todo lo que se ha realizado por la construcción de un nuevo consenso internacionalista para la financiación consciente y selectiva de personas y organizaciones que cuestionan y socavaran a los partidarios del viejo orden y promueven el nuevo, desde Rockefeller a la Reina Sofía, habrá fracasado si tú no bailas sobre el puente Davignon. Desde que tu gestión es un cambio permanente que nunca debe perder la dirección que ese cambio tiene que tener, ya no hay más oligarcas, ni gente honrada, ni gente humilde; sino nuevos ricos, ricos venidos a menos, nuevos pobres, los pobres de siempre y más miserables de los que nunca nacieron, vivieron u osaron pisar el suelo argentino.
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