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Hasta la victoria siempre, compañera Herminia

Hasta la victoria siempre, compañera Herminia

Autora: Cecilia “Cechu” Sarmiento, nieta de Lucrecia Villalonga (Madre de Plaza 25 de Mayo Rosario) y Militante del PTS - La Izquierda Diario


Fotografía: Indymedia

La indómita, la imprescindible, la que siempre estuvo ahí




Periodista:¿Vivía con miedo usted?

“Yo si te digo que no tenía miedo no me vas a creer, pero mi papá me crío sin miedo. Me decía que en la oscuridad no hay nada y que no hay que tener miedo nunca, hay que enfrentarlo cuando se ve, y cuando no se ve es porque no hay nada”.

Herminia Severini


“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.”

Bertolt Brecht



Con un dolor inmenso intento escribir una líneas por la querida Herminia Severini, recién vengo del acto de la noche de los lápices, donde pedí la palabra para hablar por ella, ahora me doy cuenta que me quedé con ganas de decir un millón de cosas más... y pienso: hace exactamente 14 años la conocí, fue en un aniversario de la noche de los lápices, yo era una secundaria del activismo de la época, recién empezaba a simpatizar por el PTS

El período pre 2001: mis primeros pasos junto a Herminia

Mi abuela Lucrecia, madre de la Plaza (como ella), de chica me llevaba a las marchas y yo la acompañaba orgullosa, en tiempos noventistas, donde en la escuela te tenías que pelear con los directivos, que las llamaban “viejas locas”, para poder organizarte con tus compañeros en un Centro de Estudiantes, y ni hablar de homenajear a los 30 mil caídos, a los jóvenes de la “noche de los lápices”, luchar contra la impunidad.

Lucrecia nos ayudó a organizar ese acto del 16 de septiembre del 2000, donde improvisadamente junto a la APDH y algunos partidos de izquierda escrachábamos al Rock and Feller, ex segundo cuerpo del ejército y antiguo Centro Clandestino de exterminio desde donde se comandaban los secuestros. En esos tiempos, las organizaciones populares y de la izquierda peleábamos por recuperarlo como centro de la memoria, mucho antes de los maquillajes progresistas.

Ese mismo día mi abuela me presentó a Herminia, nos la presentó a todos, desde ese momento Herminia y yo tuvimos un lazo fuertísimo que nunca se rompió, ella me adoptó como su primer nieta del amor y yo como mi abuela del amor. Codo a codo empezábamos un camino.

El discurso que dio ese día me marco toda la vida, Herminia era más política, cargaba con años de militancia obrera y sus discursos siempre fueron filosos, beligerantes, muy contestarios; mi abuela, que era más organizadora y subterránea leyó un poema, ambas se complementaban muy bien.

Con Herminia comenzamos a dar una dura lucha en las escuelas para que nos abran las puertas para hablar de nuestros caídos, hacíamos sentadas y cantos del himno a capela con el fin de que los directores (algunos miedosos y otros acusados de entregar listas negras en la dictadura que nos decían que estas fechas no eran patrias) nos dieran la bandera argentina para homenajear a nuestros compañeros desaparecidos. Herminia, con su personalidad y astucia, supo conquistar a los directivos para que nos terminaran abriendo las puertas de los colegios y, sobre todo, conquistando a los jóvenes, que la escuchaban con la misma pasión que supo despertar hasta estos últimos años.
Durante el 2001, con el fenómeno de las fabricas recuperadas, tomamos el supermercado “Tigre” (actual Centro Cultural La Toma), Herminia y los secundarios del PTS estuvimos a la cabeza acompañando a los trabajadores. Ella apoyó cada una y todas las luchas, lo hacía con una sensibilidad que brotaba desde lo más profundo de su pecho, pero también con la conciencia histórica de que cada lucha particular era una lucha de conjunto contra el régimen capitalista. Siempre quiso conocer Zanón, y hace poco me lo reprochó, teníamos pactado ir en Octubre cuando el clima se haga cálido por su salud, lamentablemente esto no lo concretamos, pero sabemos que ella conoció a esos trabajadores.
Herminia también luchó para que los caídos del 2001 que iban a terminar en fosas comunes, tengan sus propias tumbas para que sus hijitos puedan tener un lugar donde dejar flores y llorar a sus muertos, cosa que ella nunca pudo.
Se metió al Concejo, organizó a la familia y cuando consiguió esta demanda, no fue al acto porque todos los partidos burgueses se quisieron apropiar de la conquista, a ella no le interesaba la foto con los políticos patronales, se quedó en su casa orgullosa de haber logrado la pelea y se ganó el amor de los familiares del 19 y 20.

Los años del Kirhcnerismo. Siempre independiente del Estado y los patrones.

Cuando lanzamos la agrupación Tinta Roja que reunía a unos 30 jóvenes, en pleno auge del Kirchnerismo, organizamos un recital con obreros de Zanón, con Herminia tuvimos que ir a hablar con el Decano de la Facultad de Humanidades y Artes (Mairorana) que nos quería suspender el festival, pero con ella ahí dando la pelea para que SI se pueda, efectivamente lo conseguimos, ella tenía esa capacidad de imponerse y de hacerse respetar. Así nos iba educando y enseñando valores, en épocas de individualismo.
Recuerdo un 1º de Mayo 2004 que viajó con nosotros a Buenos Aires, y encabezó la columna obrera junto a Raúl Godoy, nosotros comenzábamos a avanzar en insertarnos en nuestra clase. La clase obrera, luego de años de derrotas, comenzaba a tensar sus músculos y Herminia estaba ahí, siempre a la vanguardia.
Pensar que Herminia, desde muy joven, sola, cuidando a sus dos niños no tuvo miedo de enfrentar los abusos patronales, lo que le valió ser despedida de 7 sanatorios por organizar a sus compañeras enfermeras. Siempre estaba ella, en las puertas de las fábricas, en los piquetes, denunciando a los patrones, y sobre todo a los burócratas sindicales, a los tradiores de su clase, a los “¡sinvergüenzas!”, como le gustaba decirles.
Cuando el lavadero Virasoro, cuando Mahle, cuando aceiteros, cuando miles de etcéteras ella estuvo ahí, apoyando a los obreros, incentivando a las mujeres de los obreros a que también se organizaran, explicando el poder de las mujeres cuando se organizan. ¡Y cómo no ganarse el odio de los enemigos! Todo este camino le costó ser parte de las listas del Proyecto X Rosario, al que denunció fuertemente.

En otras de las batallas que dio el PTS, cuando discutimos poner el trotskysmo a la ofensiva y hacíamos el homenaje a Trotsky con charlas y vídeos, hace unos 10 años Herminia estaba ahí, descubriendo más profundamente porque odiaba a su ex partido, ella militó en el PC pero se fue por su línea en la dictadura y porque ¡Oh paradoja! a veces sus patrones eran del PC. En esa charla Herminia estaba sentada en la primera fila, mientras veía el vídeo de Trotsky que salió por Canal A, se agarraba la cara y me decía: “pobre Trotsky, pobre Trotsky, que hijo de puta Stalin”. Ese día me fui a tomar mate a su casa y me explicaba como odiaba al PC y que ella nunca había sido de leer mucho y estaba agradecida de conocer más de Trotsky.

Nunca tuvo miedo de decir lo que pensaba, cuando comenzaron las cooptaciones Kirchneristas a los organismos de DDHH, ella y “la Lucre” mantuvieron siempre la independencia encabezando los bloques opositores al gobierno junto con las organizaciones de DDHH independientes y la izquierda.

Cuando yo era estudiante de cine fuimos con los compañeros de Contraimagen a la casa, la llevamos a la Lucre porque tenían muchas ganas de verse, mi abuela comenzaba a enfermarse levemente, ese día Herminia le despertó la memoria, fue hermoso, mi abuela contaba anécdotas y dudas, y Herminia le daba una explicación política a sus dudas, ¡era un gran equipo político!

En esos años hacía poco había desaparecido Julio López y ahí estaba Herminia, incansable, denunciándolo por todos lados. Ella me pedía que la acompañe a las escuelas a dar las charlas y yo la filmaba, recorríamos el cordón industrial y escuelas de barrio, hasta en un colegio católico nos metimos una vez, siempre que terminaba me consultaba si había estado bien y hacíamos equipo político para preparar que decir, yo siempre le decía no te olvides de nombrar a López.
Tantos ejemplos nos dio que se me vienen como una catarata de recuerdos, al corazón y a la mente.

Una voluntad inquebrantable

En los juicios Herminia rompía el protocolo, los puteaba en pleno juicio, los puteaba a la cara, las otras madres le decían que la iban a echar si seguía gritando y a ella no le importaba, ahí estaba, los puteaba, ¡qué satisfacción!, se vengó en persona en nombre de todos nosotros. Un día no la dejaban entrar a los juicios, distrajo a la guardia y se metió igual con su bastón.¿Quién la iba a parar a Herminia?

Ella se quebró su cadera en uno de los juicios que hubo empujones, se cayó, y un policía desde arriba le dijo: -mejor, una vieja menos-, ella desde el piso le respondió:-¡ya te voy agarrar asesino, yo no me caigo nunca! Luego se operó en el Pami, pero antes le discutió al cirujano que no quería anestesia completa ni transfusión de sangre, porque a ella le sobraban los glóbulos rojos y la anestesia total después te puede despertar demencia senil y ella no quería eso, el médico sorprendido le preguntó como sabía, ella respondió que toda su vida había cuidado enfermos y sabía como era, el médico le dio la razón y durante la cirugía Herminia les discutía, me río de sólo pensarlo. Tal cual, salió de diez y volvió a caminar con los pies y con la mente, tan lúcida como siempre.

Cuando mi abuela comenzó a enfermar, un día los médicos me dijeron la terrible frase:“no pasa de hoy”, llamé a Herminia para contarle, al otro día ella estaba ahí, llegó antes que yo, mi abuela estaba conectada al respirador medio agonizante, cuando entré, Herminia le estaba discutiendo que no se le ocurra morirse porque la necesitábamos acá y que quedaban pocas, que tenga fuerza, “FUERZA VIEJA, NO TE ME VAS A MORIR AHORA”. A la tarde de ese día a mi abuela la habían pasado a sala común y vivió unos años más.

A Herminia nunca la pudieron cooptar, le han ofrecido plata, llamados, visitas, ella les cortaba el teléfono o los echaba de la casa, “si yo necesito algo lo hablo con mis compañeros, si no tengo zapatillas hago una vaquita con mis compañeros”, y cortaba el teléfono.

Un día Herminia se puso muy triste, una mala noticia le hizo pensar que nunca podría saber que sucedió con los restos de su hija, eso más el achaque de los años hicieron que su protagonismo en tantas causas fuera de otro modo, decidió que lo más importante era dedicarse a dar charlas en los colegios, tenía siempre la agenda completa, seguro en estos días se han suspendido varias, se dedicó a ir a los juicios y hacer actos de presencia como podía. Entre los últimos que hizo, este año fue apoyando a los obreros de Liliana en el Ministerio de trabajo, donde las lacras que habitan ese lugar le faltaron el respeto y la dejaron parada sin darle respuesta, a ella no le importaba.
Hace tres semanas que yo me fui a tomar mate a la casa, habíamos planeado muchas cosas, viajar a Zanón, hacer micros de DDHH para La Izquierda Diario, filmar más y más cosas, y sobre todo seguir tomando mates, abrazarnos y conversar, la última visita hablamos 4 horas sin parar, me hizo galletitas con queso y me habló de todo de nuevo, de la vida, y también de la muerte. Tenia ganas de viajar a Donelley al encuentro obrero, ese día filmamos el ultimo vídeo donde denunció a la gendarmería, el Proyecto X, dio mensajes de apoyo a los trabajadores de Donelley, Lear y a Vicky Moyano, a la reivindica como una de las suyas.
Solíamos hablar por teléfono cada tantito, realmente la voy a extrañar con todo mi corazón porque no existen muchas personas así.
Pero sobre todo, a mis camaradas y a la juventud que sigue despertando día a día quiero transmitirles todo esto porque ella educó en grandes valores a nuestra juventud del PTS y la de otras organizaciones, y por sensibilidad durante muchos años hizo frente único con nosotros, fue una compañera, una camarada de fierro. Se ganó nuestro amor y nuestro respeto. Y muchos tuvimos la suerte de conocerla de cerca y eso es hermoso, porque nos dejo un millón de cosas.

Como dije cuando murió mi abuela Lucrecia, ahora camaradas nos toca recoger su pañuelo con el puño en alto porque la lucha continúa!

Herminia siempre amó a la juventud y nos supo transmitir los mejores valores, ella era joven de alma aunque su cuerpo estaba viejo, Herminia tenía 88 años y un millón de historias de las que aprender, a pesar del inmenso dolor que sufrió, ella lo transformó en combate, porque odiaba este sistema putrefacto y sabía que la única manera era organizarse, ser solidarios, barrer a la burocracia sindical y enfrentar el sistema luchando, luchando siempre como ella solía decir: ¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE COMPAÑEROS!
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