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Hasta los más flacos tienen destino de diamond

"Por el modo de vivir actual hoy hasta los más flacos tienen destino de gordos", dijo Máximo Ravenna

El médico y psicoterapeuta asegura que hay que estar alertas para no sucumbir a los excesos alimentarios. Está convencido de que bajar rápido de peso es la clave para el éxito en una dieta.



La calidad de la comida es clave para prevenir la obesidad.

Parece un gladiador que defiende con convicción y vehemencia el cuerpo delgado y saludable. Desde hace más de 20 años el médico y psicoterapeuta Máximo Ravenna aplica un método que creó en base a sus experiencias profesionales y mirando atentamente los modelos exitosos del mundo para lograr el descenso de peso en personas obesas. Fue cuestionado por sus planes de bajas calorías y por hablar de la obesidad como adicción.

Hoy está muy preocupado porque se convirtió en realidad algo que él advirtió a los gritos hace más de una década: cada vez hay más personas con excesos de peso y la obesidad es una epidemia.

Convencido de que se trata de un problema multifactorial que necesita un tratamiento integral, Ravenna no duda: hay que sacarse los kilos de más lo antes posible porque esa es la única manera de bajar y no claudicar.

Estuvo en Rosario presentando su nuevo centro terapéutico y charló con La Capital sobre distintos aspectos de la obesidad, cómo sostener la decisión de adelgazar a largo plazo, lidiar con la enorme oferta de comida chatarra y encontrar estímulos para moverse y salir de la queja permanente que no conduce a ninguna acción positiva.

—Usted se destacó por ser un promotor de los planes alimentarios de muy bajas calorías y fue criticado por eso, ¿qué piensa hoy después de tantos años de trabajo con personas obesas?

—Yo propuse un método que se conocía en otras partes del mundo pero no en la Argentina. Creé una propuesta, un plan en el año 93 con una experiencia previa de seis años. No soy ni nunca fui un religioso de qué debe comerse: dos almendras, una taza de arroz, una fruta. Mi formación no me permitía ir por ese lado. No me importa tanto qué se come si se hace en forma moderada. Pero en ese tiempo mi método no se conocía, y empezaron los prejuicios. Lo que siempre he buscado es el control del exceso, algo mucho más centrado en la psicología y sostenido desde lo integral. No podemos olvidar que el sobrepeso es multifactorial, que es un problema genético, metabólico, ambiental, antropológico, psicológico, cerebral. Yo estaba recién recibido y en el campo de la psiquiatría me interesó el trabajo con personas gordas y siempre desde un enfoque múltiple. Me interesan todas las partes de una persona que padece un problema. Me apasionaba la idea de la obesidad como adicción. Empecé a hablar en esos términos hace más de 10 años, cuando escribí “La telaraña adictiva”, y recién en los últimos cinco todos hablan de eso, de que la comida, sobre todo ciertas comidas, pueden tener una reacción excesiva de atrapamiento. Cuando uno habla con un gordo, y yo he trabajado con muchos, el discurso es monocorde: me la paso postergando, negando, no puedo parar, hablan todo de la compulsión … siempre me pareció que la persona está atrapada y entonces, ¿cómo ayudarlos? ¿qué sucede entre los alimentos y el cerebro? Hoy todos sabemos que es el que nos comanda, que la obesidad no es un problema del estómago, y a la vez, que el cerebro es comandado en buena parte por lo que comemos. Ahí está la clave, por eso no se trata de una dieta lo que planteo, sino de brindar una ayuda mucho más abarcativa.

—Con tantos estímulos de alimentos calóricos, ricos, atractivos, ¿es posible emprender un descenso de peso y no fracasar?

—La industria alimentaria hace su negocio y busca obtener ganancias. Es así, por eso nos plantea una lucha. Las bebidas cola, las hamburguesas… el problema es que con un par de vasos de gaseosa estás ingiriendo el doble del azúcar que tenés que consumir en un solo día, que muchos alimentos tienen jarabe de alta fructuosa que es muy engordante, que hasta las “inocentes” barritas de cereal lo tienen, que hay cientos de alimentos con sodio oculto. Yo quiero que a las empresas les vaya bien, pero al imponer sus objetivos generan gente gorda, que en defi nitiva es gente muy inflamada y enferma. Creo que de a poco hay un contraataque de la sociedad sana, que queda poca, contra todo esto. Se va logrando que las industrias haganalgunas cosas como disminuir las cantidades de sodio, sacar las grasas trans, la gente está aprendiendo a leer las etiquetas y a detectar qué hace mal… muy de a poco.

—En la Argentina estamos cada vez peor respecto de la obesidad

—Lo vengo anunciando desde hace más de una década. Me criticaban porque yo no le daba la misma atención a la bulimia y la anorexia que son problemas de salud, obviamente, pero los padece un pequeño grupo, el gran problema son los gordos y todas las enfermedades asociadas que traen los kilos. Hoy hay mucha gente destruida por la obesidad.

—¿Cómo se detiene?

—Yéndose a vivir a Marte (se ríe). No sé, el mundo está muy tomado por todo esto, el mundo genera todo el tiempo tentaciones enormes y hay mucha hipocresía y cretinada, incluso entre algunos profesionales… ¿qué es eso de que hay que bajar un kilo por mes para asentar el kilo? ¿de dónde sale la barbaridad de que tengo que descender de peso despacio para no recuperarlo? ¡Son cosas terribles que le dicen a la gente! Los engañan… y la gente termina comiendo más y más por la angustia que le genera la espera, porque no ve los resultados. Hay muchos mitos que se sostienen, el peor es el que no hay que bajar rápido. Sigo convencidísimo de lo contrario: con un plan que te sostiene, con una guía profesional lo mejor que te puede pasar es sacarte esos kilos lo antes posible y escapar al agobio y el desánimo que trae la lejanía del objetivo.

—También se dice que el que come de más es porque tiene todo el interés puesto en la comida al haber perdido las ganas en otros aspectos de la vida…

—Mmm depende. Eso me suena más a cliché de estudiantes de psicología. Yo he encontrado gente que más allá de su estado emocional tiene muchas pero muchas ganas de comer. Hay algo que se dispara, como le pasa al que no puede parar de fumar o tomar. Algo a lo que está predispuesto, esté contento o triste, separado, viudo o de novio.

—¿La persona que tiene exceso de peso, arrastra eso desde la infancia? ¿Es lo que se ve habitualmente?

—Ya no. Es interesante porque hace 50 años eran gordos los que habían sido siempre gordos. Por el modo de vivir actual hoy hasta el flaco tiene destino de gordo. Cualquier hijo de cualquier padre, sean estos delgados, de la condición socioeconómica que sea, puede hoy tener un hijo gordo. En la Argentina el 35% de los niños de 8 años tienen más kilos de los que deberían y vamos camino al 50% de los mexicanos. ¡Una barbaridad! El exceso de alimentos, el no moverse porque estamos todo el día frente a la Tablet, los altos niveles de ansiedad y estrés generan estos problemas. Para enfrentarlo hay que trabajar honestamente, intensamente, como si cada paciente fuera el mundo entero, para no tener que mutilarlo dentro de unos años con la cirugía bariátrica con la que no coincido salvo en casos de personas con 300 kilos que no van a ir a un centro terapéutico a hacer una dieta.

—¿Los pacientes están predispuestos a hacer el esfuerzo?

—Nada es fácil en la vida. El esfuerzo más grande no es controlar ni el hambre ni la tentación desesperada sino el sostenimiento de que me tengo que cuidar por muchos años. Si vivís soñando con el día en que vuelvas a comer como un bestia no va. La persona tiene que entender que va a comer diferente y que si elige comer todo lo que te gusta vas a ser un gordo que va a vivir a lo ancho y no a lo largo.

—¿Qué rol cumple la educación para sostener el peso adecuado a largo plazo?

—Fundamental. Un centro de salud que trabaja seriamente tiene que educar, tiene que dar pautas concretas para el descenso de peso que se aprendan para siempre, y en el caso de los chicos es clave la educación que se trae de la casa. Los padres no pueden decirle a un nene andá a hacer deporte y comé moderadamente si ellos se la pasan en la cama con el celular y la Tablet y comen y toman desaforadamente. Esta es la primera vez, probablemente, que los chicos van a vivir menos que sus papás y en parte es por la obesidad y las enfermedades serias que acarrea. Lo más importante, lo que quiero transmitir, es que se puede prevenir. Que hay que estar atentos y si el problema está hay que recurrir a los que saben de qué se trata, a quienes tienen resultados comprobables.

—Muchas veces se critica o se pone la atención más en la persona delgada que en la que tiene exceso de peso ¿por qué?

—Es muy loco eso. Cuando hay alguien delgado y dice que se cuida es mal visto. Y empiezan las críticas “no vivís la vida, no te das un gusto”. Error. Días pasados estaba en una casa cenando y había una señora con muchos pero muchos kilos de más, y llegó el helado. Entonces se lanzó sobre el pote. Los hijos le dijeron que pare, que estaba haciendo dieta, pero enseguida saltó una amiga: “Pobre, déjenla vivir”. No pude conmigo y le dije: “Si querés que viva decile que no coma, porque si come va a vivir mucho menos”. ¿Odioso, confrontativo? puede ser, pero no es hipócrita. Yo sé que suena doloroso y hasta brutal pero hay que ser claros: si comés mucha porquería y en exceso te vas a enfermar. Se nos terminó el mundo que teníamos cuando éramos chicos con comida casera, en el que íbamos caminando a todos lados, jugando en la calle, aquel tiempo de descansar bien de noche; ahora estamos más debilitados, plagados de ofertas, en un tiempo cómodo y quieto con mucha medicación psiquiátrica que te adormece, no te deja pensar y te lleva a comer mucho más. Yo propongo estar alerta, despierto y en actividad. Entonces puede ser que tengamos otras opciones. Y eso implica cierto esfuerzo, porque si sos de los que se borran, de los que no se hacen cargo, de los que no toman la oportunidad de adelgazar cuando la tienen, tal vez la delgadez no es para vos. Elegís: quiero vivir cómodo dándome todos los gustos y en un cuerpo enfermo o quiero vivir ordenado dándome un gusto cada tanto pero en un cuerpo sano.
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