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Hasta los perroscalienteros estan jodidos en Venezuela



La falta de salsa de tomate, mayonesa y mostaza en los anaqueles y distribuidoras mantiene en un corre corre a los famoso perrocalenteros del eje metropolitano.

Cuentan que un combo de pan con salchichas mantenía un costo de Bs. 280, ahora los adquieren a precio de 360 bolívares así como el galón de las salsas que costaba 345 y actualmente tiene precio de 450 bolívares.
El incremento en los precios ha hecho que un perrocaliente cueste entre 35 y 40 bolívares, consumidores afirman “estar claros” con el alza de las famosas “balas frías”.
Vendedores aseguran que mientras los costos de los materiales aumenten ellos también lo harán en su producto.
“Todos estamos consciente de la situación del país, mientras lo podamos comprar no habrá quejas porque sabemos el alto costo de la vida”, expresó la docente Ilda Sánchez.
Por su parte José Valera, quien lleva mucho años con un carrito de perros ubicado a un lado de la plaza Bolívar de Barcelona, expresó que busca los materiales para preparar los perros calientes donde le avisan que han llegado.
Dijo que tiene que calarse largas colas para poder obtenerlos, explicó que mientras está haciendo su fila deja a otra persona en su puesto de trabajo para que se lo atienda.
Cuenta que la escasez ha golpeado su bolsillo, cuando no consigue en las distribuidoras y establecimientos comerciales los materiales se ve obligado a comprarlas en los puestos de buhoneros y bodegas.
“Las botellas pequeñas de salsa las compro a 60 bolívares, cuando en realidad marca un costo 30 bolívares, los comercios informales siempre le ganan la mitad a cada producto “y que le vamos hacer”, se preguntó Valera.
En cuanto a las ganancias comentó Valera que no son iguales a las del año pasado, aseguró que ahora invierte más pero sus ingresos son menos.
“Tengo una familia que ayudar, mientras se consigan los materiales para trabajar lo seguiré haciendo, pese a la dificultades que se nos presentan algunas veces para continuar”, expresó.
La suerte de Valera no le ha tocado al vendedor de comida Luis García, quien también tiene su puesto en el centro de la ciudad.
García asegura que la distribuidora donde hace sus pedidos no ha dejado de surtirles durante el mes, también indicó que el precio de comida rápida es a consecuencia del incremento de los productos.
“Todavía no me ha tocado tener que hacer colas para comprar los ingredientes, en la semana hago mi pedido y me lo traen”, señaló García.
Ana Lucía Romero, trabajadora informal, expresó que las ventas se mantienen en horas de mediodía y la noche, acotó que pese al aumento de las balas frías que hicieron en el mes de noviembre del año pasado las personas no se han quejado.
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