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Hicieron 'vaca' para pagar la universidad de un bachiller

Hicieron 'vaca' para pagar la universidad de un bachiller sin plata

Estudiantes de la U. de los Andes lograron becar a un muchacho que ya cursa allí una carrera.


“¿Usted qué hizo con los últimos 10.000 pesos que tenía en el bolsillo?”. Eso preguntaban unos noventa universitarios al que fuera pasando por los pasillos de la Universidad de los Andes. “Me tomé una cerveza”, “fui al cine”, “saqué unas fotocopias”, “comí”... respondían los desprevenidos que deambulaban por el campus sin interrogarse si alguna vez habían utilizado ese dinero para ayudar a alguien.

Precisamente, la idea de hacer algo por alguien se ‘cocinó’ en las cabezas de varios miembros del consejo estudiantil de la alma máter y, a mediados del 2013, un grupo se decidió a cambiarle la vida a un joven con deseos de estudiar, una posibilidad real para ellos, pero imposible para unos 50.000 bachilleres de Bogotá.

“La idea era romántica, pero poco factible, porque se tenían que reunir 145 millones de pesos, el valor de la carrera más cara en la Universidad de los Andes, que es Medicina”, dice Alejandro Franco, estudiante de Derecho y Ciencias Políticas y presidente del consejo estudiantil, integrado por 73 jóvenes.

¿Cómo hacer que los 13.000 alumnos que tiene la universidad se unieran para cambiarle la vida a una sola persona a través de una beca, que llamaron ‘Liderandes’, la 1.001, la que surgía del simple deseo de ayudar al otro.

Hicieron de todo. Montaron una plataforma para lograr donaciones en línea y luego comenzaron a tocar varias puertas de la universidad. “No teníamos nada que perder. Por eso llegamos a la vicerrectoría de desarrollo. No lo podíamos creer cuando logramos el espaldarazo institucional. La universidad se comprometió a donar un peso por cada uno que consiguiéramos”, cuenta Juan Manuel Santos, otro de los gestores de la idea, que apenas sobrepasa los 20 años.

La meta se había reducido a la mitad. Sin embargo, lo que faltaba no era poco: 73 millones de pesos. “Entonces pedimos asesoría en la oficina de relaciones públicas y allá nos ayudaron a diseñar una estrategia que nos permitiera recaudar fondos”, relata Maira Lara, estudiante de Economía.

Un tendero se les unió

Así fue como surgieron ‘los embajadores’, los encargados de calar en la conciencia de los afortunados estudiantes para que pensaran que 10.000 o 20.000 pesos podían hacer la diferencia en la vida de una persona.

A los nueve millones que donó el consejo estudiantil se sumó una donación del tendero más conocido de la zona, ‘el Mono’. Sacó sin titubear 15 millones de pesos para la causa.


El tendero Abelardo Londoño (de amarillo) donó $15 millones a la causa.


Dijo que era un acto de agradecimiento porque fueron esos estudiantes los que lo ayudaron a dejar de ser un vendedor ambulante para convertirse en un empresario, dueño de una papelería de cuatro pisos. “Era una forma de demostrarles que la paz no es decir de dientes para afuera que uno es bueno. Hay que actuar todos los días. Así mismo, le llueven a uno bendiciones en la vida”, afirma el tendero.

El resto fueron pequeñas donaciones: una beca de todos y de nadie a la vez. Hubo conciertos y otras actividades, que no tenían otro propósito que preguntar: ‘¿Quiere ayudarle a pagar la universidad a otra persona?’. En menos de una semana, los universitarios recogieron casi 80 millones de pesos, es decir, habían superado el tope.

El elegido

Con la plata en la mano y la felicidad de la meta cumplida había que elegir a quién darle la beca. Tres fueron los requisitos para merecerla: excelencia académica, necesidades económicas y un líder en su barrio. “Pensamos que si escogíamos a alguien con ese perfil, no solo lo ayudábamos a él, sino que, en el futuro, este joven, ya preparado, podría impactar el destino de su comunidad”, dice Silvia Ávila, estudiante de Economía y Administración de Empresas.

Diez fueron los estudiantes preseleccionados. El nombre del elegido se mantendrá en el anonimato porque los estudiantes son conscientes de que ser un alumno becado por razones económicas trae su peso a cuestas. “No queríamos que cargara con esa presión”, dice Alejandro.

No faltó quien les dijera que ayudar a una sola persona no iba a mejorar el país. “Ayudar a una persona sí puede cambiar la realidad de varias”, afirma Silvia.

Ese pequeño logro pudo cambiarles el chip a muchos estudiantes, a algunos que, incluso, no habían pensado en el país después del conflicto. “Esta generación tiene que pensar en la universidad hacia afuera. Cumplir sueños y cambiar vidas es herramienta efectiva para lograr el desarrollo de un país que quiere salir del lastre de la guerra. No fue solo lograr la beca; fue enviar un mensaje”, anota Santos.

Ahora son más conscientes de que en Colombia hay jóvenes iguales o, incluso, más capaces que ellos, pero sin recursos. Precisamente, el joven elegido, cuya realidad social le había impedido entenderse como profesional, comenzó clases en la Universidad de los Andes.

Quienes lo ayudaron ya pueden decir: “Fuimos capaces”.






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