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hincha de velez muerto

Este es un relato q lei en ole q no encontre y la verdad q esta muy bien narrado y te llega mas q como noticia como un llamado de atencion de q algo anda mal en el futbol
(SI ES REPOST AVISEN Y BORRO)





Se me murió encima, mamá". Rubio pajizo, flaco, gorrita calada casi hasta los ojos, el chico está desparramado en el piso y no tiene consuelo. Su madre lo abraza. Su amigo Emanuel ya no tiene esa suerte. Hace tres horas, alrededor de las 16.15, murió de un paro cardiorrespiratorio después de recibir un balazo certero y final en Perito moreno y mariano acosta, justo frente a La Quemita. Emanuel iba con medio cuerpo afuera, gritando por El Fortín, ilusionado con su Vélez de punta y ansioso por ese clásico que estaba por vivir. Viajaba en el cuarto micro de una larga fila de 40 que había partido desde Liniers, como siempre que el equipo juega fuera de casa. Entendió poco y no tuvo tiempo de nada cuando sintió ese ardor en el pecho que terminaría sacándole la vida a los 21 años. La ambulancia del Same llegó a las 16.02 a la esquina de Balbastro y Perito moreno, a unos 200 metros del lugar del impacto. Habían pasado 20 minutos desde el llamado. Emanuel ya agonizaba, se terminó de descomponer en el camino al hospital, entró vomitando y sin una gota de sangre en la herida y murió poco después.

Nadie sabe a ciencia cierta cómo fue. ahora, poco después de las siete de la tarde, pasa un colectivo 132 por la puerta del Hospital Parmenio Piñero. Está repleto de hinchas de San Lorenzo que acusan a los de Huracán por la muerte. Primera hipótesis: el tiro salió del predio del Globo. Desde hacía un buen rato, otra versión indicaba que el balazo había salido desde una parrilla ubicada enfrente de la Quemita, aguantadero habitual de algún sector de la barra de San Lorenzo. Y la Policía había agregado una tercera teoría, la de una interna en la barra de Vélez. Hay una chica que dice haber visto todo: un auto blanco, el verdugo vestido de San Lorenzo que baja y dispara la bala feroz, fatal. Dice que vio todo menos la cara del asesino. Sí, otro asesino invisible.

Por las dudas, en su retirada, la gente de Vélez cubre el espectro más amplio. Después de provocar la suspensión del partido rompiendo el alambrado de la popular; después de amenazar a los jugadores con represalias más graves si el encuentro arrancaba; después de recibir la represión policial con palos, balas de goma y una manguera que no conseguía la suficiente presión de agua; después de todo eso, los barras juntan los trapos y van a saciar su sed de revancha sin tomarse tiempo para investigar ni discernir. La escena es violentísima: los vándalos paran frente a la Quemita y cargan piedras. El empleado de la YPF que está en diagonal corre a guarecerse en el baño de la estación de servicio. El portón de ingreso al predio de Huracán cede bajo el peso de varios cuerpos descontrolados, se dobla como una hoja tierna desafiando su carácter de hierro. Enfrente, vuelan mesas, sillas, ventanas. Saltan los vidrios del restaurante. La Policía no aparece. Apenas un agente mira a la distancia, tan escondido como el empleado del surtidor. El comisario Guillermo Benedicto, de la seccional 34, es contundente: "El operativo no falló, fue perfecto. El hecho se produjo fuera de nuestra jurisdicción (es terreno de la 36). La responsable es la División Operativos". Graciela y Hugo, los padres de Emanuel, no llegan a escuchar semejante conclusión. Están llorando desconsolados a unos metros de donde yace el cuerpo muerto de su único hijo. Seguro no coincidirían con el oficial.

El helicóptero sobrevuela el hospital como no lo hizo en la zona del asesinato, una burla. Las cotorras hacen un escándalo en las palmeras del jardín y cruzan el aire como flechas. Hay unas veinte personas, entre curiosos y pacientes, parapetadas por encima del estacionamiento. Abajo, Graciela llora su pena inmensa. Le pasan un celular. Se para, se tambalea, vuelve a sentarse en la silla roja de plástico. Pide que la acompañen al edificio de la guardia. Llega un amigo de Emanuel y la estruja en un abrazo. Ella lo deja hacer, entregada, y llora. Sigue llorando. Tiene los pómulos irritados de tanto llorar. Hugo, a un costado, parece levitar. Habla, abraza, llora, escucha a los dirigentes de Vélez que se ponen a disposición, recibe las condolencias, se toma la cabeza, busca amparo en su sólida formación religiosa. Tiene la vista perdida un punto inexacto. Quizá en algún recuerdo. Tal vez en algún sueño que se le esfuma.

Recién hoy, a las 11 de la mañana, Graciela y Hugo dispondrán del cuerpo, después de la autopsia (anoche se hizo el traslado a la morgue). Una autopsia que detallará su muerte por un tiro que nadie sabe de dónde salió. Emanuel ya no podrá seguir trabajando ni estudiando como lo hacía. Es otro muerto de nadie. De Huracán. De San Lorenzo. De Vélez. De la Quemita. De la parrilla. Del fútbol. De todos. Sí, Emanuel es otro muerto de todos nosotros.
fuente;http://www.ole.clarin.com/notas/2008/03/16/futbollocal/01629889.html
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