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Hitman absolution

Hace unos meses ya pudimos ver el primer fragmento jugado del juego. Fue impresionante, emocionante, impactante y tal, pero no tenía casi nada en común con el estilo del Agente 47. Los que seguimos la saga con interés sabemos que las virtudes de Hitman son la libertad de acción, la amplia variedad de opciones para cumplir con cada misión y, sobre todo, el sigilo. He probado una nueva demo que estará presente en el E3 y puedo decir que ese primer metraje estaba más enfocado a presumir de gráficos e inteligencia artificial de los enemigos. Pero ahora sí, este sí que es el calvo con el que nos casamos.

La fase que nos ocupa se llama «King of Chinatown». Como el nombre indica, transcurre en Chinatown. Tras haber sido traicionado por las pocas personas en las que confiaba, el Agente 47 se aferra a la única persona que le ha tendido la mano, un tal Birdie, pero este, antes de ayudarle, le pide un encargo: que acabe con el rey de Chinatown, el jefe de la tríada del barrio. El agente se traslada a la zona y comienza la fase.

Lo primero que salta a la vista es el potente motor gráfico que acompaña al juego. El Glacier 2 proporciona un componente visual muy atractivo. La ambientación está muy bien conseguida, con efectos de luz cinematográficos, modelados muy detallados y texturas bien definidas. El componente estrella de Glacier 2 es la capacidad de mostrar en pantalla a un gran número de personajes al mismo tiempo. En el caso de esta fase, el número es cercano a las 500 personas, pero es capaz de llegar a las 1500, y sin despeinarse. No hay ralentizaciones en absoluto. Esto le da una especial vitalidad al escenario, por un lado, pero, por otro, esos personajes están ahí sin más, moviéndose e interactuando entre ellos. En Absolution la física de colisiones es muy permisiva: el Agente 47 pasa por entre las multitudes lo hiciera por un campo de trigo. Pero, como os digo, el entorno es tremendamente realista y vivo.




Doy gracias a que los escenarios de Absoultion están tan bien construidos y detallados, porque la observación es lo más importante si queremos tener éxito en las misiones. Superado el momento de síndrome de Stendhal, la máquina nos propone que activemos el Modo Instinto para localizar a los personajes más relevantes entre todo el gentío. El rey de Chinatown aparece marcado en rojo brillante, así como los policías que patrullan por la zona. Además, podemos ver armas, pistas para asesinatos, atajos, los movimientos de los enemigos, etc. Es una habilidad que se asemeja al Modo Detective de Batman o a la Vista de Águila de Altair o Ezzio. Ese tipo de característica que los desarrolladores incluyen para hacer el juego más asequible en términos de dificultad para los novatos en la saga —y las personas menos pacientes, claro. Eso sí, siempre podemos variar la dificultad para calibrar el reto al que nos enfrentemos.

Habiendo localizado al rey de Chinatown, se nos abre un abanico inmenso de posibilidades para acabar con él. La primera podría ser desenfundar las dos pistolas que llevamos encima y liarnos a tiros con todo dios sin más. Rápido y muy sucio. Si optamos por respetar la profesión y el anonimato del pobre Agente 47, lo mejor es tener paciencia y darse una vuelta por todo el mapa. Como un escritor que busca inspirarse con una paseo por el parque, 47 va nutriendo su imaginación: un cuchillo, una trampilla en el suelo, el plato de comida del rey, un vial de veneno, unos palés colgando justo encima del sitio con más cobertura móvil de la zona, el coche del rey… Muy oportuno todo, pero no siempre obvio. Hay que sintonizarse en la mentalidad de un asesino antes de poder ver todas las posibilidades.

Un acercamiento recomendable incluye al camello personal del rey. Os lo explico. En un momento se le puede ver comentando unos asuntos con el rey. Acto seguido se aleja, por lo que le seguimos con mucha cautela, para no levantar sospechas. El pobre hombre tiene la idea de dirigirse hacia un callejón solitario, por lo que le premiamos con un corte de cuello. Cambiamos de indumentaria y escondemos el cadáver. Después nos dirigimos al rey y le guiamos hasta el piso del camello. Allí dentro, el procedimiento es sencillo: podemos envenenar la droga, cortarle el cuello, estrangularle con el clásico cable de fibra de 47… Finalmente escondemos el cadáver, recuperamos nuestro traje en el callejón y salimos del mapa triunfales e inadvertidos.




El número de acercamientos es muy amplio, y todos ellos son válidos. Digo esto porque el propio juego nos reconoce cada tipo de muerte y nos otorga una puntuación al llevarlas a cabo. También tiene en cuenta factores como el sigilo, la originalidad y la efectividad de nuestra actuación. Con esto querremos volver a jugar cada misión hasta exprimirla al 100%. Solo en la fase de Chinatown debe de haber más de diez formas de cumplir con el objetivo, así que calculad.

Es interesante el concepto de libertad de acción que nos brinda Hitman. El juego, a pesar de estar muy delimitado en lo que respecta a los scripts de los personajes no jugables, deja totalmente libre la actuación del protagonista del juego, que somos nosotros. Tenemos que estudiar la acción que tiene lugar desde que llegamos al mapa, casi como quien estudia una obra de teatro, y trazar nuestro guion, conocer los tiempos y comprender la intensidad de nuestra actuación. Solo de esta forma tendrá sentido nuestra presencia en la escena y solo nosotros podemos cambiar el transcurso de cada acto, que siempre es diferente.

Seguidores de Hitman, podéis estar tranquilos. Las cinemáticas y las demos que han salido hasta ahora son simples reclamos publicitarios para llamar la atención. El Agente 47 no es así, él es más reservado: no ha perdido su identidad, la tiene bien tatuada en la nuca y en el corazón. Hitman Absolution será silencioso, pero camina seguro hacia un éxito estruendoso.
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