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Hombre sin cerebelo está ayudando a la ciencia

Jonathan Keleher tiene 33 años y nació sin cerebelo. El estudio de su caso ha servido a los científicos para descubrir que las funciones de este órgano son mucho más amplias de lo que se creía y no se limitan al movimiento motor fino.



Si a cualquiera de nosotros nos preguntaran por la función del cerebelo la mayoría nos limitaríamos a explicar lo que viene en todos los libros de texto, que se encarga de regular el movimiento motor fino y que es especialmente eficiente en personas que han desarrollado y entrenado habilidades físicas como los deportistas. Pero el caso de Jonathan Keleher está cambiando lo que sabíamos sobre esta parte del encéfalo.

Este estadounidense de 33 años es una de las pocas personas del mundo que nació sin cerebelo, la estructura que contiene la mitad de las neuronas del sistema nervioso. Durante los primeros cinco años de vida, sus padres le llevaron a distintos especialistas porque tenía dificultades para desarrollar el habla, sentarse o caminar. Hasta que un escáner desubrió que donde los demás tenían el cerebelo, Jonahthan tenía un espacio en blanco. Casualmente, su caso cayó en manos del doctor Jeremy Schmahmann, especialista de neurología en Harvard y en el Hospital General de Massachusetts General Hospital, donde ha seguido su evolución todo este tiempo.

A pesar de las dificultades de no tener un cerebelo, Jonhathan ha mejorado mucho sus capacidades y hoy día lleva una vida más o menos normal, con algunas limitaciones. Su habla y su manera de caminar son un poco especiales, pero puede desarrollar un trabajo y valerse perfectamente por sí mismo. "Soy bueno en mi trabajo y con la gente", explica en NPR al reportero Jon Hamilton que ha contado su historia. También tiene una buena memoria a largo plazo, pero tiene problemas con el pensamiento abstracto y con el diseño de estrategias



Estudiando el caso de Jonhathan, Schmahmann ha podido confirmar algunas de las cosas que había visto en estudios anteriores. Hace unos años descubrió, por ejemplo, que el cerebelo está ampliamente conectado a áreas del cerebro que desarrollan tareas mentales consideradas superiores, más allá del simple movimiento, como el uso del lenguaje, la capacidad para leer mapas y la planificación. Los estudios con neuroimagen posteriores confirmaron que el cerebelo estaba implicado en la actividad relacionada con estas capacidades.

Lo que han visto en el caso de Jonhathan es que el cerebelo interviene en aspectos de la inteligencia, de la personalidad y del proceso emocional. Aparte de que su capacidad para conducir no es buena (no ha vuelto a hacerlo desde que destrozó el coche de su padre, reconoce) su hermana relata que le cuesta interiorizar conceptos y que no es un buen conversador. "No se introduce realmente en ese nivel profundo de conversación que construye las relaciones fuertes. Ese tipo de cosas que sirven para iniciar una relación romántica o una amistad de por vida", asegura en NPR. También ha habido que enseñarle otras cosas que la gente con cerebelo aprende rápidamente, como hablar con claridad, comportarse en las relaciones sociales o mostrar sus emociones.



El equipo de Schmahmann también ha seguido las capacidades de Jonhattan desde su adolescencia hasta hoy mediante una serie de tests como el que consiste en reproducir un dibujo de una estructura compleja. La evolución entre los dibujos hechos con 15, 19 y 30 años muestra una mejora continua en la capacidad de planificación gracias al trabajo de rehabilitación.

Los dibujos de las primeras etapas, en cambio, muestran esos problemas que provoca la ausencia de cerebelo y de los que no se sospechaba, como la capacidad para diseñar una estrategia ante una tarea que requiera cierta dificultad o sus problemas para identificar caras.

El trabajo de Schmahmann es especialmente interesante porque puede ayudar a muchos otros pacientes con daño en el cerebelo y porque apunta algunas pistas para entender otras enfermedades en las que esta estructura del encéfalo podría estar implicada, como el autismo o la esquizofrenia. Si consiguen juntar las piezas de ese puzle, es posible que se pudieran diseñar en el futuro estrategias para a mejorar la vida de estas personas, pero ese camino está aún por recorrer.
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