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Inflación. La mentira y su impacto en la pobreza

En los últimos años estamos viviendo en Argentina, como tantas otras veces en el pasado, un proceso inflacionario. Esto podría equipararse con un adicto que luego de un largo período de abstinencia vuelve a tomar. A diferencia de otras épocas, lo primero que ha desaparecido con el resurgimiento de la inflación es la verdad. Verdad acerca de las explicaciones reales sobre lo que es, sus causas y efectos.



Desde los cuidadores del adicto (el gobierno) se han lanzado masivamente discursos justificatorios acerca de que “un poco de inflación no hace mal”. Algo así como “el ex adicto puede volver a tomar un poco, que no le va a hacer mal “ No vamos a pretender acá hacer un tratado científico y técnico sobre el tema, sino tratar de traducir todo a un lenguaje de ciudadano de a pie.

¿Qué es la inflación? En una de sus varias acepciones, se puede decir que la inflación es el crecimiento continuo y generalizado de los precios de los bienes y servicios existentes en una economía. La forma de medir la inflación es a través de la evolución de índices de precios.
Cada persona, cada familia, cada PYME sufre su “propio” proceso inflacionario. Por ende, se podría suponer que cada persona, familia o PYME debería tener su propio índice de los precios que lo afectan directamente en su vida cotidiana. Esto se asume como sumamente complejo, por lo tanto se ha aceptado generalmente, en un gesto de civilización, “delegar” en el Estado (Nacional en este caso) la elaboración de las estadísticas que afectan a todo un país y sus habitantes, en particular los índices de precios, en la confianza que lo harían mejor que nadie y de manera confiable, por estar teóricamente representando los intereses generales de los ciudadanos.

¿Por qué habría de medirse la inflación? Cuando estamos enfermos, aún sin saber la causa ni la enfermedad, nos damos cuenta de su existencia por la aparición de fiebre (inflación). Lo primero que hacemos es recurrir al termómetro para medir la fiebre. Para medir la inflación se recurre a los “índices de precios”. Dejamos resaltado que inflación es la consecuencia de algo malo, como una enfermedad, que afecta a una economía de un país, y por ende a sus habitantes. Y por lo tanto sería fundamental medirla, para detectarla, para pasar luego, si se quisiera, a combatirla en sus causas.



¿Cuáles serían los factores principales que produjeron la vuelta de la inflación en Argentina?

1- Causa disfrazada por el Gobierno como de 'enfermo en franca recuperación' :
Puja distributiva entre los distintos actores de una economía
aumentos salariales por sobre aumentos de productividad empresarial

2- Causas disfrazadas por el Gobierno como problemas temporales del enfermo y siempre próximos a solucionarse:
concentración de la oferta en mercados oligopólicos o monopólicos
insuficiencia de la inversión que aumente la oferta de la economía
inercia inflacionaria y expectativas de mayores aumentos de precios

3- Causas originadas por accionar directo de políticas del gobierno (esto sí es darle la medicación equivocada al paciente):
- Aumento del Gasto Público financiado por emisión monetaria
Las causas de tipo 1- y 2- explican el reinicio del proceso inflacionario en Argentina, por 2006 y 2007, con la influencia adicional de una inflación mundial de alimentos explicada por el gran salto en los valores internacionales de las materias primas que se venía dando. En este contexto el gobierno nacional decide intervenir el INDEC a fines de 2006, y con ello la elaboración de los índices de precios (medidores de la fiebre generada por la enfermedad), en especial el IPC (Indice de precios al Consumidor). Luego a partir de 2008, a partir de la causa tipo 3-, la economía pasa a una inflación de 2 dígitos, lo cual acentúa dramáticamente la percepción entre inflación real y la reflejada oficialmente por el Indec.




¿Por qué estaría interesado el gobierno nacional en mentir, y seguir mintiendo, acerca de la inflación?

Motivación tipo I): Intervenir los índices de inflación (en especial el IPC) le permite al gobierno incidir en las mediciones de otros factores que reflejan una mejor marcha de la economía. Sin dudas, ha resultado una irresistible tentación. Se podría afirmar que así se inició todo:

Motivo 1: para disminuir los intereses de los bonos de deuda ajustados por CER
CER: Coeficiente de Estabilización de referencia, elaborado por el Banco Central en base al IPC. Inciden de manera importante en el pago de la deuda pública contraída desde 2002. Se estima que casi la mitad de la deuda pública se ajusta por CER, y que por cada punto de inflación, los bonos públicos ajustados de esta manera devengan aproximadamente 400 millones de pesos.

Motivo 2: para que el indicador de crecimiento económico sea mayor
Al deflactar -corregir efecto inflación- por un índice menor al real esta variable queda afectada vitalmente. La tasa de crecimiento se vuelve “china”.
Motivación tipo II): Tal vez nuestros gobernantes se hayan ido dado cuenta que, persistiendo en esta actitud, este camino además les permitiría ir hacia una Argentina SIN POBREZA en las estadísticas, en los registros históricos. En definitiva, a pesar de la mentira, lo que quedará como “verdad registrada” dentro de muchos años.

Motivo 3: para que el número de personas debajo de la línea de pobreza sea menor
La cantidad de pobres e indigentes es, sin duda, el principal indicador que permite medir la bondad de una política económica. El INDEC además de los índices de precios también mide:
- la línea de pobreza mediante la medición de la evolución de los precios de una “canasta básica total CBT” (hoy esa línea está en $ 1.421,41) que incluye comestibles básicos, indumentaria y algunos servicios como salud, educación y transporte, para un grupo familiar de matrimonio y 2 hijos de 5 y 8 años. En otras palabras, todo grupo familiar con ingresos por arriba de esa línea demarcatoria no está en zona de pobreza. Por ejemplo, como simple elemento para intuír la mentira, una familia de estas características que percibe un ingreso equivalente al Salario Mínimo Vital y Móvil ($ 1840.-) pertenecería a la clase media, según el Indec.
la línea de indigencia mediante la medición de la evolución de los precios de una “canasta básica alimentaria CBA” (hoy en $ 645,38) que incluye sólo bienes comestibles también para un matrimonio y 2 hijos. Esto no resiste análisis. Según el Indec, cada persona de ese grupo puede comer con $5,38 cada uno por día las 4 comidas diarias. Casi de ciencia ficción.




¿Cómo incide en esta farsa la medición de los Indices de Precios?

Los precios de los elementos integrantes de estas canastas pasan a ser fundamentales para determinar si un gran porcentaje de la población cae dentro ó fuera de la línea demarcatoria de la pobreza. Si los precios permanecen bajos, se podrá argumentar que con ingresos familiares apenas aumentados la población puede comprar más que si los precios de los bienes resultaran elevados. La manipulación sobre los índices de precios disminuye (en los papeles) los precios, los hace permanecer bajos. Por tanto, si el INDEC mantiene de esta manera esos precios (no reconociendo la inflación real), está incidiendo directamente sobre los índices de pobreza y de indigencia, permitiendo ocultar de manera maliciosa una cruel realidad.
La gran mayoría de los pobres e indigentes de Argentina se convierten así en una entelequia, “no existen”, “están desaparecidos”. Y lo más grave, como consecuencia directa de ello, es que si una realidad socio económica es declarada oficialmente como “inexistente”, menos aún tendrá posibilidades de recibir políticas que solucionen efectivamente sus problemas.

Y llegamos por último al motivo que efectivamente se mete en el bolsillo, la mesa y la cama de gran parte de los argentinos:

Motivo 4: para minoración de aumentos salariales

El actual modelo económico de tipo de cambio alto (“competitivo”, a decir de los funcionarios) implica necesariamente salarios que no aumenten demasiado en dólares. Para ello el gobierno impulsa convenios salariales que contemplan aumentos situados en algún punto entre la inflación oficial y la real. Esto permite hacer alarde oficial del incremento del ingreso de los trabajadores en el PBI, cuando la realidad es que se trata de un deterioro permanente, aún hablando de los trabajadores amparados en estos convenios debido al efecto tiempo en que tardan en recomponerse sus salarios. Estos trabajadores además constituyen apenas una parte de la Población Económicamente Activa. La otra parte queda librada a su suerte, en grave desigualdad de condiciones.

Estamos entonces aquí en el punto determinante en que la intervención del Indec en la elaboración de los índices de precios ya no es meramente un dibujo que incide sobre grandes variables ó mediciones de la economía y nada más. Acá en este punto se empiezan a meter con las condiciones reales de vida de las personas. Que el termómetro ande mal ó esté roto en principio no nos dice nada. Este asunto de mentir oficialmente acerca de la inflación se vuelve grave cuando un grupo familiar no puede recomponer sus ingresos familiares en la medida que se deteriora, y empieza a no rendir como hace un mes ó una semana. Cuando se empieza a tomar conciencia que ni bien ingresa un peso conviene convertirlo cuanto antes en un bien necesario para la subsistencia antes que aumente su precio.
Porque en realidad otra forma de ver la inflación también puede ser como la huída del peso hacia bienes u otras monedas que sirvan de refugio (así quedaría explicado también gran parte del boom “consumista”). En el siguiente gráfico podemos intuir la suerte de los distintos sectores de la Población Económicamente Activa (y de sus familias) ante una supuesta inflación real, y que nos permitiría concluir que otra de las acepciones de la inflación bien podría ser la de ser vista como una “máquina de fabricar pobreza”, ó un sistema de redistribución de ingresos al revés.
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