Check the new version here

Popular channels

Isabel Preysler: el amargo adiós al gran amor de su vida



El pasado sábado, 27 de septiembre, Miguel Boyer (75) se sintió indispuesto y acudió junto a su esposa, Isabel Preysler (63), al hospital Ruber Internacional para someterse a una revisión de urgencia. Nada alarmó a los médicos, que decidieron enviarle a casa. Al día siguiente, lo pasó en familia celebrando, con 24 horas de adelanto, su santo. "Fue una comida muy agradable. Miguel quería que Ana estuviera y como entre semana trabaja, decidieron celebrarlo un día antes", aseguran fuentes familiares a LOC.

Nada hacía presagiar el fatídico desenlace. La madrugada del lunes, Miguel amaneció casi sin poder respirar. Junto a Isabel y Ana salieron precipitadamente de nuevo hasta el citado centro hospitalario. Eran las 8.30 horas y Boyer ingresó de urgencia. Isabel y Ana aguardaban en la sala de espera. A las 9.30 horas, la doctora Mercedes Cuesta, directora médica del centro, les certificó el fallecimiento de su marido y padre, a causa de un tromboembolismo pulmonar. No se pudieron despedir de él: "Ésa es su mayor pena. Es algo que les va a costar superar", prosiguen.

Apenas habían pasado tres horas de la muerte, cuando el también ex ministro de Economía y amigo íntimo del matrimonio, Carlos Solchaga, atendía a los medios de comunicación a la puerta del Ruber. "Isabel, como es natural, está desolada porque todo ha sido muy repentino. Yo tampoco he podido despedirme de él, tenía pensado ir después del verano a verle, pero no pude. Era mi amigo, mi compañero político".

FAMILIA
Preysler telefoneó a sus hijos Enrique y Chabeli para decirles que no vinieran al entierro, y que atendieran sus compromisos
A las 14.00 horas, los restos mortales del ex político salieron hacia el madrileño tanatorio Parque de San Isidro. La viuda, su hija Ana, Tamara (hija del marqués de Griñón, aunque él siempre la trató como suya), así como otros familiares, abandonaron el hospital en dirección al domicilio familiar en la exclusiva zona de Puerta de Hierro, en Madrid. Durante cuatro horas, Isabel no dejó de llorar; seguía conmocionada por lo que acababa de suceder unas horas antes. Sólo sus íntimas, Carmen Martínez-Bordiú, Nuria González, mujer de Fernando Fernández Tápias, y Cari Lapique vivieron el 'shock post mortem' junto a Isabel. Allí aprovechó para hablar con sus otros tres hijos, Julio José, Enrique y Chabeli.

"Aunque ellos insistieron en venir a Madrid, ella les pidió expresamente que no se movieran, que debían atender sus compromisos profesionales, sobre todo Enrique, que tenía concierto", relatan. A las 18.00 horas, Isabel sacó fuerzas de donde pudo para llegar al tanatorio cogida de la mano de su hija Ana y de su tía María Mercedes Reinares y Arrastia, embajadora de Filipinas ante la Santa Sede y a la que muchos confundieron con la madre de Preysler. Betty Arrastia, progenitora de la 'socialité', se encontraba en el país asiático.

Durante las casi cuatro horas que permaneció abierto el velatorio, fueron muchos los que acudieron para despedirse. Entre ellos, grandes amigos de Miguel, como el banquero José María Amusátegui y su esposa Amalia de León, en cuya casa de Marbella la pareja estuvo de incógnito una semana este verano. Otra de las que arropó en tan duro momento a la familia fue Petra Mateos, jefa de Gabinete cuando Boyer asumió la presidencia del Banco Exterior de España, además de confidente en los comienzos de su relación con Isabel. Hubo una sala destinada exclusivamente para los amigos íntimos de Ana.


Poca presencia socialista, a pesar de que fue militante del PSOE desde los años 60 hasta que abandonó el partido en 1985. Aunque Alfonso Guerra se enfrentó políticamente a él, le llamó cuando sufrió el ictus y ha seguido preocupado por su evolución. El tiempo cura las heridas. Otras personalidades que quisieron decirle adiós fueron Mario Vargas Llosa, Nobel de Literatura, o el periodista Iñaki Gabilondo, quien compartió con Miguel su último acto público. Fue en enero de 2013 cuando Boyer participó en un coloquio del Club Siglo XXI. "Gracias a mi mujer me he salvado", dijo en su reencuentro con la prensa.

VIUDA
Recluida en su casa de Puerta de Hierro, Isabel "está hundida, no coge el teléfono a nadie, ni siquiera a sus más íntimos"
Por eso quizás la noche de este lunes fue tan dura para Isabel. "Gracias, muchas gracias" expresaba sobre las 21.30 horas de la noche, cuando abandonaba el tanatorio. Todavía con las gafas de sol, que ocultaban unos ojos ahogados en llanto. Se trasladó de nuevo al domicilio, donde no pegó ni ojo acompañada por sus hijas. Una noche de dolor que dio paso a una mañana de tristeza: la del último adiós. Sobre las 11.00 horas del martes, la familia Boyer-Preysler acudía al cementerio de San Isidro. Isabel recibió el apoyo de dos jóvenes. A la entrada, el tenista Fernando Verdasco (30), pareja de Ana, la llevaba de la mano. El deportista viajó desde Pekín para arropar a su novia y su familia. De esta forma, quedaba patente la seriedad del compromiso sentimental entre ambos.

A la salida del entierro, Isabel se apoyó en otro joven, Hugo Imedio (25), uno de los nietos de Miguel, hijo de Laura, fruto del primer matrimonio de éste con la ginecóloga Elena Arnedo. Las diferencias entre el ex ministro y sus hijos se habían arreglado a lo largo de estos años. "Miguel no dejó instrucciones a nadie de cómo proceder tras su muerte. Como agnóstico y de izquierdas, lo lógico es que hubiera elegido el cementerio civil para ser enterrado. Pero sus hijas y su esposa decidieron enterrarle en San Isidro, y así tener un lugar donde poder ir a rezarle y ponerle flores", aseguran. A las 14.00 horas, partieron de nuevo a la residencia familiar, de donde Isabel no ha salido hasta el momento.

"Está hundida, no coge el teléfono a nadie, ni a sus más íntimos. Como buena oriental que es, no exterioriza nada, es muy introvertida y disciplinada. Unas cualidades que le han servido para sobrellevar mejor la enfermedad de su marido, del que no se ha separado apenas en esta última etapa de recuperación". Miguel llevaba más de dos años intentando superar un ictus que sufrió en febrero de 2012. Jaime de Marichalar, quien sufrió una isquemia cerebral en 2001, le recomendó el centro Lescer, especializado en rehabilitación neurológica, cercano al domicilio familiar de Boyer. Hasta allí acudió durante un tiempo, pero lo abandonó porque no se sentía cómodo rodeado de otros pacientes. A partir de entonces, le atendían cuatro profesionales, entre ellos dos fisioterapeutas, en su casa.

ECONOMÍA SANEADA

Isabel seguirá viviendo en la mansión familiar. Ubicada en la lujosa Puerta de Hierro, en Madrid, aquí recalan sus amigos y familiares. "A ella le gusta recibir y todas sus amigas que vienen de fuera se quedan allí. Además, hizo obras para que Miguel tuviera mayor movilidad e independencia". La muerte de Boyer no afectará económicamente a Preysler, ya que el domicilio conyugal está más que pagado. Además, Preysler tiene unos ingresos elevados que cubren de sobra su mantenimiento. Lo que sí es probable es que remodele en breve parte de Villa Meona, su casa, llamada así por algunos por sus 14 baños.

Un hogar que no tiene secretos para el público, ya que en 1992 la revista ¡Hola! -una de las principales fuentes de ingreso para Isabel- publicó las fotos de cada una de las estancias, coincidiendo con el décimo aniversario de la llegada de los socialistas al poder. Esto les dañó mucho la imagen. Se vendieron un millón de ejemplares. El efecto boomerang del reportaje estuvo a punto de hundir para siempre a Isabel y Miguel. Muchos amigos del PSOE le dieron la espalda y juraron no hablarle más: la economía española hacía aguas por todas partes. Casi un mes después, Isabel intentó enderezar su imagen, yendo al popular barrio de Carabanchel a visitar a su cocinera, que había dado a luz. Algo en lo que insisten mucho las amigas de Isabel es en el hecho de que, según ellas, ésta se enamoró de Miguel cuando "era un don nadie", aunque él hasta su separación vivió en un chalé de El Viso, regalo de los padres de su primera mujer. Miguel era un hombre rico con fama de pobre.

TESTAMENTO
No se esperan sorpresas. Además de Ana, Boyer había retomado la relación con sus otros dos hijos, fruto de su primer matrimonio
Heredó, al igual que sus otros tres hermanos, Christian, Agustín y Nicolás, este último ya fallecido, cientos de millones de pesetas en los años 70 de su abuela Carmen y una hermana de su madre. A eso, hay que añadir el edificio familiar de la calle Velázquez, número 7, en pleno barrio de Salamanca, que vendieron por más de seis millones de euros. También atesoraba una colección de arte familiar y una casona en San Juan de Luz, en la costa sur francesa. Boyer ha vivido con holgura, pero hasta que se incorporó en 1993 como vicepresidente de FCC, imperio de las hermanas Koplowitz, no ganó dinero realmente. Se negó siempre a ser un señorito y prefería ser un hombre hecho a sí mismo. En los próximos días se dará lectura del testamento. Estarán presentes sus tres hijos, Laura, Miguel y Ana. También su viuda, Isabel, con la que se casó en régimen de separación de bienes. Nadie espera sorpresas, pues serán sus hijos los herederos finales.

Pocas profesionales ganan lo que Preysler sin salir de casa. Su sustento son su revista de cabecera y el contrato que firmó con Porcelanosa, por el que ingresa alrededor de 300.000 euros anuales. Ganaba más que su marido. Tanto es así, que a pesar de la factura que tuvieron que pagar por el primer reportaje, nunca le prohibió que los hiciera. El sustento de Isabel es a la vez su mayor secreto: conseguir estar en el candelero durante tantos años sin haber hecho nada relevante en la vida. Pero los gastos diarios de la recuperación de Boyer han supuesto un desembolso importante para la economía familiar estos dos últimos años. Isabel no ha escatimado en medios y ha dispuesto alrededor de 6.000 euros mensuales para los cuidados a domicilio de su marido. La rehabilitación más modesta en el Centro Lescer cuesta alrededor de 2.000 euros.

FUTURO
Preysler quiere desaparecer del foco mediático. Atenderá sus compromisos profesionales y viajará con más frecuencia a Miami
En los últimos tiempos, la pareja disfrutaba de una eterna luna de miel. Lo que más les gustaba era ver juntos películas antiguas en casa. En tres contadas ocasiones, Isabel se separó de Miguel. Una de ellas fue para asistir a la proclamación de Felipe VI. Este hecho hizo circular el bulo de una relación con el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez. Una información que este suplemento desmintió y que a Preysler le hizo mucho daño.

"A partir de ahora, va a viajar mucho, sobre todo a Miami, para estar cerca de sus hijos a los que no ha visitado en estos últimos dos años. Quiere desparecer del foco mediático", comentan. Hay una serie de compromisos adquiridos previos a la repentina muerte de Miguel. En unas semanas, Isabel se trasladará hasta su país natal para la promoción navideña anual de Porcelanosa. En el viaje, le acompañará seguro su hija Tamara. Si Ana también, está por ver. A la reina de corazones se le ha roto el corazón.
0
0
0
0
0No comments yet