ISIS la barbarie arrasa con el patrimonio de la humanidad

EL AVANCE DEL ISIS.Los ultraislámicos destruyen ciudades y obras milenarias, en una cruzada oscurantista contra las idolatrías de “dioses paganos”. Los sitios arqueológicos de Siria e Iraq, devastados por el tráfico ilegal que llega hasta Europa.





Las imponentes ruinas de la antigüedad que proliferan en Siria e Irak, fecunda ruta que conectó durante siglos a Oriente y Occidente, están en peligro de desaparecer. Estas milenarias obras forjadas por asirios, caldeos, babilonios, persas o romanos se convirtieron, en plena modernidad, en abyectas representaciones idólatras para la mirada oscurantista del fundamentalismo del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés), u objetos pueriles para el militarismo de regímenes como el sirio, que deja caer sus bombas en ciudades ancestrales.
La destrucción comenzó hace tiempo, pero se aceleró en los dos últimos años. Patrimonios de la humanidad como las ruinas de las ciudades de Palmira, con sus magníficas columnas romanas, o la de Nimrud, con sus estatuas asirias, quedaron irremediablemente destrozadas.
La expansión de los yihadistas del ISIS tuvo mucho que ver. La idolatría, fuente de inspiración para artistas de la antigüedad, representa para ellos un repudiable acto de paganismo que merece su destrucción. Esta visión rígida y medieval los llevó a arrasar las estatuas y relieves milenarios en el Museo de la Civilización de Mosul o las ruinas de Hatra, ciudades iraquíes, de más de 2.000 años.



Siria lleva casi cuatro años bajo una guerra civil. Los enfrentamientos entre las tropas del régimen de Bashar Al Assad y los yihadistas del ISIS, devastaron los yacimientos arqueológicos de la zona y las fascinantes ruinas del lugar, como la ciudadela de Aleppo, del siglo XIII. Pero los disparos y las bombas no son los únicos causantes de la destrucción, según la Unesco, sino también los saqueos.



Los extremistas vienen financiando su lucha con la venta clandestina de petróleo de los pozos conquistados y los secuestros extorsivos, pero también con la venta de objetos antiguos. Hay una creciente rapiña de valiosísimas piezas milenarias, que son vendidas a intermediarios en Jordania, Líbano y Turquía. El precio sube ostensiblemente cuando llegan al circuito de coleccionistas de Europa o Estados Unidos.
Un reciente informe de la BBC mostraba a un periodista en Beirut, tratando de comprar una de estas piezas. A los diez minutos de haber llegado al lugar ya le estaban ofreciendo valiosos objetos. Algunos de ellos costaban un millón de euros. También le daban como alternativa enviárselos al extranjero.
La comercialización se hizo tan vulgar que a principios de este mes las Naciones Unidas tuvo que prohibir el comercio de antigüedades robadas procedentes de Siria. “Quien comercia de manera ilegal con antigüedades sirias está financiando el terrorismo”, afirmó Edouardo Planche, responsable de la Unesco para combatir el tráfico de bienes culturales. Según el especialista, muchos cuidadores que había antes en los sitios arqueológicos los tuvieron que abandonar porque nadie les pagaba su sueldo y la violencia era cada día mayor.
De acuerdo a un informe de la ONU, desde el inicio de la guerra civil en Siria, en marzo de 2011, casi 300 sitios históricos resultaron dañados. Entre ellos figura el famoso Crac de los Caballeros, un castillo de la época de las Cruzadas que había sido declarado Patrimonio de la Humanidad. También la medieval ciudadela de Aleppo y su bazar. Ambos fueron arrasados por la artillería y la aviación de Assad. “Antes había allí locales de antigüedades y librerías. Hoy reina el más absoluto vacío”, afirma Adnan Hadad, un activista de Siria.


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Si la brutalidad de la guerra borró del mapa estas riquezas arqueológicas, el extremismo religioso del ISIS fue aún más allá. La venta de antigüedades en el mercado negro les dio buenos dividendos en el último año, pero les resultó imposible sacarle beneficio alguno a las imponentes estatuas que adornan murallas y ciudadelas en la región de la antigua Mesopotamia. Contra ellas decidieron llevar a cabo su cruzada anti-paganismo.
Sólo en Irak el ISIS controla casi 1.800 de los 12.000 sitios arqueológicos registrados en el país. Entre los más importantes figuran la antiquísima Nínive, Nimrud, Dur Sharrukin y Ashur. En diferentes momentos fueron capitales del poderoso imperio Asirio, que tuvo su esplendor en el siglo X antes de Cristo. En Siria los yihadistas dominan la mayor parte del este y grandes regiones del norte, donde hay numerosas excavaciones arqueológicos.
En Mosul no se conformaron con reducir a polvo las estatuas del museo central, también quemaron los libros y pergaminos que había en la biblioteca. En Hatra, de arquitectura grecorromana y ornamentaciones orientales, hubo otra barbarie. Según el gobierno de Irak, barrieron con gran parte de esta ciudad de principios del siglo II antes de Cristo. Inclusive se cree que destruyeron su sofisticado sistema de baños, adornados con mosaicos y relieves.
Cuando las mazas y los martillos hidráulicos destruyeron el museo de Mosul, el ISIS grabó un video donde un presentador lo justificó con estas palabras: “Los que se llaman asirios y arcadios establecían dioses de la lluvia o de la guerra, que adoraban en lugar de Alá. Esas veneraciones van en contra de las enseñanzas predicadas por el profeta Mahoma, que destruyó con sus propias manos otras figuras de ídolos religiosos. Si el propio profeta lo hizo, es fácil para nosotros hacerlo, aunque valgan miles de millones de dólares”.



En el 2001, cuando gobernaban Afganistán, los talibanes tuvieron la misma postura extremista. Con disparos de tanques y dinamita demolieron los famosos Budas de Bamiyan, dos gigantescas estatuas talladas en la montaña en los siglos V y VI, que representaban una mezcla del arte greco-budista.
El fundamentalismo no sólo repite la atrocidad del exterminio del otro, del que piensa distinto, sino también arrasa con la cultura en una combinación fatídica que hace retroceder a la humanidad, y la paraliza.