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Israel ha hecho recientemente una serie de pruebas con el fin de estudiar los efectos de un ataque potencial con una “bomba sucia” (es decir aquella en la que se combina explosivos convencionales con material radiactivo) en su contra.

Las pruebas forman parte de un proyecto “llamado Sade Jarok (Prado Verde)” iniciado en 2010 en el reactor nuclear del régimen Israel en Dimona, en el desierto del Neguev, en el sur de los territorios ocupados palestinos, informó el lunes el diario israelí Haaretz.

La mayoría de las detonaciones se realizaron en el desierto, mientras que una de ellas se llevó a cabo delante de un recinto, agregó el diario.

Unas 20 detonaciones fueron con explosivos de entre 250 gramos y 25 kilogramos y con sustancias radiactivas que se usan en medicina para el diagnóstico por imágenes.

De acuerdo con Haaretz, el experimento concluyó el año pasado.

Las llamadas “bombas sucias” combinan explosivos ordinarios con material nuclear para contaminar con radiactividad una zona de gran amplitud.

El régimen israelí es el único en Oriente Medio que posee armas nucleares y se niega a adherirse al Tratado de No Proliferación (TNP).

Además tiene almacenadas más de 200 ojivas nucleares y no permite inspecciones internacionales a sus instalaciones.


En marzo, el diario estadounidense The Washington Post reveló que el régimen israelí desarrolló en la década de 1960 armas nucleares.



En abril, el secretario general de la Liga Árabe (LA), Nabil al-Arabi, urgió a poner las instalaciones nucleares del régimen de Israel bajo la inspección de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).