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Itunes puede salvar el negocio del porno

Itunes puede salvar el negocio del porno


Dejemos el arte por una vez y hablemos de dinero. Bueno, en el cine ambas cosas van juntas y en la pornografía, mucho más. Pero últimamente el matrimonio arte masivo-billetes parece no gozar de la mejor de las saludes
.


El impacto de Internet, de la piratería y de la multitud de personas que simplemente sube vídeos pornográficos por el deseo de ser vistos ha vuelto difíciles los tiempos para la industria del porno legal y profesional. Hace muchos, muchos años, en los setenta y los ochenta, las únicas maneras de acceder a este tipo de materiales era o bien pagando una entrada de cine –en salas especialmente dispuestas para esta clase de contenidos– o bien alquilando, de un modo más discreto pero nunca anónimo, en el videoclub del barrio. Quizá recuerde el lector lo que implicaba buscar un filme de Traci Lords mientras, alrededor, cuatro infantes peleaban por la única copia disponible de La Sirenita. O el rostro entre acusador, lascivo y canchero del despachante a la hora de buscar el título. Por lo menos, claro, el negocio circulaba.

Internet fue, primero, la gran esperanza digital para los señores del porno. Efectivamente: proveía una manera efectiva y discreta de que millones de personas que no se animaban a ejercer su curiosidad erótica pudieran acceder a desnudeces y coitos varios en la santidad del hogar. En aquellos primeros días de la triple doble ve, nadie pensaba que cualquiera podría armar videos y subirlos. Una cámara digital más o menos útil costaba unos u$s1.000, y cualquier cinta para registrar las imágenes implicaba cierta inversión. Por otro lado, no era sencillo pasar de la cámara a la PC. Era tosco, lento y engorroso, y requería de conocimientos cercanos al esoterismo. Los profesionales tuvieron, entonces, su agosto.

Claro que después vino septiembre. Y el resto de los meses, llenos primero de piratas y, más tarde, de tecnología de alta resolución muy barata, de herramientas simples, de YouTube y mucho más dio nacimiento a la piratería. El porno fue de las industrias más heridas por ella. No sólo estaba herida por el flanco de la copia y la distribución ilegal de material profesional –como la música o el cine– sino que, además, cualquiera producía su propio porno y lo ponía en la red. Se sabe que el espectador común de triple equis no es, precisamente, un sibarita de la estética: el amateurismo exponencial hirió aún más el porno.

Pero contra la piratería acaba de llegar la solución envuelta en una paradoja. En efecto: antes, en el campo del porno se utilizaban y experimentaba con aplicaciones y herramientas informáticas, especialmente sistemas de streaming y de pago electrónico. Luego se las utilizaba en otras industrias. Ahora la empresa ICM pone a punto un sistema similar a iTunes, por el cual el usuario podrá pagar por escenas puntuales en micro pagos, sin que el proveedor de contenidos –usualmente un sitio porno– tenga sus datos personales o financieros. En un mundo donde crece la tendencia a pagar por los contenidos –dado que esto garantiza seguridad, privacidad y rapidez tanto en la transacción como en el acceso a aquello que se elige ver o consumir–, la puesta a punto de un sistema similar y centralizado podría revitalizar el negocio.

La competencia será mayor y se evitaría ser “esclavo” del sitio al que le otorguemos nuestros datos, o tener que suscribir servicios online en más de un sitio ante la falta de variedad de cada uno por separado. La pregunta clave es cómo impactará esto en los sitios gratuitos (Xhamster, RedTube, etcétera) que no se retirarán del negocio. La solución, quizá, sea mejor porno o, directamente, que el sexo sea un ingrediente y no comida principal.
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