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J-11B: “Un verdadero cuento chino”





Un ya lejano Viernes 8 de Julio de 2011, las autoridades aduaneras rusas comenzaron el proceso penal contra un ciudadano chino cuya identidad nunca fue revelada, quien un año atrás fuera detenido en el control fronterizo de Transbaikalia.

Este ciudadano chino llevaba en su automóvil varias partes mecánicas que los guardias fronterizos no pudieron identificar en ése momento. Una semana después analizando los números de series se comprobó que se trataba de 6 componentes menores de un motor a reacción, actuadores hidráulicos, pequeñas bombas de presión, 54 conectores eléctricos y otras partes más correspondientes al Sukhoi Su-27SK Flanker.

En el 2009 y en el mismo puesto fronterizo, fue detenido otro ciudadano chino que en esa ocasión intentaba sacar de Rusia un generador y un circuito eléctrico del Su-27. Pero antes había más antecedentes, entre el 2004 y 2005 la Agencia Federal Anti-espionaje rusa había logrado detener varios ciudadanos chinos que habían intentado adquirir planos de distintos componentes, equipos y sistemas de los Su-27.



La historia oficial




En Diciembre de 1996 China y Rusia firmaron un contrato valuado en 2.500 millones de dólares por el cual se autorizaba a China a producir bajo licencia un total de 200 cazabombarderos Su-27SK/UBK Flankers, acuerdo que no incluía ni los motores, ni la aviónica ni el armamento. Bajo éste convenio, KnAAPO, el productor del Su-27 le entregaría a China kits para ensamblar el Su-27, habiéndose establecido una transferencia gradual de tecnología para que distintas empresas chinas produjeran hasta el 70% de los componentes que integraban los kits. Paralelamente varias empresas entablaron contacto con los proveedores rusos de los motores AL-31FN y de la aviónica estableciendo distintos contratos de cooperación y transferencia de tecnología.

Shenyang Aicrafts Corporation (SAC) sería la planta donde se ensamblaría el Su-27 que sería denominado J-11. Con la llegada de los primeros kits surgieron varios problemas. Los ingenieros de Sukhoi no fueron autorizados a ingresar a las instalaciones de Shenyang y todo el montaje estuvo vedado a la inspección de autoridades rusas o representantes de Sukhoi. Se estima que aún con éstas restricciones fueron entregados unos 95 kits y el primer ejemplar montado en China realizó su vuelo inaugural el 15 de Diciembre de 1999.

Durante los años 2000 y 2001 no hubo mayores inconvenientes pero en el 2002 los medios chinos indicaban que Shenyang tenía intenciones de incrementar la participación de la industria local en los kits, elevando la participación china de un 70 a un 90 % y a la vez reemplazar el radar N001 por uno de desarrollo local, junto con los motores, aviónica e incluso el armamento. La excusa alegada por China era que la tecnología del Su-27 estaba desfasada y como luego se verá, en parte tenían razón. Rusia se negó a ceder tal participación y durante el 2003 no hubo mayores novedades. Pero en el 2004 sorpresivamente China decide suspender la recepción de los kits producidos por KnAAPO aduciendo que el J-11 no satisfacía sus requerimientos a largo plazo.

La reacción rusa fue inmediata, ofreció un lote de 70 kits de modernización para los Su-27SK y actualizar los 105 kits restantes, incluyendo el radar N001V el cual ya se sabía que no colmaba las expectativas de la PLAAF. China no respondió a tal ofrecimiento y guardó un largo silencio. Aún así Rusia siguió vendiendo a China muchos componentes, incluso motores, cuando ya se conocía que Shenyang estaba trabajando en una versión local del Flanker sin autorización de Sukhoi.



Sin embargo las quejas fueron por un lado y los negocios por otros. La planta 558 de Minsk como la fábrica ucraniana de Migremont firmaron acuerdos con China para la producción de repuestos y partes destinadas a la reparación y mantenimiento de los fuselajes. Algo similar se acordó con Salyut productora del reactor AL-31F y que le proporcionó a China kits de ésta planta motriz y herramental completo. Prueba de ésta comunidad de negocios subsiste aún hoy en día, ya que la semana pasada China firmó un contrato valuado en 500 millones de dólares por la compra de 123 reactores AL-31FN que se suman a los 122 adquiridos en el 2009 y destinados sin dudas a los J-10.

Según distintas fuentes, Shenyang solamente armó entre 100 y 110 Su-27SK de los 200 previstos antes de detener el ensamblaje. Aunque se alegó que la provisión rusa de aviónica y motores no se cumplía con lo pactado, lo cierto es que ya desde el año 2002 se había comenzado a probar un motor WS-10 en un Su-27 y para el 2007 se dio el anuncio oficial : China produciría el J-11B, un desarrollo local del Flanker, aunque para muchos era en realidad una copia mejorada del caza de Sukhoi. En tal sentido el J-11B es en realidad una copia muy mejorada e ilegal, que no debe sorprender a nadie a cuenta de la larga historia que tiene China en copiar material ruso.

Lo hizo con el MiG 19 como J-6 y luego con el MiG 21 como J-7; en éste último caso son conocidos los problemas que Chengdu debió afrontar hasta poder disponer de una versión confiable. Un reporte señala que tras varios años de trabajo, había identificados 249 problemas técnicos en el F-7 que a costa de tiempo y dinero lograron solucionarse, aunque para entonces el modelo ya estaba tecnológicamente desfasado.

El caza más numeroso que produjo China fue el J-6, una copia del MiG 19 del cual se construyeron unos 3.000 ejemplares en varias versiones, pero los problemas originales de diseño del avión nunca fueron solucionados como tampoco los tiempos entre inspección mayor que eran de solamente 100 despegues o 100 horas de vuelo. Aunque también China construyó copias de los Antonov An-12, An-24 y Tupolev Tu-16; era evidente que la capacidad china para desarrollar un caza de tercera generación era insuficiente. El poder disponer del Su-27 originario como de los Su-30MKK que luego fueron adquiridos, le permitió una vez más copiar un caza ruso.





Los problemas con los Su-27SK




En 1991 y 1994 China adquirió un total de 36 Su-27SK y 10 Su-27UBK Flanker a Rusia por una suma de 1.500 a 1.700 millones de dólares, cifra que incluyó equipos de apoyo, repuestos, entrenamiento y armamento. Al respecto, los primeros lotes recibieron los misiles de medio alcance Vympel R-27R1 (AA-10 Alamo A ) de guiado semiactivo y el R-27T1 (Alamo B) de guiado infrarrojo sumado a los misiles R-73E de corto alcance. Se desconoce en qué momento China recibió las versiones más avanzadas de éstos modelos, en particular el R-27ER1 de guiado activo y mayor alcance (Alamo C) y el R-27ET1 (Alamo D) que es la versión IR mejorada de largo alcance.

En relación a las aeronaves propiamente dichas, sólo se diferenciaban de la versión rusa al disponer de un sistema de interrogación IFF modificado, un equipo de contramedidas electrónicas simplificado y del radar aire-aire Tikhomirov N001E. En el combate aire-aire los chinos descubrieron que las maravillas que se hablaban del avión estaban muy lejos de la realidad. Si bien el radar N001E tiene capacidad para realizar el seguimiento simultáneo de 10 blancos, cuando el piloto seleccionaba uno de ellos para su adquisición, el resto simplemente desaparecía de la pantalla del radar y así se perdía la muy importante ventaja que permite conocer la situación del enemigo en pleno combate aéreo.

La solución no era otra que reiniciar el proceso de adquisición, hecho que implicaba perder varios segundos de lectura radar, algo poco aceptable en un combate aéreo. De día el problema se solucionaba nuevamente con la buena vista del piloto; pero de noche, con baja visibilidad o en una zona nubosa ello no era aplicable. Para subsanar éste problema Rusia ofreció la versión N001V del radar pero dicho modelo tampoco ofrecía una solución adecuada y no fue hasta que apareció la versión N001VE que se pudo adquirir un blanco sin que se perdiera la información de resto de los objetivos detectados, aunque los Su-27SK nunca han incorporado dicho radar.

Algo similar sucedió con los misiles AA-10 Alamo que correspondían a las versiones iniciales de guiado semiactivo, hecho que implicaba tener que mantener el blanco iluminado por el radar hasta que el misil se acercara al blanco. Esto sí se solucionó con la compra de versiones más avanzadas del R-73/AA-10. En cuanto a la capacidad aire-suelo, el Su.27SK carecía de ella y aunque podía transportar varias toneladas de bombas y cohetes según pidió China, su lanzamiento debía ser realizado sin ninguna asistencia técnica, o sea sólo confiando en la buena vista del piloto para localizar el blanco y hacer puntería.

Es por ello que en los principales ejercicios de ataque al suelo realizados con los Su-27SK se emplearon principalmente cohetes aire-suelo no guiados de distintos calibres ya que para su lanzamiento se debe realizar un ligero picado, hecho que permite visualizar el blanco con más facilidad e incluso corregir la mira sobre el blanco a medida que se van lanzando los cohetes. Es por ello que los altos mandos de la PLAAF no se mostraron muy conforme con el Su-27 en éste tipo de misiones ya que en plena época del “armamento inteligente” ellos debían emplear armamento convencional cuya efectividad se limitaba a la pericia del piloto.

Los ingenieros chinos lejos de preocuparse por éstas falencias, pronto descubrieron que la plataforma del Flanker tenía un buen potencial si se mejoraba el equipamiento electrónico y armamento, aunque ello debía hacerse a espaldas de Sukhoi, algo que molestó al gobierno ruso que congeló el pedido chino por 34 transportes IL-76MD Candid y 4 cisternas IL-78 Midas se congeló; como también la invitación a evaluar el Su-33 Flanker D embarcado. En tanto China comenzó a adquirir principalmente en Europa fresadoras, cortadoras por láser, instrumentos de calibración, bancos de pruebas y todo lo necesario para construir un caza moderno. En muchas ocasiones las ventas de Airbus y Boeing a las aerolíneas chinas originó varias tensiones por cuanto de inmediato se conoció que muchos equipos y sistemas fueron literalmente “clonados”. Algo similar sucedió con docenas de programas de software de aerodinámica, simulación de fluídos, CAD, etc.

Según algunos analistas internacionales que pudieron tomar contacto con el J-11, mencionaron que la calidad de terminación era muy superior a los ejemplares rusos citando claros ejemplos como el perfecto enrasamientos de las tapas de inspección o las uniones de las distintas partes del fuselaje que dejaron en evidencia el uso de la tecnología occidental en la producción del avión.



Aparece el J-11B




Cuando desde la planta de Shenyang emergió el primer J-11B, nadie dudó un instante que se trataba de un producto más de la clásica tradición china de copiar o clonar material extranjero. El único modo de diferenciar a simple vista el J-11B del Su-27SK era por la posición del sensor frontal IRST que en la versión china está ubicado en el medio la proa por delante del parabrisas frontal y no desplazado a la derecha como en todos los Su-27/30.

Sin embargo a medida que se fue conociendo más información sobre el avión, quedó en evidencia que aunque la apariencia fuera de un Su-27, difería un mucho del caza ruso. El uso de materiales compuestos en célula y alas permitió reducir el peso vacío del avión en unos 700 kg, hecho que permite incrementar la carga útil, mejorar la relación peso/potencia como así también mejorar la aceleración, trepada y velocidad máxima final. Secundariamente ello también representa una mejora en cuanto al mantenimiento ya que se estima que los paneles utilizados tienen una vida útil de 10.000 horas de vuelo.

El sistema de mando de vuelo FBW es de diseño chino y según se menciona, presenta varias mejoras y ha sido adaptado al nuevo peso y comportamiento aerodinámico del avión. Los motores AL-31FN han sido reemplazados por los WS-10A, el radar N001 por el desarrollo local KLJ-X y los misiles R-73 por los SD-10 chinos. Otras diferencias son la existencia de un cockpit con cuatro pantallas LCD mltifunción, un avanzado sistema de generación de oxígeno a bordo, la existencia de un detector de aproximación de misiles y algunos paneles dialécticos en las derivas que indican la presencia de antenas de comunicaciones enrasadas.

El sistema de navegación inercial también es de diseño local aunque se sospecha que es un derivado de los sistemas utilizados por los Boeing y Airbus ya que no solamente está enlazado a un sistema GPS sino también que presente una imagen de navegación en 3D. Sobre el IRST se menciona que es un desarrollo chino, aunque se sabe que en el 2007 se firmó un contrato valuado en solamente un millón de dólares por el cual le fueron proporcionados a China todas las partes y componentes del sistema OLS-31E, del cual deriva el instalado en el J-11B.

En relación al radar es muy poco lo que se conoce, pero sí que puede realizar el seguimiento de 6 a 8 blancos de modo simultáneo, adquirir 4 de ellos para el combate sin perder el seguimiento de los otros blancos, hecho que incrementa la supervivencia de la aeronave ante un enfrentamiento con inferioridad numérica Un pedido de la fuerza aérea china (PLAAF) era poder utilizar el armamento de desarrollo local, algo imposible con el radar ruso.

Es por ello que disponer de un radar propio ha permitido que todo el armamento del J-11B sea chino. Para misiones aire-aire de medio alcance utiliza el PL-12 de guiado activo en tanto para operaciones de corto alcance utiliza el PL-8 de guía infrarroja. La combinación de éstos misiles y del radar le otorgan al caza una capacidad real de poder enfrentar y combatir múltiples blancos. Sobre el armamento aire-suelo, la variedad de armas es amplia, se han observado bombas guiadas por láser LT-2, bombas planeadoras LS-6 , misiles aire-superficie KD-88 y los misiles YJ-91 antiradiación derivados del misil ruso Kh-31P. Los desarrollos del J-10 como la aparición del caza de quinta generación J-20 han eclipsado al J-11B del cual hay muy poca información actualizada.

No hay dos fuentes que coincidan sobre el número de J-11B producidos, algunos hablan de una docena otros de la mitad, aunque también se ha conocido que la versión biplaza denominada J-11BS aunque se sabe que una versión ampliamente modificada (J-15 Flying Shark) se encuentra en pleno desarrollo y que sería el equivalente al Su-33 para operaciones embarcadas, algo de importancia a cuenta que China en breve pondrá en servicio el ex Varyag ruso.

Al margen de si se trata de una copia legal, ilegal o intermedia a cuenta de la indiscutida participación de empresas rusas, China ha logrado darle a su industria aeronáutica un salto tecnológico en tiempos imposibles, quizás a modo de dar una rápida respuesta al imparable crecimiento de su economía. El J-11B pronto podría ser ofrecido a la exportación, hecho que generaría una nueva protesta rusa; pero quedan pocas dudas que el J-11B es un puente tecnológico, un antes y un después de la capacidad china de construir aeronaves de última generación. Un nuevo jugador internacional está llegando y a paso firme.





































































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