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Jesucristo es transgénero (y un héroe en Vine)



“Repite conmigo: soy un ser humano y pertenezco a este lugar”. Así de simple, así de poderoso. Esta es sólo alguna de las píldoras que Jeffrey Marsh ha regalado a sus más de 169.000 de seguidores de su cuenta de Vine. A este treintañero no le importa que le identifiquen como hombre o mujer, básicamente le da igual. Y este es, en esencia, el sentimiento que transmite cada día en vídeos de 6 segundos de duración.

Jeffrey es blanco, delgado y no se afeita. Cada día sale a la calle maquillado y con unos buenos tacones. Sus mandamientos son: sé tú mismo, sé feliz, no sólo ames tus diferencias, disfrútalas. Aunque en un primer momento se hizo famoso entre la comunidad LGBTQ por razones obvias, la sorpresa ha sido que muchas chicas y chicos jóvenes y hetero se han sentido identificados, apaciguados y agradecidos por el mensaje inclusivo de sus vídeos. Él mismo se define como una estrella de las redes sociales y como un visionario multimedia: su trabajo ha sido visto 76 millones de veces.

Comparar a Jeffrey Marsh con Jesucristo puede ser exagerado, pero no es gratuito. Nacido en una comunidad rural de Pensilvania, a Jeffrey le pasó lo mismo que a muchos niños homosexuales o transexuales: no sabían por qué no encajaban del todo en su entorno, por qué todos les rechazaban, y buscaron la respuesta en la religión. Su familia ya era muy devota, pero el joven creyó que la Biblia le sacaría de su aislamiento e intimidación física cotidianas: “Si yo era muy cristino, nadie sospecharía que era gay”.

Salió del armario en secundaria, y la propia iglesia le hizo entender que ser gay y cristiano no era tolerable. Hasta que Jeffrey descubrió el libro No hay nada malo en ti, de Cheri Huber, una maestra y estudiante budista occidental. Desde ese momento, Jeffrey inició una profunda inmersión en esta doctrina filosófica y religiosa que duró 15 años. Y se liberó, porque comprendió la mecánica del odio, y supo las herramientas que hay que utilizar para vencerlo, o esquivarlo con tremenda y alegre coquetería.

Antes de ser una estrella de las redes sociales, Jeffrey estudió artes interpretativas y protagonizó una especie de monólogo musical que cautivó a la audiencia de Nueva York y que pasó por numerosos teatros y museos. Pero fueron sus campañas digitales las que lo catapultaron definitivamente a la fama como líder de un evangelio de positividad y autoestima. La primera fue #NoTimeToHateMyself ("No tengo tiempo para odiarme") y #DontSayThatsSoGay  ("No digas que es muy gay"). Ambas fueron tendencia en Vine y recibieron decenas de respuestas de usuarios en forma de vídeo.

Esta plataforma de vídeos cortos es su medio natural: aparece haciendo reflexiones o pronunciando frases inspiradoras y tambien ofrece pequeñas actuaciones musicales con glamurosos vestidos y pelucas. Aunque también tiene un canal en Youtube donde cuelga tutoriales para la vida un poco más largos. El en el último, explica a su audiencia por qué se maquilla. En definitiva, Jeffrey Marsh es un motor inacabable de mensajes positivos, un enviado, un egoblogger que difunde tutoriales para la vida. Regala cápsulas apaciguadoras que producen bienestar sin pedir nada a cambio, como un mesías y su Biblia del presente.

"Sus vídeos me hacen sentir jodidamente hermosa, ¡me siento tan jodidamente viva!". "Traes vida al cadáver de mi alma, que ha sido destrozada por la opinión de la sociedad". Estos son sólo una muestra de los mensajes de adoración que Jeffrey ha recibido en Vine, pero también ha sido objeto de insultos y amenazas. Sin embargo, nunca ha reaccionado de forma negativa. Como Jesucristo, apela a su comunidad y les dice que amen al prójimo, que les expliquen por qué ser distinto no es malo, sino una fiesta a la que ellos y ellas también se pueden sumar.

Vídeos:

https://vine.co/v/OOl2UXmqr1v

https://vine.co/v/OM0uYPUa5D1

https://vine.co/v/OOOzw9Tgutz
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