José C. Paz, capital de la inseguridad



Delincuentes "reventaron" y desvalijaron el jardín de infantes "Pancita" en dicho distrito del conurbano bonaerense. "Hay chicos que no vinieron en toda la semana por temor a los robos", denuncia el titular de la institución.



"Esto es una zona roja porque los robos son continuos, de hecho, la compañía de teléfonos que corresponde a este lugar y también la de cable no quieren venir más, porque se han robado tanta veces el cableado que tienen miedo”. Esta frase pertenece a Isabel, directora del Centro de Desarrollo Infantil “Pancita”, que fue robado y atacado por vándalos que asolan la zona y causan temor a los vecinos de José C. Paz, que no quiere hablar por “futuras represalias”.

El barrio Urquiza es uno de los tantos que sufren el drama de la inseguridad en dicho distrito, y en la voz de Isabel Aguilar, muchos habitantes se sienten identificados pero pocos lo denuncian.

Este caso de robo al establecimiento escolar (jardín y preescolar para chicos de 3 a 5 años) tuvo lugar días atrás, cuando “una de las auxiliares que entró al colegio temprano vio una silla que caída y una sombra que escapaba por el jardín. Cuando llegué, me encontré con un panorama desolador, ya que las puertas y ventanas habían sido violentadas con una saña importante, porque nos dimos cuenta que lo que no pudieron robar lo destruyeron. De hecho, tuvimos que tapar las ventanas sin vidrio con cartulinas para que los chicos no se dieran cuenta de lo que pasó”, comentó la directora del establecimiento ubicado en el cruce de las calles Bogotá y Fragata Sarmiento de José C. Paz.

Bronca

Entre lo robado, Isabel dijo que “faltan ollas, platos, vasos, cuchillos y todo tipo de elementos de cocina. Además, se llevaron todo el alimento que teníamos, sólo se salvaron unas botellas de aceite porque no las vieron. También se llevaron un equipito de música para pasarle las canciones a los chicos, bolsas de materiales ya que estábamos construyendo un paredón, remeras de egresados de los chicos, elementos de trabajo, juegos didácticos, una balanza para pesar a los chicos y la estufa”.

La desesperación en el rostro de la titular del colegio (que cuenta con 134 criaturas y su horario es de 8.30 a 16.30) es tal que agregó que “hay chicos que no vinieron en toda la semana por temor a los robos y, por eso, los padres decidieron no mandarlos a la escuela. Acá les damos el desayuno, almuerzo y merienda, y ahora, con lo que pasó, no sabemos qué vamos a darle de comer a los chicos. Es muy doloroso lo que nos pasó y nadie se acercó para darnos una mano hasta el momento”.

Lo cierto es que esta humilde escuela brinda contención y alimento a los más pequeños y ya fue asaltada ocho veces, aunque nunca de una manera tan violenta como ésta. Sus maestros, padres y alumnos lo único que esperan es que haya más seguridad en el barrio y poder ir a clases tranquilos.