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Joven homosexual de 16 años se suicida





[email protected] a esta triste pero real historia que pasó hace poco menos de 3 meses en mi país Colombia, situacion que imagino se repite a diario en muchas partes del mundo. Parece largo el aporte, pero es bastante interesante, recomiendo leerlo en totalidad, si tienen pereza en este momento favoritos y luego se pasan.

Comentarios, argumentos irrefutables e insultos por mp. Cierro comentarios para que no se genere bardo.





Esta es la historia detrás del suicidio de Sergio Urrego, de 16 años



“Considero el suicidio como uno de los actos más valientes que puede llegar a cometer el ser humano y la única salida que existe de un infierno terrenal”.



(la mama)


Esa noche su madre llegaba a Bogotá, volvía de Cali por el temor de perder a su hijo por líos legales. Sergio, se bañó cerca de las 7.00 pm., le mostró el uniforme de su nuevo colegio a la persona que cuida a su abuela de 90 años. Dejó la comida servida y salió de la casa con un rumbo definido y una decisión tomada. Sergio y su mamá no alcanzaron a cruzarse en el camino.

“Mi sexualidad no es mi pecado, es mi propio paraíso”


Desde hace 6 años estudiaba en el Gimnasio Castillo Campestre, una institución católica, de Tenjo, Cundinamarca. Llegó aquí por la ilusión de sus padres de que cursara bachillerato en un colegio más grande y con mejores instalaciones al del barrio, donde cursó la primaria. Estaba en grado once, le faltaban cuatro meses para graduarse. Pero ni él, ni sus padres llegaron a imaginarse lo que estaban a punto de enfrentar en este lugar por el secreto que su hijo aun les guardaba.



Todo empezó a principios de mayo de 2014, cuando una amiga le tomo con su teléfono celular una foto a Sergio David besando a su pareja, una muestra de amor que lo condenó a la peor de las persecuciones y discriminaciones, pues desafiando las leyes de la naturaleza y las del colegio al cual pertenecía, se atrevió a amar a otro hombre, Danilo Ospina. Cuando su profesor de educación física, Mauricio Ospina descubrió aquella foto, llevó el caso a las directivas de la institución y los jóvenes fueron llamados a “Psicorientación”.

Como si estuvieran ante un tribunal, acusados por el más terrible delito, el 12 de junio, la psicóloga del colegio, Ivón Andrea Cheque Acosta citó a Sergio y a Danilo para que explicaran ante la coordinadora de turno y cuatro docentes más, su relación de pareja.

Fueron sentenciados a confesarles esa relación a sus padres antes del 20 de junio. Una amiga de clase recuerda que estaban preocupados y temerosos de esta reacción. Pero Sergio se llenó de valor. Primero le contó a su papá, a quien le tenía una profunda confianza, y luego a su mamá. Los dos lo respaldaron y le recordaron que más allá de sus preferencias sexuales él era su hijo y lo iban a apoyar.



Pero su novio, lamentablemente no contó con la misma suerte, el escenario fue totalmente distinto: sus padres se escandalizaron, lo aislaron y lo retiraron de clases. Fueron los primeros pasos que dio en un largo camino a recorrer lleno de espinas.

“Estoy un poco cansado de responder esa pregunta (si soy bisexual). No creo que el amor tenga etiquetas, realmente. Pero, si de alguna forma, algunos/as sienten la necesidad de etiquetarme, preferiría que se me incluyese dentro de la teoría ‘queer’ (minorías sexuales que no son heterosexuales, heteronormadas o de género binario)”.




Robert Urrego y Alba Reyes, el 25 de noviembre de 1997 en Bogotá, celebraron el nacimiento de Sergio David, un joven que los llenó de orgullo al ocupar los primeros lugares en todas las clases. Con una irreverencia sinigual y un estilo crítico, que le permitieron sin vacilar hacer los más duros reproches a las religiones y ser un anarquista por convicción. Defensor acérrimo de los derechos humanos. Se decía ateo. Admirador de Édgar Allan Poe. En temas de música, prefería la ópera. Y como el buen padre que quizás sería, se sentía muy orgulloso de su gato Oreo, el cual adoptó.

Pertenecía a la Unión Libertaria Estudiantil. Era gay y expresaba con toda libertad sus preferencias sexuales, principalmente a través de redes sociales como Twitter, Facebook y Ask. Eran su diario. El lugar donde se desahogaba y protestaba ante todo aquello que no admitía, donde sus amigos y miles de seguidores lograron conocer al verdadero Sergio; no el joven de malos pasos, y titiritero que Amanda Azucena Castillo rectora de su colegio, el Gimnasio Castillo Campestre, consideraba que era.


(Una de las fotos de portada en el perfil de Sergio - Facebook)


Ante la persecución absurda que las directivas del colegio emprendieron contra él, el 1 de julio, Alba Reyes y su hijo radicaron una queja ante la Secretaría de Educación de Cundinamarca en contra del Gimnasio Castillo Campestre. El documento denunció la discriminación que tuvo su hijo por su preferencia sexual.

La rectora de la institución le prohibió la entrada a clases hasta que presentara un certificado de acompañamiento psicológico todos los meses hasta el día de su grado. Como si amar fuera una enfermedad o un problema psicológico, como si el amor tuviese cura y si la tenía, estuviera entre terapias psicológicas.

El lunes 14 de julio el papá llevó el certificado al colegio para que su hijo por fin reanudara clases. Pero al día siguiente, mientras Sergio esperaba que lo recogiera la ruta del bus, la psicóloga lo llamó y le dijo que los documentos no cumplían con los “parámetros requeridos” y que no podía ingresar aun a la institución.

Todo se había convertido en un efecto domino, cada día aparecían más piedras en su camino, y entre ellas una rosa que con sus espinas, lastimo el más inocente sentimiento que a sus 16 años, decidió entregarle a Danilo Pinzón. La Unidad de Reacción Inmediata de Engativá llamó a su padre Robert Urrego y le informo que existía una denuncia por acoso sexual contra su hijo. La queja la habían puesto los papás del novio de Sergio. El derecho de petición que hicieron, el 22 de julio de 2014, dice que Sergio “pretende con su actuar manipular y dominar a su hijo para que acceda a mantener una relación de noviazgo con él por medio de manifestaciones afectivas en público”



Según una compañera del colegio, la relación con su novio era muy intensa. Los dos demostraban su afecto. El inicio de la relación fue más por un capricho de su pareja que por algo que hubiese incitado Sergio.

“Sergio estaba destrozado con la denuncia”, afirmó su padre, Robert Urrego. Por eso decidieron retirarlo e inscribirlo en su antiguo colegio, el Liceo Normandía.

Sergio recurre a Olga Milena Jankovich, directora del Liceo Normandía, donde cursó con honores la primaria, para solicitarle ayuda para conseguir un cupo en el colegio para terminar su bachillerato, ya que era lo “único” que anhelaba en ese momento. Aunque para esa fecha era difícil otorgar un cupo para grado 11, empieza a gestionar su ingreso, ya que más que quererlo, lo admiraba y se sentía profundamente orgullosa de haber sido su maestra, sabía que llegaría lejos. Al graduarse, tenía pensado estudiar inglés en Australia y luego ingeniería ambiental en la Universidad Distrital de Bogotá. Los padres lo matricularon y le compraron los uniformes de su nuevo colegio, y el primero de agosto pasó a saludarme a mi oficina. Desafortunadamente yo no estaba, pero me dejó un postre, saludó a los profesores y manifestó que con ellos había pasado los mejores años de su vida. Comento la directora Olga Milena. A pesar del retiro del colegio, por trámites de inscripción, Sergio presentó las pruebas del Icfes a nombre del Gimnasio Castillo Campestre, el pasado 3 de agosto. El lunes siguiente no había clase, ya que los colegios acostumbran a dar un día libre “post-icfes”.



El 4 de agosto cuando Alba, su madre, llega a Bogotá y entra a la casa encuentra sobre la mesa del comedor una nota que decía: “Se presentó un problema, no puedo ir al colegio”. Extrañada subió a buscar a Sergio a su cuarto pero él ya no estaba. En la cama encontró una segunda nota que decía: “Estas cosas sólo las pueden tocar mi madre o mi padre. Las que están selladas entregarlas así. No abrir”, junto a varios libros y una nota para sus amigos.

Si sabes tanto ¿cómo es que vas a morir? (le preguntaron por ASK)
“ El suicidio siempre es una opción. Quiero morir sabiendo, aunque todo se pierda”.


Tras cruzar varios mensajes de despedida con amigos se lanzó de la terraza. El viernes 8 de agosto fue el funeral. Una de sus compañeras, que pidió proteger su identidad, recuerda que ese día fueron 40 de los 42 estudiantes de 11° grado del colegio. A la semana siguiente, el martes 26 de agosto, a los estudiantes los citaron a una reunión. La psicóloga les pidió que fueran discretos con el suicidio de Sergio. La rectora Castillo les dijo que como no habían pedido permiso para ir al velorio, tenían que reponer el día el próximo sábado. En la reunión nunca escucharon que la rectora lamentara la muerte de Sergio, pero sí que se refirió a él como “anarco”, ateo y homosexual.


(Su abuela)


Su madre abre la carta y decía:

“Hoy espero lean las palabras de un muerto que siempre estuvo muerto, que caminando al lado de hombres y mujeres imbéciles que aparentaban vitalidad, deseaba suicidarse, me lamento de no haber leído tantos libros como hubiese deseado, de no haber escuchado tanta música como otros y otras, de no haber observado tantas pinturas, fotografías, dibujos, ilustraciones y trazos como hubiese querido, pero supongo que ya puedo observar a la infinita nada."


Su mamá recuerda que Sergio era amante de los libros y un apasionado por la literatura, la poesía, el arte y por la política. “Era un librepensador que creía en sus ideales y estaba aprendiendo. A los 5 años ya había leído La historia sin fin de Michael Ende”.

Eran las 7:15 p.m. cuando Sergio hace una publicación en Facebook que dice: “Adiós mundo cruel, te voy a dejar hoy. Adiós, Adiós, Adiós. Adiós a todos ustedes. No hay nada que puedan decir, para hacer cambiar mi mente. Adiós”. Segundos después decidido lanzarse al vacío, cansado de la estigmatización y rechazo de una comunidad que no estaba preparada para aceptar su homosexualidad. Pero como si el destino y la vida misma, estuviesen en contra de los deseos de su corazón, logro sobrevivir ante el impacto.



Fue atendido de forma inmediata, gracias a la atención del cuerpo de Bomberos y a un equipo de enfermería de la Cruz Roja, de Titán Plaza, fue estabilizado y enviado a la Clínica Shaio, pero luego de tres horas de lucha y tras una muerte cerebral, falleció. Solo fue una pequeña tregua que la muerte quiso darle al reencuentro entre madre e hijo.

“Gracias a la vida que me ha dado tanto, me ha dado la marcha de mis pies cansados. Con ellos anduve ciudades y charcos, playas y desiertos”.


Entre las líneas de sus cartas, pidió que donaran sus órganos y que no lo enterraran con curas ni oraciones; como si aun después de morir no perdonaba a la religión y creencias que profesaba su colegio, causales de los problemas que tuvo últimamente en él, y que fueron el detonante de su suicidio.

Aunque se había ido para siempre, aun así no quería que su memoria quedase manchada por acusaciones falsas e ilógicas. La tercera carta que dejó estaba en la mesa de noche de su madre, en ella desmiente las acusaciones por acoso sexual de la familia de su novio:

“En la memoria de mi celular y en el escritorio de la pc quedan dos pantallazos de nuestras conversaciones en WhatsApp que demuestran que él no se sintió acosado en ningún momento, pues respondía con naturalidad a los mensajes. Nunca en mi vida he acosado sexualmente a nadie, me parece un acto reprochable”.


En una de las tres cartas que este joven dejó se despidió de su abuela. Escribió que iba a extrañar sus manos, su manera de mirar, de soñar, de añorar la juventud: “Nunca deseé morir antes que ella, pero esto ya no da más. En realidad pido unas muy sinceras disculpas por esto”, dijo. Sus palabras son una puñalada para quienes creemos que su muerte deja lecciones profundas y complejas sobre esta sociedad limitada, tan fiel representada por el sistema educativo.



“Esta carta se ha escrito con el fin de esclarecer ciertos datos acerca de la denuncia de acoso sexual que han puesto los padres de mi expareja. Lo hago de manera escrita debido al suicidio que he cometido y porque no quiero que los 16 años de vida que tuve se hallen con una oscura mancha llena de mentiras”.


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