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Juan Manuel Santos prometió pacificar Colombia

El político conservador que negocia un cese el fuego con la guerrilla de las Farc, inició su segundo mandato presidencial. El economista de centroderecha ganó la reelección en junio.



El economista de centroderecha ganó la reelección en junio.


Juan Manuel Santos asumió ayer su segundo mandato como presidente de Colombia con la promesa de concretar un acuerdo de paz con la guerrilla, pero puso de nuevo en evidencia la tensión en las negociaciones al advertir a los rebeldes que su paciencia no es infinita. El economista de centroderecha ganó la reelección en junio enarbolando la bandera de la paz para poner fin al conflicto armado de 50 años con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) que ha dejado más de 200.000 muertos y millones de desplazados. "Nuestro primer pilar será la paz. Estamos ante un proceso responsable y sólido al que los colombianos dieron su apoyo el pasado 15 de junio. Voy a emplear todas mis energías en cumplir con ese mandato de paz", dijo Santos en su discurso en el Congreso ante 11 presidentes y enviados de más de 70 países.

Y el entorno político lo ayuda: lo apoya una coalición de partidos que le garantiza una cómoda mayoría en el Congreso para lograr la eventual implementación de un acuerdo de paz. La economía, que crece a un buen ritmo frente a la desaceleración que sufren sus mayores vecinos, también le ha generado el apoyo de muchos colombianos.

Pero en las últimas semanas las negociaciones con las izquierdistas de las Farc se han tensado. Santos advirtió que podría romper el proceso de diálogo en La Habana si siguen los ataques de la agrupación y del más pequeño Ejército de Liberación Nacional (ELN) a instalaciones petroleras y energéticas, así como a la población civil. "La paciencia de los colombianos y de la comunidad internacional, no es infinita. Señores de las Farc: están advertidos", dijo el mandatario. "La guerra sigue mientras no se llegue a un acuerdo —eso lo sabemos— pero saquen a los niños, saquen a las mujeres, saquen a los civiles de sus acciones violentas, no dinamiten las vías de los campesinos", agregó.

Aunque los dos bandos están en la mesa de negociaciones, la guerrilla y el gobierno con sus Fuerzas Armadas siguen cruzando fuego en montañas y selvas ante el rechazo del mandatario a un alto el fuego propuesto por el grupo rebelde. Su argumento es que un cese de las hostilidades podría ser aprovechado por la guerrilla para sacar ventaja militar y prolongar indefinidamente las negociaciones.

Desde que empezaron a negociar en noviembre de 2012, las partes sólo llegaron a acuerdos parciales sobre el acceso de campesinos pobres a las tierras, la participación de los rebeldes en la política y la sustitución de cultivos de coca y amapola. Y aún quedan por revisar complejos temas como la compensación a las víctimas, el fin de las hostilidades y un mecanismo que permita verificar el cumplimiento de los acuerdos.

Sin amenazas. El opositor más feroz a las negociaciones de paz es el ex presidente Alvaro Uribe, quien fue jefe de Santos y ahora es su archienemigo. El ex mandatario, quien no asistió con su bancada al acto de posesión de Santos, cree que el proceso de paz abrirá paso a la impunidad de los líderes guerrilleros. Pero la influencia de su partido en el Congreso no sería suficiente para hacer descarrilar un eventual acuerdo. Su agrupación, Centro Democrático, tiene el 20 por ciento de las bancas del Senado y menos del 10 por ciento de los escaños en la Cámara de Representantes. "La oposición de Uribe frente al proceso de paz va ser un obstáculo superable", dijo la analista Marcela Prieto del Instituto de Ciencia Política. Pero aseguró que es "importante que haya un contrapeso o un cuestionamiento en el Congreso al proceso de paz".

Prieto recordó que casi la mitad de los colombianos mira con reservas las negociaciones con las Farc porque dudan de la voluntad de la guerrilla para firmar la paz y dejar las armas, desconfianza que se ha incrementado con los recientes ataques. Pero para que Santos pueda convencerlos de los beneficios de lograr la paz, tampoco puede perder de vista a la economía en su segundo mandato de cuatro años.

Promesas pendientes. El presidente aún tiene que extender a todos los colombianos los beneficios económicos de las mayores inversiones que están llegando al país, reducir la alta tasa de desocupación y también la pobreza que afecta a uno de cada tres habitantes. Santos, que está a punto de cumplir 63 años, prometió equidad, impulsar reformas al sistema de salud, al de pensiones, al sistema judicial y a la educación. Eso debería ayudar a evitar protestas como las de los agricultores y profesores en los últimos meses.
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