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Juzgan hombre que prostituia a su hija en rutas santiagueñas

Juzgan al hombre que habría hecho prostituir a una mujer y su hija en rutas santiagueñas

La Justicia de Córdoba está definiendo la suerte de un hombre, acusado de trata de personas y promoción y facilitación de la prostitución, e incluso sostienen que a una mujer y la hija de ésta, las hacía “trabajar” en las rutas santiagueñas.

“Gauna (Omar Marcelo) tenía grabado en el pecho el número 840, ese número significa que era el proxeneta, el dueño de las mujeres. Yo vi una foto”.
El testimonio del comisario Gabriel Gómez perdió valor cuando el acusado de tatuar su nombre en chicas menores de edad y también mayores, a las que supuestamente explotaba sexualmente, se sacó la remera y mostró a los jueces su torso desnudo.

“Cabezón Gauna mi viejo querido”, era la leyenda en grandes letras que se leía en la espalda. La frase estaba rodeada de pinturas de lo más contradictorias: la cara de Cristo, otra de Cristo crucificado que se mezclaba con una mujer desnuda debajo de una palmera sobre la que revoloteaba un águila. En el pecho había serpientes, el rostro de un mujer, dibujos de duendes.

De todo, menos el número 840 que afirmó haber visto el comisario. 840 es, en realidad, la numeración del domicilio donde vive, en calle Sucre de Morteros.
Acusado

“Trata de personas menores de edad doblemente agravada por mediar violencia y amenazas sobre la persona de la víctima, abuso de situación de vulnerabilidad y por tratarse de una persona conviviente”, no es el único delito que se le atribuye a este hombre de Morteros, nacido el 16 de abril de 1975, es decir que tiene en la actualidad 39 años.

A pesar de su juventud, Gauna dijo que tenía 14 hijos con distintas mujeres y demostró notable precisión al dar sus nombres y edades durante el juicio que se ventila en el Tribunal Oral Federal N° 2, presidido por José María Pérez Villalobo, e integrado además por José Fabián Asía y Carlos Lascano.

Al “Cabezón” Gauna también se le achaca “promoción y facilitación de la prostitución de personas doblemente agravada por mediar violencia y amenazas sobre la persona de la víctima y por tratarse de una persona conviviente, trata de personas mayores de edad por tratarse de una persona conviviente y promoción y facilitación de la prostitución de personas mayores de edad”.

Lo de menores y mayores se vincula con la relación que tuvo el acusado con una mujer y con la hija menor de edad de ésta, a las que habría obligado a prostituirse en las rutas y en whisquerías de Morteros, Santa Fe y Santiago del Estero, de acuerdo con la acusación.

Lo más curioso que ha surgido del juicio es que Gauna hacía tatuar el nombre de él en letras de molde en uno de los brazos de sus supuestas víctimas con las que tenía hijos, para demostrar que eran “de su propiedad”.

Y si algo más intrigante surge de las averiguaciones y testimonios recogidos en la instrucción es que del tatuador sólo se sabe su apodo: “Diablo”.

Las supuestas víctimas que responsabilizaron al hombre tatuado coincidieron en que se trataba de una persona a la que temían, consumidor y traficante de drogas y dedicado al “negocio” de la prostitución.
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