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Kicillof y Fábrega, otra vez con juegos cruzados



Hubo peleas simultáneas y muy intensas. El resultado final fue, por un lado, un fracaso previsible, y por el otro, la caída abrupta pero, tal vez temporal, de una propuesta de los banqueros privados que alumbraba cómo una salida posible para evitar caer en default.

La gestión del ministro Axel Kicillof, como él mismo la definió después de la reunión con los fondos buitre y el mediador del juez Thomas Griesa, estuvo perfectamente alineada con las ordenes de la Presidenta.

Kicillof confirmó que les ofreció a los buitres entrar a un canje en las mismas condiciones que habían obtenido los bonistas en 2005 y 2010.

Les dijo que no podía pagarles lo que ellos reclamaban por el fallo del juez porque eso sería afrontar el 100% del pago y, por lo tanto, a los funcionarios les podía caer el peso de la cláusula RUFO, que los expondría a una ola de juicios que podrían alcanzar, según el ministro, “entre US$ 120.000 y hasta US$ 500.000 millones”.

Además, reiteró el concepto presidencial de que la Argentina ya depositó los US$ 539 milllones correspondientes al pago a los bonistas que entraron a los canjes y que, por tanto, y aunque el dinero no haya llegado a los destinatario, el país no entrará en default.

Más allá de lo insólito del caso de que el Gobierno haya depositado y los bonistas no hayan cobrado, lo concreto es que el país puede ser considerado en default, y los bonistas no tienen aún el dinero que les pertenece.

Hasta allí Kicillof aparece cumpliendo las órdenes presidenciales, tratando puntillosamente de no caer en una situación que pudiese disparar la cláusula RUFO y comenzando a transitar la idea oficial de las últimas semanas de que si hay default, eso no afectaría en nada la marcha de la economía ni la vida de los argentinos.

Desde hace días esa viene siendo la táctica de preparar el terreno para lo que puede venir a partir de tomar el camino de la negociación con un norte rector: no hacer nada que pueda ser motivo de juicio de los bonistas que entraron a los canjes de 2005 y 2010, por lo que cualquier pago o depósito en favor de los holdouts antes del 1° de enero de 2015 podría ser considerado un motivo para disparar una carrera de demandas judiciales.

En forma simultánea a las conversaciones de Kicillof en Nueva york, acá el presidente del Banco Central, junto a un grupo de bancos nacionales liderados por Jorge Brito, del Macro, gestaron la posibilidad de comprar la deuda de los fondos buitre para que estos le pidiesen al juez reponer una especie de amparo (waiver) para liberar el pago a los bonistas y evitar así el default.

Fuentes de los bancos aseguraron que la negociación estaba muy avanzada y que habían resuelto comprarle la totalidad de la deuda (US$ 1.650 millones) con el fallo a favor y pagando en cuotas.

Los bancos ponían la plata hasta fin de año (aunque no se dijo, con la posibilidad de que el Central le facilitara parte de los encajes) y después, en 2015, la recuperarían a partir de la cancelación de los bonos que fuese haciendo el Gobierno.

El argumento de la propuesta de los bancos se basaba esencialmente en la defensa del propio capital que, como es obvio, se vería afectado en una situación de default, aunque sea transitoria y de corto plazo.

Las mismas fuentes que decían que el acuerdo entre bancos privados y buitres estaba a punto de firmarse, afirmaron que después de la conferencia de prensa de Kicillof, a la salida de la reunión con Dan Pollack, todo se había derrumbado.

¿Que pasó?

Fue acaso que el acuerdo naufragó cuando el ministro dijo “me sorprende ingratamente el comunicado de Pollack”, que minutos antes había consignado que “desafortunadamente no se alcanzó un acuerdo y la República Argentina entrará en forma inminente en mora”.

¿O tal vez fue porque Kicillof dijo en varias oportunidades de la conferencia que la Argentina nunca mejoraría la oferta a los buitres por encima de la de los canjes anteriores, con lo que los banqueros podría poner US$ 1.600 millones que nunca recuperarían en su totalidad?

Se barajó, también, una tercer posibilidad: el ministro nunca aceptaría una propuesta de solución encarada por el presidente del Banco Central y el banquero Jorge Brito. “A ver si los bancos aparecen salvando una negociación frustrada”, comentaba anoche un experimentado negociador argentino.

¿Habrá sido la disputa interna entre el ministro y Juan Carlos Fábrega determinante para el derrumbe de la propuesta de los bancos?

Anoche, todo parecía muy oscuro, pero la necesidad de encontrar una salida podría modificar las cosas en los próximos días.

Los banqueros opinaban que si el Gobierno insiste en decir que nunca habrá una mejora para algunos bonistas, ni aún para cumplir un fallo de la justicia estadounidense a la que la Argentina acordó someterse en las cláusulas de emisión de los bonos, sería imposible reflotar la propuesta por la totalidad de los bonos en litigio (US$ 1.650 millones) .

Pero, volver a la idea de hacer un depósito judicial indisponible hasta un eventual pago en enero de 2015, podría tener chances.

De acuerdo a lo que el ministro dijo que había dicho en la reunión con los fondos buitre y Pollack, el Gobierno había tomado la decisión de afrontar un default en la convicción de que ya había depositado el dinero y, por tanto, si Griesa no permitió el pago, sería él el responsable de caer en mor.

El argumento, desde la visión del Gobierno, podría resultar políticamente atendible pero para la economía y la actividad económica de los habitantes, el resultado es demasiado costoso. Para una economía que tiene cuatro problemas macroeconómicos evidentes (reservas bajas en el Banco Central, déficit fiscal creciente, recesión e inflación del 35 al 40% anual) un default es una pésima noticia.

Habrá que dejar pasar unos días para ver si alguna o algunas propuestas reverdecen.

Entre tanto, prudencia, mucha prudencia y a cuidar lo que se pueda.
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