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Kirchnerismo espera a marzo para poner en marcha golpismo

El FPV apuesta al impacto del ajuste tarifario y la inflación para recuperar protagonismo



"Hay que pasar el verano", suspira con la mano en la frente un diputado en su despacho del tercer piso de la Cámara baja, nueva sede del poder cristinista. La pantalla de TV marca 32,3 grados de sensación térmica. Pero el comentario tiene un significado más político que climatológico. Cuando se cumple un mes del gobierno de Mauricio Macri, el kirchnerismo no articula una respuesta política a la altura del viraje del modelo económico y de la ofensiva de la Casa Rosada contra el espacio de Cristina Kirchner.

La demora en la reacción responde a varios motivos. Después de 12 años de ser oficialismo, el Frente para la Victoria sufre las penurias de ser oposición. Aunque el intento de Macri de designar jueces de la Corte por decreto había logrado cohesionar al FPV, de a poco resurgieron los conflictos internos. La disputa por el liderazgo en el peronismo toma cada vez más espacio en la agenda partidaria. A eso se suma que el cristinismo cree que hay que dejar que termine la luna de miel antes de activar la contraofensiva.

"Tenemos que ser prudentes. Esperar a que el ciudadano advierta lo que nosotros estamos advirtiendo para no ir a contramano del sentir popular", explicó Héctor Recalde, presidente del bloque de diputados del FPV. ¿Qué siginifica esto? En estos días la gente está más preocupada por las vacaciones que por la política, y el malhumor social sólo va a expresarse cuando comiencen a sentirse los efectos del plan económico del Gobierno. En el cristinismo le apuntan al ajuste tarifario, anunciado para febrero, y al aumento de la inflación por la devaluación. Sólo entonces, dicen, habrá respaldo popular para una oposición de cuchillo entre los dientes.

Hasta ahora la resistencia se limitó a denuncias judiciales, conferencias de prensa y movilizaciones callejeras protagonizadas por sectores inorgánicos del kirchnerismo, como el grupo Resistiendo con Aguante. "Hoy hay una reacción más ideológica. En marzo se va a romper esa barrera ideológica y cuando eso pase nosotros ya vamos a estar al frente de los reclamos", explica a LA NACION un dirigente del núcleo duro cristinista. El primer mes sirvió también para trazar las fronteras de ese sector: La Cámpora, Nuevo Encuentro, la mayoría del bloque de diputados, una minoría de la bancada de senadores, un puñado de gobernadores e intendentes.

En el cristinismo hay otra preocupación. Están convencidos de que Macri se puso como objetivo destruir al kirchnerismo y sacar a Cristina del tablero de la nueva etapa. "Van por los símbolos, por el legado", advierte un dirigente que, sin embargo, tiene una mirada positiva sobre la ofensiva macrista: "Hay que mantenerse puros. El contraste al que juega Macri va a favorecer a Cristina".

En La Cámpora creen que la resistencia a las medidas económicas de Macri no debe estar en cabeza de la agrupación, a la que el Gobierno atribuye buena parte de los males del país, sino de los gremios. "Se viene una pelea fuerte en las paritarias. Es hora de que los sindicatos defiendan todo lo conseguido en estos años", dijo a LA NACION un dirigente camporista.

La otra cara de la contraofensiva estará en el Congreso. El FPV tiene ahí una oportunidad, pero también un problema. El bloque de senadores acaba de dejar expuesta su interna. En Diputados, no logra reunir una mayoría. El verano servirá para trabajar en esa construcción. En el tercer piso de la Cámara baja aspiran a abrir una grieta en el massismo y trabajan en una agenda de coincidencias con el FAP, en la que figuran la defensa de la ley de medios y el rechazo al traspaso de escuchas a la Corte Suprema. Todos esos temas deberán esperar. Primero, hay que pasar el verano.
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