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La cadena de cafeterías que disfrazaba un negocio sexual

La cadena de cafeterías que disfrazaba un negocio sexual

Inicialmente pareció tratarse de un negocio peculiar en un nicho controversial: los restaurantes atendidos por chicas provocativas, en poca ropa y con ‘servicios’ adicionales. Pero para otros, entre ellos las autoridades del estado de Washington, todo era un ardid para encubrir prostitución y lavado de dinero.
Se trata del caso de la empresaria Carmela Panico, de 52 años, y de sus minicafeterías Java Juggs y Twin Peaks. De acuerdo al periódico local ‘The Herald’ en Washington, en los establecimientos de Panico –que por lo general eran pequeños locales del tipo ‘drive-thru’– se ofrecían ‘servicios’ que iban mucho más allá que otras cafeterías de paso atendidas por chicas en bikini o escasa ropa: las autoridades la han acusado de que en sus locales se ejercía la prostitución, obteniendo cuantiosas ganancias que luego eran lavadas con la adquisición de otras propiedades.




Ese diario relata que mujeres que trabajaron para Panico cobraban $6 por un café, los clientes pagaban con un billete de $20 y ellas se quedaban con el cambio mientras mostraban sus pechos o genitales a su clientela. Y cuando se trataba de actos sexuales como tal los clientes pagaban bastante más. Así, la compra de café era en realidad el pretexto y la tapadera para el comercio de actividades obscenas y prostitución, indicaron autoridades.
La fiscalía, según indica el periódico mencionado, afirmó que Panico depositó más de $2 millones en su cuenta bancaria en un periodo de tres años y algunas de las meseras llegaron a ganar entre $15,000 y $30,000 al mes por practicar exhibiciones de su cuerpo desnudo y actos sexuales. Una de las chicas que trabajó con Panico dijo haber ganado medio millón de dólares trabajando en sus minicafeterías. Otra, según la televisora KOMO, obtuvo $89,000 en un solo mes.
Tan solo en una intervención policial en la casa de Panico se decomisaron $227,000 en efectivo. En general, se trata de montos en una escala totalmente desmesurada para los ingresos de una sencilla cadena de cafeterías de paso. Panico, además, habría estado llevando una doble contabilidad en la que anotaba, por un lado, el dinero que iba a reportar al IRS y por el otro lo que realmente obtenía de sus negocios.
El portal Vocativ añade que Panico usualmente contrataba a chicas que antes habían trabajado como bailarinas o acompañantes y que ellas estaban obligadas a entregarle a Panico cierta cantidad por turno, quedándose ellas con el resto.
Panico deberá comparacer ante la corte para responder a estas acusaciones, y al parecer ya habría vendido algunos de sus locales, indicó ‘The Herald’. Un sargento de la oficina del alguacil local también enfrenta cargos de complicidad por supuestamente haber avisado a Panico de que la policía iba a investigar sus locales a cambio de recibir servicios sexuales.
Tomarse un cafecito, en este caso, no tendría nada de inocente.

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