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La Cámpora al Gobierno, Cristina al poder



La Cámpora al Gobierno, Cristina al poder

La sonora aparición en público de Máximo Kirchner, dos semanas atrás, poniendo en acto su condición de jefe de La Cámpora, y la abundante y muy notoria participación de dirigentes de esa agrupación en la comitiva que acompañó a la Presidenta en la gira de esta semana por Roma y Nueva York, podrían ser dos patas de un trípode de poder que se completaría con dirigentes camporistas ocupando puestos en el gabinete de ministros de la Presidenta.

Sería como un remedo del “Cámpora al gobierno, Perón al poder” que asfaltó el camino del retorno peronista en 1973, después de casi dieciocho años de proscripción. Sólo que ahora el peronismo de los Kirchner lleva más de once años en el poder y tiene dibujado en el horizonte su día de salida.

El rumor del avance camporista empezó a circular hace un mes y no paró de crecer. Si se concreta, sería la confirmación práctica de que Cristina se cierra sobre sí misma para atravesar el último tramo de su doble mandato.

Es habitual que los presidentes se refugien en su caparazón para cruzar el tiempo inclemente del final. Pero rara vez ocurre tanto antes: estamos a un año de la elección. Así, además de la búsqueda de un espacio seguro entre sus más leales por parte de la Presidenta, esto podría interpretarse también como un signo de ratificación y profundización, sin tachaduras ni correcciones, de todas las políticas que llevaron al Gobierno a la actual situación, repleta de complicaciones económicas y sociales.

Si Máximo, en su discurso de Argentinos Juniors, informó a todos los interesados que Cristina no tendría otra heredera que ella misma y que no reconoce otra tropa propia más que a los camporistas; el paso que viene podría ser el empoderamiento de La Cámpora para garantizar que no habrá infieles en la larga batalla de la retirada.

Si las cosas terminan siendo como se especula hoy, quedará una vez más en evidencia -y esto no es patrimonio exclusivo del kirchnerismo- que la lealtad paga más que la eficacia.

Imposible verlo de otro modo cuando se menciona para la Jefatura de Gabinete a Mariano Recalde, camporista genéticamente puro y responsable de la gestión de Aerolíneas Argentinas que admite pérdidas por más de 18.000 millones de pesos en seis años de gestión estatal, equivalentes a unos 2 millones de dólares diarios.

También corrió la versión de que Eduardo De Pedro, diputado nacional, estratega de La Cámpora y con llegada directa a la Presidenta, podría ir en reemplazo del desgastado Jorge Capitanich.

Y hasta Axel Kicillof, que no es de La Cámpora pero opera en sintonía con esa agrupación, suena para ocupar el cargo que está formalmente en la punta de la pirámide ministerial.

Un punto une a Kicillof con Recalde: los pobres resultados de la gestión. Véase, en caso de duda, cómo evolucionaron la actividad económica, la inflación, el poder de compra del salario, la situación del empleo, el consumo, el precio del dólar, el déficit fiscal o el flujo de inversiones, desde que Kicillof se hizo cargo del Ministerio de Economía hace casi un año.

Si se concreta esta movida, la salida de Capitanich -así sea para ir al rescate de su capital político en el Chaco- sería un mensaje lapidario para el peronismo y sus gobernadores que permanecen en el kirchnerismo. Nada de lo que viene los incluirá y su valor de mercado, para la Casa Rosada, estará en exclusiva relación con su condición de fusibles convenientes o acompañantes acríticos.

Además de la Jefatura de Gabinete, los impetuosos cuadros de La Cámpora estarían apuntando sobre al menos dos ministerios más.

En Agricultura, Ganadería y Pesca suponen tener suficientemente desgastado a Carlos Casamiquela, a quien algunas decisiones de Kicillof desde Economía dejaron más de una vez a contramano. El postulante que empujarían allí es Javier Rodríguez, actual secretario de Coordinación y Emergencia Agropecuaria lo que le da el manejo de una caja de 500 millones de pesos anuales.

El licenciado Rodríguez llegó a la gestión desde el ámbito académico, donde cosechó buena reputación. Es un experto en política agropecuaria. Quienes lo conocen aseguran que esa disciplina lo apasiona tanto como otra a la que también dedicó esfuerzo y estudio: la astronomía.

Otro objetivo del camporismo, por cierto ambicioso, sería ocupar Desarrollo Social. Es una jugada de altísima complejidad porque en ese ministerio campea Alicia Kirchner, hermana de Néstor, cuñada de Cristina y tía de Máximo.

Difícil coronar ese casillero sin provocar un problema familiar. Pero el trabajo de zapa lo vienen haciendo hace rato. Más precisamente desde abril del año pasado, cuando se produjo la trágica inundación de La Plata. Desde entonces empezaron a hablar de los “problemas burocráticos” de ese ministerio, de que “la ayuda no llega bien” y las acciones tienen poco resultado y menos visibilidad. Baten el parche con la necesidad urgente de mejorar ese rubro a las puertas del año electoral. La víctima más directa de esas críticas es Carlos Castagneto, secretario de Coordinación del ministerio y desde hace años mano derecha de Alicia.

El hombre de La Cámpora allí es Rodrigo Rodríguez, secretario de Organización y Comunicación Comunitaria. Pero la empresa de llegar a manejar el ministerio se les hace muy cuesta arriba si Cristina no le encuentra a Alicia otra posición de relevancia. Quizás por ello hace algún tiempo alguien echó a rodar, como de casualidad, que la ministra y cuñada presidencial era candidata a la Jefatura de Gabinete.

Ante semejante zarandeo, fuentes de la Casa Rosada aseguran que “Coqui no quiere irse”, pese al formidable desgaste sufrido en menos de un año. Un amigo del jefe de Gabinete dice que “si hay que irse mal, vayámonos todos juntos”. Pero admiten que las operaciones para esmerilarlo son cada día más intensas.

Atribuyen a pura operación la difusión de otras candidaturas al cargo, como las del gobernador entrerriano Sergio Urribarri, el jefe de la Cámara de Diputados Julián Domínguez o el senador Aníbal Fernández. Los tres están en la lista de presidenciables con permiso de Cristina, a los que se distinguió con vicepresidencias honorarias en el congelado Partido Justicialista. Esa nómina de honor la completan los gobernadores Daniel Scioli y Juan Manuel Urtubey y los ministros Florencio Randazzo y Agustín Rossi.

De ellos, Scioli sigue siendo el más competitivo de acuerdo a las encuestas. El mandatario bonaerense ni piensa en alejarse de Cristina porque cree que su equilibrio ambiguo le permite contener el considerable voto oficialista.


Así, sigue con el clásico frío-caliente. Por un lado sale a decir que Cristina “va a seguir siendo protagonista” después que concluya su mandato y al día siguiente un funcionario de su cercanía, Santiago Montoya, titular del Grupo Bapro y aspirante a la gobernación, declara que el nivel de inflación es “inaceptable” y que si se prolonga el conflicto con los fondos buitre “no podremos recuperar la tasa de crecimiento” de años anteriores. Scioli llama a esto “continuidad con cambio”. Por ahí le creen.

Volviendo a las intrigas de palacio, las fuentes gubernamentales consultadas por Clarín ven a Kicillof o a Alicia Kirchner como posibles reemplazante de Capitanich, aunque muestran escepticismo respecto del ministro de Economía: “Axel no va a venir a la Jefatura de Gabinete para tener cero poder, como pasa ahora”. Claro que Kicillof no es Capitanich. Ya acumula mucho poder y si da otro paso habrá liquidado su sorda guerrilla contra Carlos Zannini, el otro gran influyente sobre el oído presidencial sin contar, claro, a Máximo.

En cualquier caso, si algo de todo esto escala de la operación al hecho, Cristina se habrá rodeado del todo con quienes comparten sin fisuras su pensamiento hermético. Y falta mucho todavía.
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