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La Cámpora copó para hostigar a la oposición



Los militantes de La Cámpora y otras agrupaciones kirchneristas coparon ayer el recinto de la Cámara de Diputados y elevaron al máximo la tensión durante el debate del proyecto para cambiar la sede del pago de la deuda.

Los camporistas se bancaron una sesión de casi 18 horas (16 de las cuales fueron dedicadas al debate sobre el proyecto del Gobierno), durante las cuales se dedicaron a hostigar a la oposición y aplaudir a los kirchneristas. Otras agrupaciones, como la Tupac Amaru, de Milagro Sala, se concentraron en la puerta del Congreso.

Ya desde temprano lo que pasó en las tribunas generó tensión en el recinto. Es que el gremio SMATA (a través del diputado kirchnerista Oscar Romero) llevó a un grupo de integrantes del gremio para hostigar al diputado Nicolás del Caño por su defensa a los trabajadores despedidos de la autopartista Lear.

Del Caño, del PTS, pidió una cuestión de privilegio por haber sido agredido por Gendarmería en una de las protestas por Lear y el grupo de SMATA casi no lo dejó hablar. La oposición se solidarizó con el mendocino y le pidió explicaciones a Julián Domínguez, que respondió que estaban en una lista de invitados.

La sesión siguió y de a poco La Cámpora fue sumando más gente en las tribunas y su presencia no pasó desapercibida cuando hablaron los opositores. Los ultra K se la agarraron entre otros con Facundo Moyano, a quien silbaron y putearon pese a que dio quórum.

Otra que sufrió el hostigamiento camporista fue Patricia Bullrich, que se cruzó feo con la diputada Gladys Soto y no se bancó los chiflidos de la tribuna. “A mí no me molesta una barra. Me la banco, una barra, dos barras, tres barras, me la banco… a los de la Cámpora, a los de la Evita, me las banco a todas”, desafió la macrista.

Los militantes no pararon de hace su trabajo y siguieron con los insultos, silbidos y abucheos, ante los insistentes pedidos de silencio de Julián Domínguez, quien llegó a amenazar con desalojar los palcos si se repetían las interrupciones.

También la santiagueña Norma Abdalá de Matarazzo tuvo que pedirles orden cuando presidió la sesión. “Los respeto como pueblo, como personas, como empleados, como militantes, pero colaboren con esta presidenta que quiere mantener el orden en el recinto, yo los comprendo”, rogó

Otros de los más hostigados fueron Elisa Carrió, los massistas Darío Giustozzi y Graciela Camaño, y Néstor Pitrola, quien le recomendó a Abdalá que los retire del recinto si no garantizaban el debate. Todos ellos debieron interrumpir sus discursos y cuando habló Lilita Domínguez tuvo que amenazarlos. “En caso de persistir las dificultades tenemos que desalojar la sala”, anunció.

Pero la sala nunca fue desalojada y La Cámpora siguió haciendo lo suyo. Aburridos quizás por el tedioso debate, cuando llegó el momento de los cierres de cada bancada, los militantes dieron la espalda a los discursos opositores.

“Nos dan la espalda y estamos en el Congreso. Hago una reflexión a treinta años de democracia y no es culpa de los jóvenes militantes, sino la involución de la cultura de la política”, se lamentó el radical Mario Negri. Cuando le tocó el turno a Juliana Di Tullio, los camporistas volvieron a mirar al frente.

Uno de los que zafó del hostigamiento fue el radical Eduardo Santín, leal al cada vez más kirchnerista Leopoldo Moreau. Santín fue el único integrante del bloque radical que votó a favor del proyecto y también el único aplaudido por La Cámpra. “No hago esto para que el bloque oficialista me aplauda”, tuvo que aclarar ante la ovación.
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