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La cara oculta del chocolate (dejemos de consumirlo)

La cara oculta del chocolate: trabajo infantil y deforestación


Por un lado, seis grandes empresas (Mars, Nestlé, Ferrero...) que poseen el 50% del mercado mundial [ 1 ], entre 80.000 y 100.000 millones de dólares al año. Por otro, cinco millones de pequeños productores que se desloman durante todo el año por menos de dos dólares al día. Bienvenidos al maravilloso mundo del cacao, analizado por el Bureau d’analyse sociétale pour une information citoyenne ( Basic, Oficina de Análisis Social para una Información Ciudadana). Este estudio de Basic, realizado para la Plataforma de Comercio Justo (Plate-forme du commerce équitable), compara los costes sociales y ambientales de los sectores [del comercio] convencional, sostenible y justo del cacao procedente de Costa de Marfil y Perú, y destinado al mercado francés [ 2 ].

Dos millones de niños trabajan en las plantaciones de cacao

En el sector convencional los trabajadores reciben sueldos muy bajos y se ven obligados a plegarse a estrategias a corto plazo. En Costa de Marfil, el primer productor mundial de cacao, los productores extienden sus plantaciones hacia la selva para poder mantener sus rendimientos e ingresos. «Se calcula que desde la década de 1960 han desaparecido aproximadamente 13 millones de hectáreas de la selva original de Costa de Marfil, en parte a causa del cacao, esto es, un 80 % de la selva», destaca el estudio. Otra «solución» para los productores, que están hasta el cuello: recurrir cada vez más a productos químicos y ... al trabajo infantil. «En el sector del cacao trabajan más de dos millones de niños. Muchos de ellos en unas condiciones de trabajo peligrosas porque aplican productos químicos o manipulan machetes», afirma Basic.


Cuadro: Comparación de los costes sociales de los sectores del cacao convencional [primera columna], sostenible y justo (% del valor de exportación)



(Leyenda: blanco, contaminación del agua; amarillo, deforestación; naranja, trabajo infantil; rojo, servicios esenciales; granate, remuneración baja)



«La deforestación, el trabajo infantil y la inseguridad alimentaria son los tres impactos principales que engendra el sector del cacao en los pequeños productores y sus familias», indica Basic. Estos daños provocados en los países de producción son la contrapartida social y medioambiental del valor económico creado por el cultivo y la venta de cacao. El estudio de Basic cifró estos daños, o «costes sociales», que soporta la colectividad. Se calculan en 2.850 millones de euros en el caso de Costa de Marfil y en 62 millones de euros en el de Perú. Hay que compararlos con los 3.700 millones de euros y 166 millones de euros de ingresos generados respectivamente en ambos países por la exportación de cacao. En otras palabras, por un euro de valor creado, el sector del cacao-chocolate genera 77 céntimos de costes sociales en Costa de Marfil y 37 céntimos de costes en Perú. Se pueden definir los costes sociales como «el conjunto de pérdidas y gastos, directos e indirectos, presentes y futuros, que son soportados por terceros o por la colectividad en su conjunto debido a los impactos sociales, sanitarios y medioambientales de los modos de producción y de consumo» [ 3 ].

La organización colectiva es garantía de mejores ingresos

¿Garantizan los certificados sostenibles («Rainforest Alliance» o «UTZ Certified»), es decir, el 10 % del cacao de Costa de Marfil que se exporta, unos costes sociales menores? En realidad no. En las plantaciones de las que salen las semillas de cacao con label las condiciones de vida y de trabajo son prácticamente las mismas que en las de los productores de cacao convencional. «La diferencia en términos de costes sociales entre los sectores sostenibles y convencionales del cacao-chocolate es moderada. Según nuestros cálculos hay una reducción media del 12 % en Costa de Marfil y del 34 % en Perú, debido principalmente a la mejora de los ingresos de los productores », afirma, Basic . El ingreso anual de los productores de cacao con certificado de «sostenible» solo es ligeramente superior al de sus colegas convencionales: apenas un 6 % más, lo que no les permite superar el umbral de pobreza.

Los ingresos de los productores de cacao «justo» son igual de miserables, a menos que se reúnan en organizaciones colectivas fuertes como en Perú. En este país de América del Sur, noveno productor mundial de cacao, el comercio justo se ha beneficiado de un movimiento cooperativo estructurado. «Las cooperativas peruanas se desarrollaron primero en el mercado del café antes de reinvertir sus conocimientos en el cacao, con el apoyo de la cooperación internacional en el marco de la lucha contra la coca tras el fin de la guerra civil», detalla Basic. Actualmente el 8 % del cacao peruano se exporta en condiciones de comercio justo. Los productores de este sector han visto aumentar sus ingresos más de un 50 %, lo que les ha permitido superar el umbral de pobreza y entrar en un bucle virtuoso.

Estas buenas bases financieras de los productores les permiten invertir en el mantenimiento y renovación de sus plantaciones, lo que aumenta sus rendimientos e ingresos. Paralelamente, aumentan la superficie de sus cultivos alimenticios con lo que mejoran su acceso a la alimentación y a la salud en general de sus familias. «Los productores peruanos de cacao raramente recurren a productos químicos porque sus plantaciones en agroforestal están mejor preservadas de manera natural de las enfermedades en comparación con las plantaciones de Costa de Marfil» , destaca Basic. Estos impactos del comercio justo en Perú se reflejan en la reducción de los costes sociales: ¡un 80 % menos de costes sociales respecto al sector convencional! Evidentemente, estas ventajas general unos costes suplementarios significativos al comprar las semillas, del orden de entre +40 % y +90 %. ¿Está dispuesta la industria del chocolate a pagar la diferencia?
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