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La carne argentina pierde terreno en los mercados internacio



El año pasado la Argentina dejó de formar parte de los diez principales exportadores de carne del mundo. Las consecuencias de esa pérdida de posición suelen ser alertadas a menudo por los ruralistas locales, pero el impacto también tiene su correlato externo: la ausencia del tradicional bife argentino se siente en los restaurantes del mundo.
En numerosas parrillas en Europa, en donde hasta hace algunos años la carne argentina era ofrecida como un plato de alto nivel, hoy se ven obligadas a reemplazarla por cortes provenientes de otros países
"A veces simplemente no recibimos el bife argentino", dijo a una agencia de noticias el dueño de Santa María, una de las "steakhouse" de Londres. Y precisó que en el último tiempo ha resuelto privilegiar la carne de Uruguay y Chile para suplir esa falta.
Boris Radczun, dueño del Royal Grill en Berlin, coincidió en señalar que la carne argentina constituye ahora el 35% de su menú cuando antes trepaba al 90 por ciento.
El porcentaje de la carne vendida al exterior sigue bajando a medida que el Gobierno instrumenta mayores controles para favorecer el consumo interno. El objetivo de esa medida es contener el precio, cuyos aumentos superan el 66%, muy por encima del índice de inflación.
La Argentina exporta en la actualidad menos del 7% del ganado cuando hasta 2005 la cifra rozaba el 25 por ciento.



"No hemos visto una situación así antes, estamos perdiendo nuestra identidad en el mercado externo", advirtió Miguel Schiariti, titular de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA).
Esa entidad estimó que 137 pequeños frigoríficos cerraron desde 2008 por esas restricciones. Gonzalo Álvarez Maldonado, presidente del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), explicó el motivo: "No pueden obtener ganancias".
Hugo Echeverrieta, dueño de la parrilla La Brigada, comentó en su local de San Telmo que las trabas a la ganadería han llevado a muchos ruralistas a inclinarse por producciones más rentables. "¿Por qué un productor va a esperar tres años criando un animal que no sabe si el Gobierno le permitirá exportar si puede hacer más dinero en seis meses produciendo soja, que es más fácil de vender?", se preguntó.
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