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La carta que oculta Bergoglio

La carta que oculta Bergoglio

“No mentirás”, versa uno de los principales mandamientos de la Iglesia Católica. Sin embargo, la máxima autoridad de esa institución milenaria es un hombre que carga en su prontuario con una de las mentiras más perversas. Mentira que tuvo y tiene un objetivo preciso, como lo afirma Estela de la Cuadra: proteger a los ejecutores de la dictadura militar genocida que gobernó el país entre 1976 y 1983. La carta que oculta Bergoglio

Autor: Daniel Satur - La izquierda Diario



La carta manuscrita de Jorge Bergoglio, fechada el 28 de octubre de 1977, echa por tierra cualquier intento de “despegarse” por parte del actual papa Francisco de los hechos que derivaron en la apropiación ilegal y el robo de la identidad de Ana Libertad, nieta recientemente restituida, sobrina de Estela e hija de Elena de la Cuadra y Héctor Baratti, quienes hoy continúan desaparecidos.

El relato de Estela de la Cuadra, publicado ayer por La Izquierda Diario, es preciso y no deja lugar a dudas. Mucho menos cuando se lee la esquela que Bergoglio, entonces principal autoridad de los jesuitas en Argentina, le entregó en mano al padre de Estela y Elena tras entrevistarse con él y escuchar su trágico relato sobre la desaparición de una de sus hijas, embarazada de cinco meses.

La carta tenía un destino especial. Con ella Bergoglio derivaba “el caso” a Mario Picchi, entonces segundo de monseñor Plaza en el Obispado de La Plata, un sector de la curia íntimamente relacionado con la brava Policía Bonaerense al mando de Ramón Camps y Miguel Etchecolatz.

“Él le explicará a usted de qué se trata”, le escribe Bergoglio a Picchi refiriéndose al padre de Elena. Y continúa con un “le agradeceré todo lo que pueda hacer”. Los hechos posteriores son conocidos. Picchi, según lo planeado, no dio más información sobre la familia Baratti-De la Cuadra que la confirmación de que la niña había nacido y estaba en manos de “buena gente”.

Años después, en una audiencia especial en la que dio testimonio por las desapariciones de los curas jesuitas Jalics y Yorio, en el marco de la causa por los crímenes de la ESMA, Bergoglio no solo desconocería la existencia de esa carta. Iría más lejos.

- “¿Usted cuándo tomó conocimiento de que había niños que estaban siendo apropiados en la dictadura?”, le preguntó la abogada Myriam Bregman, del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos, frente al tribunal que se había montado en la Catedral Metropolitana el 8 de noviembre de 2011.

- “Ay, esto... recientemente, eh, recientemente, hará diez años”, respondió un descolocado Bergoglio.

- ¿Por el año mil nueve noventa y algo?, insistió la abogada.

- Quizás por el año del juicio a las juntas, se corrigió el actual papa.

“No mentirás”, habrá repetido mil y una veces Bergoglio. A veces en voz alta como si hablara para sí mismo. Otras adoctrinando a feligreses confiados. Pero, aunque pasen años o décadas, la mentira tiene patas cortas. Y no alcanza con taparlas detrás de una sotana.
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