Check the new version here

Popular channels

La clase media relega hábitos de consumo

El auge del consumo a partir de la recomposición económica dada a partir de 2003 y el financiamiento de tarjetas de crédito, hizo ilusionar a los sectores medios del país que, no obstante, desde hace unos años con especial énfasis en el último, ven cómo se reducen sus ingresos y con ello su acceso a proyectos de viajes, esparcimiento, ahorro e inversión. Los efectos del fenómeno.




desaceleración de la economía que comenzó a registrarse el año pasado, la devaluación, la recesión que se consolidó en 2014 y la inflación que destroza los ingresos, generaron un combo que impactó en los hábitos de consumo de la clase media. Si bien en los últimos años, a través de distintas políticas oficiales que buscaron incentivar el consumo, la clase media fue beneficiada y aprovechó el furor por las compras con tarjeta, así como viajes al exterior, ahora comienza a replegarse y cuesta incentivarla para que se anime a gastar.

Además, se incrementó la desconfianza e incertidumbre que se generaron con esos bruscos movimientos del mercado: el cepo cambiario, la caída de los subsidios, el aumento de los impuestos, la falta de previsibilidad, las paritarias tardías forzaron el “achique” del consumo y ahora se suman las consecuencias del default.

Si nos remitimos a los últimos 18 meses, la clase media fue perdiendo terreno y, a la par, también poder de compra y de crecimiento. Las principales variables económicas fueron cayendo y el golpe “shock” de la devaluación de enero (la mayor de los últimos 12 años) profundizó aún más la recesión y la inflación.

Así, según un estudio de la consultora Kantar Worldpanel Argentina, el consumo cayó en el primer trimestre un 4% en el interior del país. Esta baja es mayor que la del Área Metropolitana de Buenos Aires, la cual fue del 1,5%.

En cuanto a la canasta básica, los datos de este estudio indican que también cayó un 7% en volumen si la comparamos con el año pasado, es decir, que la gente compra menos cantidad de productos que en 2013.

Guillermo Oliveto, titular de la Consultora W, afirmó en una entrevista con Los Andes en junio, que este año habrá una pérdida del poder adquisitivo real de entre 3% y 5%

En Mendoza, reflejo de lo que está ocurriendo en el país, un estudio sobre tendencias de consumo de la consultora Evaluecon, advierte que la clase media dejó de comprar primeras marcas para pasarse a las segundas, como también realiza compras en menor cantidad y más selectivas.

Este informe señala que es el estrato social más “sufrido” y con más cambio de patrones en sus compras en los últimos meses. Otro cambio notorio es que compran menos en las grandes cadenas y eligen los almacenes, verdulerías y carnicerías de barrio.

Según destaca el director de la investigación, el economista José Vargas, tanto el esparcimiento, como el ahorro y la inversión cayeron para la clase media y pasaron a representar del 15% al 5% en el período de un año, desde 2013 a 2014.

Esto significa, analiza Vargas, que la “situación en este segmento es más complicada” y que la capacidad de ahorro, por ejemplo, “se desplomó” en el último tiempo. Las familias de este segmento dirigen sus gastos en un 55% a los alimentos y bebidas, mientras que hace un año la proporción era del 40%.

Además, en grandes líneas, el informe dice que creció la compra fragmentada, posponen decisiones de inversión como cambio del auto, de electrodomésticos y de realizar viajes, limitan el uso de tarjetas de crédito y hacen un mayor uso del transporte público.

Del análisis “Consumer Insights” que realizó la consultora Kantar Worldpanel, los productos que representan las mayores caídas son los de la canasta de cuidado personal con 9%; continúan, los lácteos con 6,1%; cuidado del hogar, 3,4% y alimentos, 1,4%. Mientras, las bebidas son las únicas que tienen una variación positiva (1,4%).

La voz de los supermercados

Consultadas fuentes del sector de las cadenas de supermercados, señalaron que, según indican algunos estudios de mercado, “hay un crecimiento en la venta de segundas marcas y marcas propias” y que esto se debe a la merma en las compras por unidad y del ticket de los consumidores.

Un alto cargo de una cadena con sede en Buenos Aires declaró que en el interior del país observan el crecimiento de los mayoristas (las ventas aumentaron en un 30%). Además, dijo que desde abril hasta la fecha, el ticket promedio ha ido en baja y que los consumidores buscan un “buen precio” antes que la calidad o las primeras marcas, a diferencia de lo que venía ocurriendo en los últimos años.

Así, destaca un concepto de mercado que se usa en tiempos de recesión y es el de “compra inteligente”. Actualmente -dice este ejecutivo y confirma- “los consumidores resignan calidad y merman las compras en las grandes superficies y la frecuencia de dichas compras”.
Por su parte, desde una importante marca multinacional, otro ejecutivo dijo que las ventas no están creciendo en alimentos y bebidas y que esto es lo que se refleja en las grandes superficies. “Estamos muy por debajo del incremento” de mercado que tuvimos en años anteriores. Señalan que pasaron de tasas del 15% de crecimiento al 2% o cero de crecimiento anual.

Estrategias ante la crisis

La gran estrategia de la clase media es el “recorte”, consumir lo necesario, ofertas, descuentos y no comprar productos superfluos o premium y regatear todo lo que se pueda en segundas marcas.

El director ejecutivo de Mass Negocios, Miguel Furque, destacó que en estos contextos de caída del consumo y desconcierto empresarial, la clase media y muchas veces también la media-alta toma la decisión de modificar el consumo y prioriza las “marcas” de productos que consumían antes de la época recesiva pero sacrificando el volumen consumido.

La posterior reacción de la clase media en épocas recesivas es mantener algunos productos superfluos “pero financiados con los instrumentos de crédito que tiene a su alcance como es el caso de las tarjetas de crédito”.

Furque señala que asume, inclusive, “un pequeño riesgo de gastar más de lo que les ingresa a la economía personal o doméstica”. Estas decisiones de financiamiento con instrumentos de crédito -agrega- suelen “ser perjudiciales” para los consumidores de estos estratos sociales, puesto que suelen ser las opciones de financiación más caras del mercado.

Según explica desde el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (Isepci), la concejal Karina Ferraris, hay algunas “señales” que marcan las estrategias o “formas de organizarse” visibles de la clase media. Citó varias, entre ellas, la organización de ferias de ropa usada (feria americana), la apertura de comercios familiares pequeños (tipo quioscos, verdulerías barriales o lugares de servicios para el hogar) y la compra de artículos de limpieza a granel.

Todos ellos ayudan a repuntar, según esta dirigente, la falta o recorte de horas de trabajo y la necesidad de “completar el ingreso familiar”.
Según explica la ahora directora de Defensa del Consumidor de la Municipalidad de Luján, Marta Rizzo, la clase media “está achicando y recortando todo el tiempo”, porque analiza que es el segmento social que más ha ido perdiendo la capacidad de consumo con la inflación.
Además, en cuanto a sus formas de supervivencia, Rizzo destaca que la clase media ha tenido que acostumbrarse a pasar por situaciones complejas como es perder el trabajo, la menor capacidad de compra o de ahorro, y tener que “recortar” muchos gastos.

“En la actualidad adquieren lo justo y necesario”, explica Rizzo y asegura que realizan sus compras a último momento y no pueden aprovechar las liquidaciones como en otras temporadas. Rizzo afirma que para los consumidores la prioridad son los alimentos y pagar los impuestos.

Para el delegado de la Asociación de Consumidores Libres, Eduardo Femenías, “el abuso de las empresas y de los bancos es tan grande que los consumidores están dejando de comprar”. Dijo que nunca como ahora hay tantos abusos de precios de muchos sectores que “son imposibles de controlar” y en el medio queda el consumidor desprovisto de todo.

Una historia con vaivenes

Salcedo destaca que entre 2003 y 2008 fue una “etapa positiva” para el consumo de bienes durables y masivos. En los primeros años de este siglo, los datos de pobreza indicaban que rondaba el 54% de la población. De este total, indica Salcedo, el 25% era la clase media “empobrecida”.

“No podían trabajar, ni consumir, ni proyectar nada. Aunque no pertenecían a la clase baja, la precariedad laboral y la falta de recursos hacía que estuvieran por debajo de la línea de la pobreza”, explica en detalle este investigador.

Hasta que en 2003 se alcanzó a reactivar el empleo, el consumo y contener la inflación que se arrastraba de 2001. Pero luego de esta primera etapa, volvió la inflación, luego la devaluación y ahora la recesión.

El surgimiento de la clase media en la Argentina ocurrió entre los años ‘30 y ‘55. Una gran parte de la sociedad adquiere la movilidad ascendente y el progreso social . Dicho proceso llegó hasta la década de los ‘70, momento en el cual la clase media argentina fue perdiendo posiciones a pasos agigantados, según señalan los investigadores.

En los ‘80, hubo ajustes estructurales que la llevaron a desintegrarla y casi desaparecer. En los ‘90, comenzó la privatización de las condiciones de vida, efecto que perdura hasta ahora, y que se trató de la salida del Estado de las grandes áreas de Salud, Educación y Vivienda. La clase media debió pagar y hacerse cargo de cada una de ellas.

Otro docente e investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (UNCuyo), Ricardo Rojo Baidal, sostiene que la clase media siente todo el tiempo “la vulnerabilidad e incertidumbre del sistema”. Dicha “angustia” proviene del trabajo precario e informal pero también de la “evaluación” permanente en los trabajos formales que generan una “culpa” continua o la amenaza del desempleo.



“Es un segmento con expectativas de crecimiento que no siempre se cumplen”, entiende Rojo y “en el momento que se acerca, que todo es alcanzable, las posibilidades más lejos están”, agrega este miembro de la red de economías regionales del Plan Fénix.

Pone como ejemplo el actual contexto: “La angustia ya no viene por la baja en el consumo, sino por la caída del ingreso, del trabajo, la caída en la producción y el impacto de la inflación en la canasta básica”.

Rojo dice que es una clase con “expectativas frustradas” y que siempre busca una salida colectiva ante las pérdidas económicas y del empleo.

Sectores e ingresos

Según estudios nacionales (Kantar Worldpanel Argentina), la clase media “típica” tiene ingresos superiores a los $ 10 mil y en la pirámide poblacional corresponde a un 30%. Esto significa que de 10 argentinos, 3 son de clase media típica.

Así, la clase media alta representa al 16% y con ingresos mensuales superiores a los $ 20 mil; la alta al 7% y con ingresos superiores a los $ 66 mil; clase media baja al 32% con ingresos superiores a los $ 5 mil y clase baja con ingresos que ascienden sobre los $ 2.200.

Otros estudios que analizan la segmentación social en Mendoza, como la consultora Evaluecon señalan que la clase media representa al 41% de la pirámide social y en promedio el ingreso ronda los $ 25 mil. Esta investigación advierte que dicho segmento se puede dividir en tres subclases: clase media alta, clase media y clase media baja.

Mientras que la clase baja tiene un ingreso inferior a $ 6 mil y representa el 29%, y la alta con ingresos superiores a los $ 50 mil y representa al 20% de la pirámide en Mendoza.

Por su parte, para el sociólogo e investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (UNCuyo), Diego Salcedo, más que clase media, hay que hablar de “sectores medios” en alusión a la complejidad que tiene en la actualidad este segmento, sobre todo, con los cambios del sistema capitalista y el resurgimiento del sector servicio en la estructura productiva.
0
0
0
0No comments yet