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La confusión que impulsó la caída del Muro





La confusión que impulsó la caída del Muro






Largas y apuradas horas habían pasado desde que comenzó a circular la noticia de la apertura del Muro. Miles y miles de alemanes del Este se amontonaban ansiosos en los pasos fronterizos a la espera de una noticia o del momento hasta entonces impensado de una apertura. La presión era incontrolable.

Los 28 años de doloroso encierro empezaban a esfumarse. Esa línea divisoria de acero empezaba a fundirse. El desvanecimiento había comenzado más temprano, con el inolvidable traspié de un funcionario de la RDA que pasaría a la historia como el hombre que, sin quererlo, dio el empujón inicial que terminaría derribando el Muro.

Günter Schabowski era entonces vocero de la RDA. Ofrecía una conferencia a la prensa internacional y contestaba preguntas sobre la huida desesperada, cada vez más masiva, de los alemanes del Este hacia Occidente. La conferencia era transmitida por TV en el horario central. Ante la pregunta de un periodista, este funcionario de la RDA cometió un traspié que desencadenó lo que horas más tarde sería la caída del Muro.

Lo que dijo exactamente era que podría viajar al extranjero cualquier ciudadano de la Alemania comunista que tuviese su pasaporte en regla y al día. No supo qué contestar ante las asombradas preguntas sobre cuál sería entonces el futuro del Muro. Y ante el interrogante sobre el momento de puesta en marcha de las nuevas regulaciones, titubeó: "De inmediato, sin demora". Así, la conferencia finalizó en medio de tal confusión que miles de alemanes orientales, incrédulos todavía sobre lo que estaba sucediendo, comenzaran a agolparse en los puestos fronterizos para exigir que los dejaran cruzar esa "frontera de hierro".

Lo que en realidad tendría que haber dicho Schabowski y no hizo era que, como medida para calmar la creciente presión de la población, se había autorizado un nuevo sistema de visado mediante el cual los alemanes del Este podrían viajar al Oeste, pero con autorización previa. Esos detalles ya no importaban. El error del funcionario había desencadenado un éxodo masivo de alemanes que reclamaban a gritos su libertad.

Ya hacía meses que los alemanes orientales exigían reformas políticas. Ante el creciente descontento, en octubre de 1989 Erich Honecker fue reemplazado en su cargo de máximo dirigente de la Alemania comunista por Egon Krenz, pero incluso ese cambio no pudo evitar el derrumbe del modelo. Una multitudinaria marcha en la plaza Alexaderplatz sólo cinco días antes del histórico 9 de noviembre ya anticipaba lo que sería la caída del Muro.

Bien entrada la noche de ese 9 de noviembre, el aluvión de gente en el Muro era insostenible. La noticia de la inminente apertura había recorrido casi todos los hogares. Y poco antes de la medianoche los guardias fronterizos dejaron de poner resistencia y prohibición y levantaron el cerco. Los alemanes del Este empezaron a cruzar hacia el Oeste, y lo mismo pasó en sentido contrario. No podían creer lo que estaba pasando. Las manifestaciones de afecto desbordaban de alegría. Todo era emoción y lágrimas. Ossies y wessis (alemanes del Este y del Oeste) se abrazaban, no importaba si se conocían o no. Muchos habían nacido tras el Muro, en medio de historias oprimidas y desesperadas por la separación.




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