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La creacion y el Ocio

Crear y no hacer nada








En el mundo de la creación artística cuesta encontrar alusiones al ocio. Y el no-hacer, como negación del trabajo, tiene connotaciones diferentes a las de otras disciplinas.






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Es el ocio una decisión, una expresión de la voluntad, algo marcado por los rasgos de individualidad de quien lo practica, o bien, más que nada, como mera necesidad, o incluso como derecho adquirido, lo menos propio y singular del mundo, un no hacer nada como una variante semántica del descanso? Por otra parte, ¿no hacer nada es lo mismo que no hacer? ¿Se tratará de un hacer-no haciendo, el ocio como experiencia, entendido como un "dejarse actuar" por la perfecta inacción, como hace el agua según los taoístas?: "Cuando está en un hueco se arremansa, cuando llega a un plano se desliza, cuando hay pendiente corre; y siempre con perfecta naturalidad y satisfacción" (Textos de estética taoísta). Por el contrario, también podría ser un modelo de resistencia frente a la obligación adulta de estar ocupado, como lo quería "la legendaria barra de Tomasol", en Siberia Blues de Néstor Sánchez, la que "mantuvo a cualquier precio el fuego sagrado del ocio: todo esfuerzo embrutece, toda tentativa para incorporarse a la caravana del sudor se relaciona con el resto de la ciudad marmota, inminente, sacudida por el hollín y los despertadores". El ocio como programa, una suerte de anárquica holgazanería metafísica, única forma de estar verdaderamente despierto frente a la adormidera adocenada de la presunta vigilia laboral.

Si nos atenemos a las versiones más conocidas de los diarios íntimos o correspondencias de los artistas, cuesta encontrar en ellos alusiones a los momentos ociosos. Sin embargo, como podría suponerse, Van Gogh va más lejos. Para él, ya no se trata de ocio versus trabajo, sino del trabajo del arte: "Durante la cosecha mi trabajo no fue más cómodo que el de los labriegos que hacen la cosecha. Lejos de quejarme de ello, justamente es en la vida artística, aunque no sea la verdadera, donde me siento casi tan feliz como podría serlo en el ideal de la verdadera vida" (Cartas a Theo).

Alguna vez dijo Juan José Saer que él era escritor sólo cuando escribía. ¿Quería decir que, en su trabajo como profesor de literatura, no sería escritor porque al ejercerlo tampoco estaba escribiendo? ¿El "ser" escritor tiene que ver tan estrictamente con el "hacer" del escritor? ¿Es el ocio tan mandatario como para que quien lo practica, interrumpiendo su "hacer", deje de "ser lo que es?" De Matisse decía André Gide: "No es de esos que piensan que deben trabajar sólo cuando tienen una pluma o un pincel en la mano: él está siempre investigando, luchando" (Henri Matisse, de Jack Flamm). El artista siempre está trabajando, tenga o no en la mano las herramientas de su trabajo, viva o no de su trabajo. Aunque también hay que escuchar aquí a Duchamp: "Nunca he trabajado para vivir. Considero que trabajar para vivir es algo ligeramente estúpido desde el punto de vista económico. Espero que llegue un día en que se pueda vivir sin tener la obligación de trabajar" (Conversaciones con Marcel Duchamp, Pierre Cabanne). Y oírlo resonar en Marx, según Hanna Arendt: "Marx (...) insistió en que el objetivo de una revolución no podía ser la emancipación ya lograda de las clases trabajadoras, sino que el hombre se emancipara de la labor" (La condición humana, Hanna Arendt) ¿Es el no-trabajo para vivir de Duchamp, obrero-artista, la etapa superior del ocio? ¿Un hacer esencial que tiene del ocio la improductividad pero en términos absolutos de emancipación marxista, fuera del eje trabajo/ocio, incluso fuera de la rueda kármica de producción-consumo. Quizás mejor que un artista ocioso sería pensar un artista que produzca improductivamente. Cuando dice Per Kirkeby "entro a mis cuadros como quien entra a un jardín", ¿cómo no evocar a Monet inventando el fastuoso vergel de Giverny, dicen que por el puro placer de la jardinería y el gusto de integración casi animista con la naturaleza, y no para pintarlo? ¿Cómo no pensar borgeanamente que sí lo había construido solamente para pintarlo? Monet entra a sus jardines simulando asociarse al noble ocio de la vejez en tanto reposo contemplativo, para rebatirlo en puro hedonismo de plenitud pictórica, que no se rebaja ante el esfuerzo físico ni siquiera ante su vista ferozmente disminuida, instalando la paradoja de que en el arte lo único más reparador que el ocio es el trabajo mismo.
fuente: http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2007/01/27/u-01352189.htm
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