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La cultura de la negación

La cultura de la negación Por Luis Gregorich



A mediados de los 80 Luis Gregorich escribía esta nota que comenzaba así :

...Lo peor del lavado de cerebro, es que tarda mucho en secar...


La cultura de la negación Por Luis Gregorich


´´Lo que no se puede decir, no se debe decir´´, observaba Mariano José de Larra hace más de un siglo y medio, aludiendo irónicamente a la reglamentación de la censura de prensa en la España de su tiempo. En muchas sociedades primitivas, los tabúes son innombrables : lo que está prohibido no debe ser expresado mediante la palabra .
El Chile de Pinochet, más cerca de nosotros, ha suprimido del léxico oficial del vocablo ´´obrero´´ porque, de por sí, implica una referencia a la ´´Lucha de clases´´ , que quizás empiece a ser superada y borrada a partir de esta tachadura en el lenguaje.

En la reciente Argentina, esta sencilla y al parecer eficaz operación negadora se practica en todos los días. A fines de julio, en una reunión de la UNESCO realizada en México, nuestro delegado, el doctor Julio Cesar Gancedo-- que además de ser secretario de Cultura es el autentico modelo del funcionario cultural auspiciado por el gobierno militar; solemne , locuaz, reglamentarista, amigo de las comisiones de ´´notables´´, ´´serio´´. pero absolutamente inefectivo y virgen de toda realización concreta-, la utilizo con energía. Si los cables de las agencias internacionales no mienten, Gancedo dijo, en una conferencia de prensa, que en la Argentina ´´ imperaba absoluta libertad´´. En seguida, cuando se le preguntó acerca de la suerte de los escritores desaparecidos, declaró ignorar que los hubiera. Un periodista se intereso por la suerte de Haroldo Conti y Rodolfo Walsh, y Gancedo contestó que ´´ no los conocía´´.
Y bien, por qué no, El doctor Gancedo no tiene la obligación de conocer la literatura argentina actual. Tal vez estemos aquí ante un caso de ignorancia, no de negación. Es probable que el doctor Gancedo crea que los únicos escritores argentinos son los que escriben en La Nación , y que nunca haya leído Sudeste, Alrededor de la jaula, La balada del álamo carolina o En vida. Tampoco es probable que hayan caído en sus manos Operación Masacre o ¿ quién mató a Rosendo?, y sí que los considere panfletos documentales que no merecen entrar en el mismo Olimpo que habitan Mujica Lainez, Mallea y Battistessa.
Son muchas las cosas que el doctor Gancedo tiene el derecho a desconocer por ejemplo: , el exilio de otro escritores, como David Viñas, Manuel Puig, Hummberto Costantini, Antono Di Benedetto, Daniel Moyano, Hector Tizon, Pedro Orgambide, Blas Matamoro. Ni conocerá a otros miles de estudiantes, profesionales, periodistas,obreros ( ! aún podemos usar la palabra!) acerca de cuya suerte nada se sabe en el país, ni a los cientos de miles, o millones , que han emigrado en los últimos años.
Aceptemos que el doctor Gancedo no haya leído nada de Conti o Walsh, o que ignore que ambos fueron detenidos por grupos armados que dijeron pertenecer a las fuerzas de seguridad, y que desde entonces no se supo nada más de ellos. Pero lo que ya es más difícil de aceptar es que el secretario de Cultura niegue, tácitamente, los problemas del área que él debiera administrar y planificar. No, en la Argentina no hay censura, no hay desnacionalizacion,no hay control militar de los medios de difusión , no hay ´´listas negras´´ ( ni las hubo jamás), no hay un avasalllante predominio de la frivolidad y del escapismo.
Y hay todavía una manera ´´positiva´´ que el doctor Gancedo tiene de negar los problemas : hablando obsesivamente de ellos y diciendo que los va a resolver , pero no resolviendonos nunca,. ¿ O es que no hemos tenido novedades importantes sobre la Bibloteca Nacional, la ley del libro, el instituto de cine, o el ente de calificación.
Por supuesto, e doctor Gancedo no es el único negador de la Argentina. En la primera semana de agosto, un grupo de altos jefes de policiales dela provincia de Buenos Aires, según lo consignan los diarios, dieron una conferencia de prensa sobre el grave auge de la delincuencia que se estaba registrando en el llamado ´´conurbano´´. De acuerdo con la información Clarin , el titular de la Unión Regional La Plata, al ser interrogado sobre las causas del incremento que él mismo había señalado en la tasa de delitos, dijo que los factores eran muchos y que no se podían formular conclusiones , aunque -- sostuvo ´´ al menos en mi jurisdicción puedo afirmar que no tenemos desocupados cometiendo delitos´´. Inmediatamente, el subdirector de Seguridad

...Entrar en la posteridad es fácil, lo difícil es salir...

señaló que ´´esta ola de robos no tiene relación con el tema de la desocupación , ya que la totalidad de los detenidos por estos hechos registran antecedentes policiales y penales´´
! Que tranquilizadoras declaraciones! Nada que ver, entonces , entre la difícil situación social ( de la que la desocupación es la manifestación mas cruda) y el vertiginoso crecimiento del robo y la criminalidad en las zonas más afectadas por esa crisis.
¿Cuales son las encuestas sociológicas que la policía llevó a cabo para adoptar una afirmación tan tajante? Y después, ¿ Cual es el método que la policía aplica para saber así , en forma taxativa, que en La Plata no hay , en este momento, ´´ desocupados conteniendo delitos´´? Es probable que haya miles o decenas de miles de individuos que estén sin trabajo en la capital de la provincia, y no se entiende bien cómo la policía puede controlarlos a todos, día y noche.
¿ O estamos todos equivocados y en realidad el desocupado es un ciudadano modelo, paciente y educado, que espera que las dificultades de su familia se resuelvan por si mismas, y que concurre, en sus horas de ocio forzado, a la biblioteca nacional mas cercana?
Aunque ninguno de los detenidos por robo u otros delitos de las últimas semanas fuera un obrero desocupado, y se tratara , por el contrario, en todos los casos, de delincuentes profesionales, igualmente el tema no podría examinarse con tanta desaprensión y, de nuevo, con tanto afán negador, motivado obviamente por un deseo político de sustraer, de la responsabilidad indirecta del incremento de la delincuencia, a los que tienen la responsabilidad directa de la crisis económica. En cualquier parte del mundo existen vínculos estrechos, y no podría ser de otro modo, entre la desocupación, la miseria, la escasez y la frustración personal, por un lado, y el aumento de las tasas de delitos, por el otro. El ámbito de escepticismo y desesperanza que construyen grandes crisis no puede ser ajeno a la profileracion de robos y crímenes , sea quien sea el que los cometa.Por supuesto, el gran tema de la negación nacional´-casi está de más decirlo- es el de los desaparecidos , durante la guerra civil que sacudió al país en la segunda mitad de la década del 70. El presidente Bignone declaró hace poco, al igual que todos sus predecesores, que resultaba imposible dar una lista de desaparecidos, simplemente porque no existía tal lista y no se sabía si tales desaparecidos habían muerto, o se habían ido al exterior, o habían pasado a la clandestinidad.
Seguramente, contestar a estos que la mayoría , la inmensa mayoría de los desaparecidos fueron secuestrados por autodenominadas fuerzas de seguridad ) y que muy verosímilmente lo eran), no tiene valor alguno: en instinto de negación es demasiado fuerte y no admite matices. Los obsesivos negadores en este caso los gobernantes militares parecen no percibir que su radical actitud cierra el camino a una reconciliación de la comunidad, que sólo puede darse en el marco de la aceptación de la verdad ( Lo cual no significa detenerse en macabras y minuciosas reconstrucciones, que ellas si - pueden convertirse en obstáculos en el camino hacia la democracia) ¿ Acaso el horror de lo que paso es tal que no puede ser nombrado? No, nunca lo que hacen los hombres es tan grave que no pueda merecer la catarsis, la lucidez, el arrepentimiento de la palabra, y ni siquiera el espanto de la guerra debería transformar a los argentinos del siglo veinte en negadores psicóticos, a la manera tribal, de sus males.
! Y como referirse a los negadores y a la negación en los medios masivos, y sobre todo en la televisión!
Se ha analizado muchas veces el contenido de nuestros novelones televisivos : allí también anida la esperanza de que el divorcio, el adulterio la homosexualidad dejen de existir por el simple de recurso de no ser mencionados. A lo sumo podrá encontrárselos, sugeridos o directamente pronunciados, en algunas series extranjeras que , por supuesto, gozan de relativa impunidad porque transcurren lejos de nuestras fronteras y, según la inocente opinión de nuestros censores, no pueden ejercer influencia alguna en las costumbre locales.
No se hable siquiera de la negación sistemática practicada en los programas periodísticos de la totalidad de los canales , en los que sólo en las ultimas semanas empieza a asomar cierta tímida tendencia a la apertura , asumida sin mayor convicción ( como que sus ejecutores son los mismos que condujeron la orientación opuesta en el sexenio pasado) y aún sembrada de trampas y vicios autoritarios.
Al plantear la uniformidad de pensamiento, al limitarse a traducir los puntos de vista oficiales sobre todos los asuntos, al convertirse en meros intermediarios , aceitados y corteses, entre los funcionarios y los desguarnecidos televidentes, estos programas y sus lamentables adalides negaron , tácitamente , las alternativas , el disenso, la pluralidad de las opciones, la posibilidad de una verdad compartida. Todo lo que se consideraba enemigo debía ser acallado o convertido en sinónimo de perversión y escarnio. El resultado está a la vista: grandes sectores de la población que no han sido persuadidos por la ideología oficial, pero que , desgraciadamente, han caído en un inevitable escepticismo y en una perplejidad que no podrá menos que gravitar en la futura vida política.
Tristes son los tiempos en que como dice Brecht, ´´ la palabra sincera es imprudente´´ y en que ´´ una conversación sobre árboles es casi un crimen ´´, porque , ´´ encierra un silencio acerca de tantas fechorías´´.
El mundo de la negación es, qué duda cabe, un mundo más cómodo y menos riesgoso, pero no ha de abrir jamas las puertas dela fraternidad y de la alegría. En vez de seguir negando que Conti y Walsh existieron alguna vez y fueron importantes y que después fueron secuestrados y casi con certeza muertos, en vez de negar que otro tanto ocurrió a millares de personas, en vez de negar que los trastornos sociales se deben a la torpeza de los gobernantes, en vez de negar las verdades ajenas para imponer una miserable y chiquitita verdad propia, es hora de devolver a las palabras su resonancia y su fuerza.
Renunciar a la negación histérica de todo lo que es hostil, de todo lo que nos inquieta y asusta, es un gesto difícil y valiente , pero vale la pena intentarlo. Hay que decir celo al doctor Gancedo y a los funcionarios que empiezan a emprender la retirad sin abandonar la confortable, sedante actitud negadora.
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