La cultura ricotera se convierte en objeto de una exposición

En la Biblioteca Nacional.Reúne libros, objetos, dibujos, pinturas y hasta canciones manuscritas del líder de los redondos.


Genio y figura. Una gigantografía de Carlos "Indio" Solari recibe a los visitantes de la exposición. Silvana Boemo.

Libros raídos, gastados por la lectura y el paso del tiempo: El caso de Charles Dexter Ward, Los ejércitos de la noche, A sangre fría, La espuma de los días, Heliogábalo o el anarquista coronado, El corazón de las tinieblas. Volúmenes en una biblioteca, la de Carlos “el Indio” Solari. La muestra El tesoro de los inocentes, Indio en la biblioteca, que abrió ayer en el primer piso de la Biblioteca Nacional, propone repasar su obra y recorrer lados, quizás, poco visibles del artista: sus facetas de lector y pintor. Se trata de la tercera vez en los últimos años que la Biblioteca recibe en su templo a un rockero. El primero fue Luis Alberto Spinetta, cuyas letras siempre se vincularon a la poesía surrealista, y luego Luca Prodan, protagonista de El sonido y la furia, que estará hasta el próximo marzo en el Museo del libro y de la lengua—.

Una gigantografía del “Indio” Solari cruza la gran pared blanca a la izquierda de la sala Leopoldo Marechal. A sus pies, junto a una vieja Olivetti, propiedad del músico, se extienden los manuscritos de Juguetes perdidos, Me matan Limón!, Etiqueta negra, Héroe del Whisky, entre otros originales de sus canciones salpicados de correcciones. A la derecha de su imagen, se exhiben sus libros, los autores a los que desde en un principio acudió y a los que luego “olvidó”, según cuenta en uno de los textos que escribió para la exposición. Íconos de la contracultura como Artaud y el orientalista Gurdjieff conviven con Joseph Conrad, Lovecraft, Capote o Mailer y echan luz a la poética del cantante, considerado por algunos críptica.

“Con mis lecturas, a través del tiempo, me he comportado como un peregrino revoltoso. Curioseé todo lo que trajo hasta mí la cultura rock. Así como un músico me invitó a otro, mi guía fueron los escritores de esa nueva izquierda quienes me acercaron a otros autores que el sistema había desechado y hasta prohibido”, contó el Indio en una carta que se reproduce en una pared de la sala y que él mismo redactó durante el armado de la exposición. Es que Solari y su manager, Julio Suárez, participaron de manera directa en la selección de los objetos que, en este ámbito, quedan sacralizados.

“Aceptaron desde el primer momento y trabajamos en conjunto para decidir qué exhibir. Él escribió textos para la muestra, un texto sobre qué es la poesía, otro sobre por qué escribe canciones”, contó Bárbara Maier, curadora de la exposición. “La propuesta era destacar y exhibir su obra”, agregó. La iniciativa también busca acercar a las multitudes que siguen al Indio, sobre todo a los jóvenes, a la Biblioteca Nacional e invitarlos a leer, mostrándoles las lecturas que nutren a la cultura ricotera.

Hay pinturas y dibujos de su autoría (originales y reproducciones a mayor escala). Son retratos de personajes con máscaras, dibujados con gran precisión en lapicera negra, escenas acompañadas de consignas como “La vida es dura, ¿comparada con qué?”, cuadros sin título realizados con técnicas mixtas y otros que el Indio pintó al óleo. También se exponen textos que el ex líder de los redondos publicó en revistas de los 80 y los 90, objetos personales (como camisas, anteojos y gorros) y hasta una guitarra del luthier De Castro que el músico de 66 años usa para componer sus temas.

Según justifica el director de cultura, Ezequiel Grimson, la Biblioteca Nacional tiene una amplia relación histórica con la música, que se remonta a principios del siglo XX cuando Paul Groussac era el director, relación que se busca recuperar hoy. “Hay un concierto que podemos pensarlo como mítico que es en 1904, en el viejo edificio de la calle México, en la vieja Biblioteca Nacional, cuando Alberto Williams estrena en la Argentina la Sinfonía en Re de César Franck”, contó Grimson, remarcando que en esta relación hay una “larga curva” que va desde César Franck al Indio Solari y que incluye a artistas tan diversos como Mercedes Sosa, Juan Falú, Gerardo Gandini o Ricardo Mollo.

El director de cultura de la Biblioteca va más allá hablando acerca de la oposición entre civilización y barbarie –presente en el Facundo de Sarmiento–. Rescata una anécdota, narrada por Piglia en El último lector, de un coronel unitario derrotado leyendo el libro de Sarmiento en las tolderías. “Hay algo de esa negación de la dicotomía civilización y barbarie que también está presente en esta presencia del Indio acá en la Biblioteca. Me parece que hay una relación entre esa historia increíble de la lectura del Facundo en la toldería y los seguidores del indio acá”, reflexionó.

“Una de las cosas que se revelan en la muestra es que la obra del Indio florece de una gran biblioteca, surge de la biblioteca de los 60 con algunos clásicos más universales”, señaló Grimson y concluyó: “Es una muestra en una biblioteca con una obra que se nutre y surge de una biblioteca”.