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la década desperdiciada

El economista, ex ministro de Energía, cree que, aunque la economía seguirá con una ligera caída, será la suficiente como para agravar el problema del empleo, bajar los salarios reales y generar tensión social; asegura que los subsidios benefician a los ricos





Alieto Guadagni cree que el problema no es vivir con lo nuestro, sino evitar que los demás vivan con lo nuestro, habla de la Argentina de "Hood Robin" para referirse al actual sistema de subsidios y opina que la década kirchnerista no fue ni perdida ni ganada, sino desperdiciada.

Economista, profesor universitario, titular de las carteras de Recursos Hídricos, Energía, Relaciones Económicas Internacionales e Industria, Comercio y Minería, embajador en Brasil y actual director del Centro de Estudios de la Educación Argentina en la UB, entre otras tantas cosas, Guadagni empieza por aclarar que para entender los procesos económicos en la Argentina hace falta mirar la coyuntura internacional, porque nuestro país "depende mucho de la situación mundial".

"A fines de los 90, la soja valía US$ 150, la Argentina exportaba petróleo a US$ 15 el barril, estábamos endeudados y la tasa de interés internacional estaba arriba del 10%. Todo cambió en este siglo: en los últimos años, la soja pasó a valer US$ 500; el petróleo, casi US$ 100 el barril, y la tasa de interés colapsó a un nivel históricamente bajo, 2%. Sin embargo, en ese contexto tan favorable, la Argentina tiene un estancamiento de crecimiento en los últimos tres o cuatro años", explica. Agrega que, tras la recuperación de 2002 y hasta 2008-2009, hay "un ciclo virtuoso", y recuerda que el gobierno de Néstor Kirchner "se jactaba de los dos superávits gemelos: el fiscal y el comercial. Pero a fines de 2007, 2008 comenzó un nuevo ciclo caracterizado por la gestión de la actual Presidenta y ahí todos los datos empiezan a jugar al revés. Pasamos de superávit a déficit fiscal y perdemos el autoabastecimiento energético".
Define como un verdadero caso de "mala praxis" lo que ocurrió en el sector energético. "Es muy difícil de entender que exportábamos petróleo cuando valía US$ 15 y nos convertimos en importadores de energía cuando sube a US$ 100. El responsable de esta mala praxis es la actual autoridad, porque nunca hubo un ministro de Obras Públicas que dure 14 años [en referencia al ministro Julio De Vido]".

-¿Qué pasa hoy en la economía argentina?

-No estamos en presencia de una recesión violenta, como a fines de 2001, pero la economía está en retroceso. Vemos lo que pasa con el sector automotriz, las economías regionales, las actividades manufactureras. Al mismo tiempo comienzan a aparecer los problemas de empleo. El único que crea empleo es el Gobierno, con emisión monetaria. Y después está el problema con los salarios, que están condenados a caer, porque no hay experiencia histórica en el mundo que en un proceso de inflación alta los salarios le puedan ganar a la inflación. ¿Qué está atrás de todo esto? Hay dos visiones. La oficial es una visión voluntarista que supone que la Argentina tiene problemas porque hay una conjura internacional en la que los factores monopólicos se coligaron para hacer retroceder a la Argentina. Espero que algún día publiquen algún trabajo sobre eso porque en el único país del mundo donde habría una conspiración así es en la Argentina, porque en ningún otro país del mundo hay inflación, salvo en Venezuela?

-Allí también se apela a teorías conspirativas para explicar lo que pasa.

-Sí, pero ¿qué está atrás de la inflación? La emisión monetaria. Es claro que cuando se tiene un gasto público mayor que la recaudación, y no puede financiarse en el mercado de capitales porque no existe, lo único que queda es financiar ese déficit fiscal con emisión monetaria. Todos los días la maquinita de la Casa de la Moneda imprime más billetes y la gente no quiere tener billetes en la mano porque sabe que al día siguiente eso vale menos. Trata de gastarlos en algo que preserve su valor y lo que, históricamente, es el símbolo de preservar el valor en la Argentina es el dólar.

-El jefe de Gabinete dijo que Vanoli llegó al Banco Central para establecer la estabilidad monetaria y cambiaria.

-No creo que Capitanich crea lo que está diciendo, él conoce de economía y sabe que es un disparate. Lo que pasa es que el gasto público aumentó muchísimo: históricamente era de 30 puntos del PBI; hoy está en 45. Los suecos y los noruegos tienen ese gasto, pero, claro, con otro tipo de cobertura educativa y social. El problema es que la recaudación, que también subió a niveles récord, no pasa del 40% del PBI, entonces ahí hay un déficit de alrededor de US$ 25.000 millones, que es lo que alimenta la emisión monetaria y la inflación. Y acá viene el gran desafío para el futuro: hay que cerrar el déficit fiscal. Hay dos formas de hacerlo, o bajar el nivel de gasto o subir el nivel de ingresos. Pero con una economía con la presión tributaria más alta de la historia y la segunda de América latina después de Brasil, es muy difícil pensar en aumentarla.

-¿Qué margen político, económico y social tiene el Gobierno para pilotear el año y medio de gestión que resta?

-Desde el punto de vista estrictamente político, tiene margen porque las grandes catástrofes económicas de la Argentina -el Rodrigazo, Martínez de Hoz, la hiper de Alfonsín y el colapso de la convertibilidad- se hicieron con niveles de déficit público muy altos, entre 7 y 10% del PBI. Hoy la situación es negativa, pero no extremadamente crítica. No hay en el escenario un colapso hiperinflacionario de los que hemos conocido. El escenario más probable es que la economía seguirá con una ligera caída de entre 2 y 4%, lo suficiente como para agravar el problema del empleo y bajar los salarios reales, y generar tensión social. Todo esto agravado porque la coyuntura internacional comenzó a darse vuelta, la soja ya no está a US$ 500, EE.UU. tiene cosecha récord, Brasil también viene bien. Y hay otra amenaza que tienen todos los países en desarrollo, que la Reserva Federal cambie la política monetaria y la tasa suba. En ese caso, todos nuestros problemas se agravarán. Queda claro que esta década que pasó no fue ganada, tampoco perdida, fue desperdiciada porque la dejamos pasar sin encarar los grandes problemas estructurales de la Argentina, que son la pobreza, la desigualdad de oportunidades, la educación y la infraestructura.

-Una de las cosas que destacan de esta década es que el país logró desendeudarse, que no necesitamos del mundo y podemos vivir con lo nuestro.

-No me parece mal vivir con lo nuestro. Ningún país puede crecer de manera prolongada, con el aporte del capital externo. Puede jugar un papel histórico en una fase limitada de su desarrollo, pero no puede concebirse el crecimiento de un país que no se sustente en el ahorro interno. Lo que pasa es que en la práctica esa frase fue tan distorsionada que terminó siendo que los demás viven con lo nuestro, porque en ningún país del mundo hay tanta fuga de capitales como en la Argentina. Cuando un argentino se desprende de pesos y compra dólares, lo que está haciendo, aunque no lo sepa, es financiar al gobierno de EE.UU. y exportar capital. Este tipo de política, que aparece muy progresista, termina siendo profundamente reaccionaria y empobrecedora, porque convierte al país en una fuente de financiamiento del resto del mundo.

Una cosa es que se utilice el endeudamiento para expandir la infraestructura [transporte, energía] y otra cosa es que se use para gastos corrientes que no generan riqueza. Ahí se está dejando una hipoteca a las próximas generaciones. De cualquier manera, en materia de endeudamiento internacional, la Argentina está en buena posición, la deuda exigible en dólares es baja. El grueso está en pesos o en manos del propio Estado. Eso será una discusión para el próximo gobierno porque claramente habrá un conflicto entre los beneficiarios de las jubilaciones y el resto de la población.

-Un informe de la AGN señala que los gastos de energía fueron los que más crecieron en el primer semestre del año, 101,5%.

-Así es, son los subsidios que inventó la Argentina "Hood Robin", porque Robin Hood se ocupaba de sacarles a los ricos para darles a los pobres. Acá el 20% más rico recibe el 43% de los subsidios, 7 veces más que el 20% más pobre. Cuando se vende barata la electricidad y el gas, quienes reciben mayores beneficios son los ricos, que tienen más artefactos. Una cosa es subsidiar la carne y la verdura, y otra la energía. Los subsidios son prácticamente el 4-5% del PBI, el grueso del déficit.

-¿Cómo se desmonta eso?

-Es una bomba de tiempo que le quedará al próximo gobierno. La tarifa eléctrica de la Capital es siete veces más barata que la de Montevideo. Lo mismo ocurre con el gas: acá cuesta 20 veces menos que en Santiago de Chile. La política de subsidios tuvo dos beneficiarios: la ciudad de Buenos Aires y el conurbano, y las clases altas. En el interior se paga cinco o seis veces más. Es genial cómo se desalentó el desarrollo del interior con una política tarifaria absolutamente discriminatoria..
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