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La dolorosa falta de integridad de Cristina kirchner

Hay algo de Cristina que preocupa y es su falta de integridad. Esto se vió de manera muy patente en su actitud para con el Papa. Ya no me refiero a lo inadecuado de sus presentaciones e incluso de sus presentes que no solo chorrean grasa sino que ademas rozan la calidad de insulto, si se tiene en cuenta que el Sumo Pontífice, es un eslabón de una larga cadena de protectores del patrimonio artístico más importante de Occidente. Sin ir más lejos a metros del lugar de reunión, los mayores tesores escultóricos de la civilización son (y han sido por cientos de años) custodiados en el Cortile del Belvedere. Ni hablar de la tradición de coleccionista y apoyo a las artes que ha hecho del Papado uno de los valuartes de la humanidad.




Sin embargo, el Papa es argentino, con todo lo que esto implica. En primer lugar, comparte su preocupación por la estabilidad politica de su pais de orígen y supongo que, como hombre de la fe, vió esa debilidad espiritual en nuestra Jefe de Estado. Me refiero a ese tipo de debilidad que hace que la gente busque en cosas externas como el dinero o el poder aquello que no encuentra dentro de sí. Mucho se puede hablar de los sacerdotes pero lo cierto es que son, por definición, gente naturalmente en contacto con lo espiritual. En mis momentos mas oscuros fueron mis charlas con este tipo de gente las que me permitieron ganar perspectiva. Más allá de ser un jefe de Estado, Francisco es el Vicario de Cristo. Yo soy Católico y lo creo así. Punto y aparte. Es cuestión de Fe.

Es por esto que Francisco, quien vio a una mujer con problemas espirituales tras tantos años de carrera política, perdidas personas y desgaste emocional, decidió extender su mano. Si bien esto parece una locura, las condiciones -tras la muerte de su esposo, sus complicaciones de salud y los avatares de su gobierno- estaban dadas para una epifanía espiritual. El Papa llegó al punto de emitir bendiciones pontificias especificas para cada uno de los miembros de su familia. Eso no es poco.
Francisco vio, también, en la posición internacional de la Argentina la posibilidad de articular una critica solapada a la politica norteamericana en materia anti-terrorista y de usura internacional, guiada por las utilidades y la maximización de beneficio. El trabajo del Papa es precisamente el equilibrar los excesos de racionalidad con razonabilidad y buen sentido. Hasta allí sus objetivos coincidían con los de Cristina. Claro que no contaba con los dos cambios espirituales que la caja Cristinista parece tener: la adulación o el engaño. Ambas caras de la misma moneda. Como resultado de esto pasó de adoptar el rol de ‘nena buena’ que vimos en Santa Marta en ocasión del almuerzo con el Papa a tratar de convertirse en la referente universal de un nuevo orden mundial. El modo en el que pretendió instalarse en el centro de la escena internacional fue, ni más ni menos, primero, justificando la violenia jihadista sunnita como una simple ‘una exageración escenificada por los medios’; segundo, jactándose de no pagar las deudas (que de una manera u otra terminará pagando) y, tercero, mintiendo al mundo sobre la verdadera naturaleza de su entendimiento con el Papa.

En la Iglesia se lamentan de que “el buen gesto del Papa de recibirla con cordialidad ha pretendido ser aprovechado políticamente”. También de que Cristina hizo una interpretación recortada de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium. Francisco dice explícitamente que los dos grandes temas sociales son la inclusión de los pobres y el diálogo y la paz social. Estos últimos dos aspectos son omitidos por la Presidenta. Cristina se está convirtiendo en una fuente de vergüenza para todos los Argentinos. Al menos tenemos a Francisco. J A T
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